Hay una conversación que ocurre cada día en los despachos de dirección de muchos hospitales y clínicas en España, el problema del talento, el absentismo o la rotación. Pero falta la pregunta: ¿cuánto nos está costando la fuga de talento? El problema es que casi nadie hace el cálculo. Y cuando se hace, el número siempre sorprende.

Solo 20% de empleados está comprometido en el mundo. En Europa tenemos, además, el nivel más bajo de todas las regiones ¡solo el 13% de empleados están comprometidos! Y Gallup, en el State of the Global Workplace 2026, nos dice cuanto impacta: 10 billones $ (con b) en productividad perdida en 2025.

Significa que, en un hospital de mil personas, algo menos de 130 llegan cada mañana con la energía suficiente para hacer su mejor trabajo. El resto lo hace, pero no lo siente.

En sanidad, la situación es especialmente crítica. Los entornos con más presencia de trabajadores presenciales son históricamente los sectores con el engagement más bajo según Gallup. Y sin embargo son los entornos donde el compromiso tiene más consecuencias directas: para el paciente, para el equipo y para la cuenta de resultados. Y esto no es una cuestión de generaciones. Me llama la atención cómo es posible esta situación en un sector con el propósito más inspirador que se pueda tener: cuidar y sanar a las personas.

Imagina un hospital privado de tamaño medio con 600 profesionales. El 87% no está comprometido (asumiendo el promedio europeo). No hablo de personas que trabajan mal: hablo de personas que hacen lo que se les pide y nada más. Sin iniciativa, sin proactividad, sin ese extra que marca la diferencia en la experiencia del paciente.

Y si hablamos de rotación los números son más claros. El coste de sustituir a un profesional sanitario altamente especializado es de hasta el 200% de su salario anual.

Y esto sin contar lo que no se mide: las horas perdidas de supervisores absorbidos en onboarding, la merma en calidad asistencial durante los periodos de transición, el impacto en el resto del equipo cuando ven que sus compañeros se van y nadie hace nada.

Gallup ha calculado que si las organizaciones alcanzaran los niveles de engagement de las mejores compañías del mundo (en torno al 70%), el impacto en la economía global sería de 9,6 billones de dólares adicionales, un 9% del PIB mundial. Eso es lo que está sobre la mesa cuando hablamos de cultura organizacional.

Trasladado a la escala de un hospital o una red de centros sanitarios: las organizaciones con alto engagement tienen un 23% más de rentabilidad, un 81% menos de absentismo y un 43% menos de rotación. No son promesas de consultora, son los datos de la investigación más rigurosa y longeva sobre el tema.

¿Cuánto habría costado una política seria de cultura y compromiso en tu organización? Te sorprenderá saber que no es un tema de presupuesto ni de grandes inversiones, es un tema de tomar acción. El problema del talento no es un problema de RRHH es un problema estratégico y más hoy en día cuando el talento no compite en una misma ciudad o región sino en el mundo. Sobre todo, la competencia es feroz en los perfiles cualificados como los sanitarios.

El problema del talento no es un problema de RRHH es un problema estratégico

Invertir en las personas no es romanticismo. Es la decisión de gestión más rentable disponible en el sector sanitario hoy. Los datos lo avalan. El coste de no hacerlo, también. Tienes los números. Ahora la pregunta es qué vas a hacer con ellos.