La resistencia a los antimicrobianos se ha consolidado como uno de los principales desafíos sanitarios actuales, con impacto directo en la seguridad del paciente, la calidad asistencial, la eficiencia del sistema sanitario y la capacidad de respuesta frente a infecciones causadas por bacterias, virus, hongos y parásitos. Con el objetivo de analizar esta problemática desde una perspectiva multidisciplinar, New Medical Economics celebró el grupo de trabajo y debate “Resistencias a antimicrobianos: retos sanitarios en Asturias”, un encuentro que reunió a responsables institucionales, profesionales clínicos, expertos en microbiología, farmacia, salud pública, gestión sanitaria y seguridad del paciente.

La jornada, celebrada en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), contó con el apoyo de la Consejería de Salud del Principado de Asturias y el Servicio de Salud del Principado de Asturias (SESPA); así como con el patrocinio de Advanz Pharma, MSD, Mundipharma y Pfizer. Como explicó Paloma Tamayo, directora de operaciones de New Medical Economics, el objetivo del encuentro fue “conocer los principales retos que representas las resistencias antimicrobianas y las acciones prioritarias de los equipos multidisciplinares que trabajan para optimizar la prescripción de los antimicrobianos, monitorizar su consumo y frenar las resistencias”.

Durante la bienvenida institucional, Miguel Rodríguez Gómez, gerente del Área de Salud II Centro-Suroccidente, subrayó la necesidad de generar espacios de reflexión y trabajo conjunto ante un problema que supera los límites de cada nivel asistencial. “La resistencia a los antimicrobianos constituye uno de los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo”, afirmó, advirtiendo de que se trata de “una amenaza creciente que compromete la eficacia de tratamientos esenciales y pone en riesgo los avances logrados en medicina durante las últimas décadas”.

Un reto clínico, organizativo y ambiental

La directora general de Planificación, Gestión del Conocimiento y Transformación Digital Sanitaria de la Consejería de Salud del Principado de Asturias, Lidia Clara Rodríguez García, enmarcó el problema dentro de una estrategia sanitaria que va más allá de la práctica clínica individual. Según explicó, “la resistencia a los antibióticos es una realidad que sabemos que impacta directamente en la seguridad de los pacientes y en la calidad de la atención que prestamos”.

Además, subrayó que no se trata únicamente de un desafío clínico, sino también organizativo, ya que obliga a revisar “cómo trabajamos en el día a día y cómo tomamos decisiones con cada paciente”. En este sentido, recordó que el PRAN 2025–2027 refuerza el enfoque One Health, integrando de forma más clara la salud humana, animal y ambiental.

La directora general destacó como uno de los principales objetivos la reducción del consumo de antibióticos en un 27% para 2030, lo que implica un esfuerzo sostenido en el tiempo. “No es un objetivo sencillo, pero es necesario y alcanzable si avanzamos de forma coordinada”, señaló.

En relación con Asturias, explicó que ya se están dando pasos en esta dirección, con el impulso de los equipos PROA, el desarrollo de estructuras técnicas específicas y la incorporación progresiva de herramientas que apoyan la toma de decisiones clínicas. Asimismo, puso en valor la formación de los profesionales, especialmente en etapas clave como la residencia.

Rodríguez García insistió en que el reto pasa ahora por extender estas líneas de trabajo al conjunto del sistema: “a todos los centros, a todos los niveles asistenciales y a todos los profesionales implicados”, subrayando que se trata de una responsabilidad compartida que requiere avanzar de manera conjunta.

La resistencia antimicrobiana como problema de seguridad del paciente

La primera mesa, moderada por Ramón Rodríguez González, director de Atención Hospitalaria del Área de Salud II Centro-Suroccidente, abordó la problemática actual de la resistencia antimicrobiana. Rodríguez González presentó este bloque como un espacio para analizar “la problemática de la resistencia antimicrobiana en la actualidad”.

La intervención de Belén Suárez-Mier, responsable del PRAN en Asturias, permitió contextualizar la evolución del problema. Recordó que la resistencia antimicrobiana no es una realidad nueva, ya que poco después del inicio del uso de la penicilina ya comenzaron a identificarse resistencias. Sin embargo, advirtió de que el escenario actual es distinto: “Las bacterias se hacen más resistentes mucho antes de que nosotros seamos capaces de elaborar nuevos antibióticos. Este cambio lo transforma todo”.

Suárez-Mier destacó que la resistencia antimicrobiana se sitúa hoy entre las principales amenazas para la salud global, con un impacto directo en mortalidad, estancias hospitalarias, seguridad del paciente y resultados clínicos. También defendió el enfoque One Health como elemento imprescindible: “No podemos abordar el problema de salud humana de manera independiente, ni tampoco el de salud animal. Tenemos que hacerlo de manera conjunta porque si no estaríamos actuando de manera incompleta”.

Durante su intervención, insistió en la importancia de integrar vigilancia, prevención, control de infecciones, seguridad del paciente y optimización terapéutica. A su juicio, hablar de resistencias es también hablar de eventos adversos evitables. “Estamos hablando de infecciones que en muchas ocasiones son evitables. Estamos hablando del uso inadecuado o innecesario de antibióticos y eso genera mayoritariamente eventos adversos. Eso es hablar de seguridad del paciente”, afirmó.

Entre los ámbitos de mejora, señaló la necesidad de automatizar sistemas de información, avanzar en la prescripción electrónica con alertas, vincular tratamientos a diagnósticos, impulsar investigación corporativa y constituir una comisión autonómica de prevención y control de infección. Su mensaje final sintetizó la urgencia del problema: “Los antibióticos que tenemos hoy son los mismos que vamos a tener mañana. Depende de lo que hagamos, seguirán o no funcionando”.

PROA: programas de calidad, medición y mejora continua

La coordinadora científico-técnica del PROA a nivel autonómico, Eugenia Llaneza Velasco, centró su intervención en las normas de certificación, los estándares de acreditación y la estructura organizativa de los programas de optimización de uso de antimicrobianos en Asturias.

Llaneza explicó que Asturias cuenta con una amplia experiencia y con grupos de trabajo autonómicos y comunitarios en los que están representadas todas las áreas sanitarias, con independencia de si cuentan o no con autocertificación. “Lo que se trata es de llegar a todos los ámbitos de la comunidad autónoma”, afirmó.

Uno de los mensajes centrales de su exposición fue que el PROA debe entenderse como un programa de calidad. “Me atrevo a decir que este programa es realmente un programa de calidad”, defendió, aludiendo a la importancia de la institucionalización, la medición, los recursos profesionales, los resultados en salud y la coordinación entre niveles asistenciales.

La experta recordó que estos programas deben ser educativos y no impositivos: “Es un programa de calidad, no es una inspección, sino que tiene que calar como lluvia fina en todos los profesionales”.

Entre los objetivos señalados, Llaneza recordó la necesidad de reducir un 27% el consumo total de antibióticos, alcanzar un 65% de prescripción de antibióticos del grupo acceso y disminuir la incidencia de bacteriemias por microorganismos resistentes.

Asimismo, puso el foco en Atención Primaria, al señalar que “el mayor peso de la antibioterapia se prescribe en atención comunitaria”. Por ello, defendió la homogeneización de la historia clínica electrónica, la normalización del registro de test de diagnóstico rápido de Streptococcus pyogenes en ECAP y la adhesión a las guías terapéuticas del Sistema Nacional de Salud.

Llaneza quiso lanzar un mensaje positivo sobre la utilidad de estos programas: “Los PROA funcionan y lo hacen por la implicación de los profesionales”. No obstante, advirtió de que el reto está en llegar a todos ellos, interpretar bien los datos, transmitirlos de forma útil y consolidar referentes PROA en los diferentes dispositivos asistenciales.

Del marco estratégico a la práctica asistencial

La visión operativa del PROA en el Área Sanitaria II fue desarrollada por Ángel Bernardo Gutiérrez, subdirector de Atención Sanitaria y Evaluación del Área de Salud II Centro-Suroccidente.

Bernardo explicó que estos programas deben ser iniciativas institucionales emanadas de las comisiones de infección hospitalaria y política antibiótica, con forma de programa de mejora asistencial. Entre sus objetivos, destacó la mejora de resultados clínicos, la reducción de efectos adversos, el uso adecuado de antimicrobianos y la eficiencia del sistema.

“Trabajar de manera multidisciplinar y trabajar bien muchas veces es difícil”, reconoció. Por ello, defendió la importancia de equipos formados por especialistas en microbiología, farmacia, enfermedades infecciosas, medicina interna, medicina intensiva, urgencias, pediatría y otros ámbitos vinculados al proceso asistencial.

En el caso del HUCA y el Hospital Monte Naranco, señaló que el ámbito de actuación incluye alrededor de mil camas y una carga diaria media de 473 pacientes en tratamiento con antimicrobianos. Ante este volumen, destacó la importancia de disponer de herramientas electrónicas integradas en la historia clínica que permitan priorizar intervenciones por resultados microbiológicos.

Según explicó, en 2025 el equipo PROA realizó cerca de 5.000 intervenciones. Además, destacó una aceptación clínica de las recomendaciones en torno al 90%, lo que interpretó como muestra de la confianza generada por estos equipos.

También presentó la iniciativa TAPA, orientada a la administración de tratamientos endovenosos o intramusculares en régimen ambulatorio, evitando ingresos hospitalarios. Desde su puesta en marcha a finales de 2022, esta actividad ha ido creciendo, con unas 1.100 estancias hospitalarias evitadas.

Para Bernardo, una de las claves es dotar a los equipos PROA de continuidad, perfiles especializados y capacidad ejecutiva: “Un equipo multidisciplinar tiene que estar coordinado, precisa de profesionales con perfiles específicos que tengan un cierto desarrollo y bagaje profesional en este tema”.

Coordinación entre niveles: el gran desafío

La segunda mesa estuvo moderada por Rut Palacio, directora de Atención Sanitaria y Evaluación del Área II Centro-Suroccidente, y se centró en la coordinación entre ámbitos asistenciales como factor clave frente a las resistencias antimicrobianas. “Hoy vamos a intentar que los expertos, que son quienes conocen bien este tema, nos aporten un poco de luz sobre qué coordinación existe, qué problemas tenemos de coordinación y cómo solucionarlos”, explicó.

La mesa contó con la participación de Víctor Asensi Álvarez, jefe de Sección de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del HUCA; Emilio García Prieto, especialista en Medicina Intensiva del HUCA y coordinador del PROA; Gema Sierra Dorado, jefa de Servicio de Microbiología del Hospital Universitario San Agustín; y Maite Fernández Vicente, farmacéutica del equipo PROA del Hospital Universitario de Cabueñes.

Asensi fue claro al señalar la relevancia de la conexión entre hospital y Atención Primaria: “Evidentemente es muy importante la coordinación entre la Atención Hospitalaria y la Atención Primaria”. Entre las vías para mejorarla, mencionó la educación a médicos de Atención Primaria, la información detallada en los informes de alta, la disponibilidad de un busca para resolver dudas sobre manejo antimicrobiano y la realización periódica de charlas en centros de salud.

García Prieto, por su parte, planteó que el primer paso es identificar las necesidades reales de los profesionales y establecer cauces de comunicación eficaces. “Los PROA, tanto hospitalaria como en primaria, son los programas menos egoístas que existen porque pretenden dar ayuda y soporte al facultativo y con una incidencia positiva sobre el paciente”, afirmó.

Uno de los ejemplos más repetidos durante la mesa fue el manejo de cultivos de orina, úlceras y situaciones clínicas en las que el tratamiento antibiótico puede iniciarse por inercia o por falta de contexto. García Prieto insistió en la necesidad de volver a lo básico: no tratar cultivos, sino pacientes.

Desde la perspectiva de la microbiología, Gema Sierra Dorado coincidió en la importancia de atender a la situación clínica y no limitarse al resultado microbiológico. “No estamos con cultivos, estamos con pacientes”, afirmó.

Sierra Dorado también puso de relieve la necesidad de herramientas, indicadores y sistemas que permitan medir el impacto real de las intervenciones. Además, defendió que el uso adecuado de antibióticos no debe interpretarse únicamente como reducción del consumo, sino como mejora en la indicación. “El mensaje al final que tenemos que dar es que tenemos que hacer un uso adecuado, eficaz y temprano de antibióticos. No solamente es un ahorro y reducir el uso de antibióticos, sino usarlos mejor”, señaló.

Por su parte, Maite Fernández Vicente destacó que uno de los grandes avances ha sido asumir que la lucha frente a las resistencias exige equipos multidisciplinares. Sin embargo, advirtió de que el principal reto sigue siendo la comunicación: “A veces la comunicación, incluso entre nosotros, dentro del equipo, no siempre es sencilla, porque todos tenemos que aportar nuestro granito de arena, pero tenemos visiones diferentes”.

La farmacéutica explicó que, para llegar al resto de servicios, es fundamental que los profesionales conozcan a los miembros del PROA y sepan qué pueden esperar de ellos. En este sentido, apuntó que desde el PROA de Cabueñes se ha realizado un esfuerzo no solo en formación y asesoría, sino también en presentarse a los servicios clínicos y construir relaciones de confianza.

Fernández Vicente también subrayó la importancia de los proyectos compartidos entre PROA hospitalario y comunitario, así como el papel de Urgencias y de la hospitalización a domicilio como puntos de conexión entre niveles. En su opinión, cuando ambas patas funcionan, “todo es más fácil”.

Formación, cercanía y herramientas informáticas

La formación fue otro de los grandes ejes del debate. Los expertos coincidieron en que existe formación, pero que es necesario hacerla más accesible, cercana, atractiva y compatible con la presión asistencial de los profesionales.

Sierra Dorado también defendió que una de las patas fundamentales de los equipos PROA es la formación: “Hay que traspasar las barreras, hay que difundir conocimientos”. Sin embargo, planteó la duda de hasta qué punto esa formación llega de forma efectiva y cómo medir su impacto en la práctica clínica.

En el apartado de necesidades, todos los participantes coincidieron en la urgencia de mejorar las herramientas informáticas. Sierra Dorado reclamó sistemas que permitan disponer de alertas exportables, datos en tiempo real, mapas de sensibilidad más ágiles e indicadores para evaluar si se está usando bien o no un antimicrobiano.

Fernández Vicente describió la realidad de Cabueñes, donde trabajan con una herramienta “casera” elaborada por el propio equipo, que permite visualizar pacientes candidatos a intervención PROA, pero exige introducir manualmente cultivos, recomendaciones e información de seguimiento. “Todo eso nosotros lo hacemos a mano, con lo cual es muy tedioso y llegas muchas veces a no hacer todas las intervenciones que te gustaría o no en el momento en el que te gustaría”, explicó.

García Prieto sintetizó una de las demandas compartidas: “Pedimos un espacio común de datos”, bajo el paraguas de la Consejería, que incluya información sobre consumo, mapas de resistencia e indicadores.

Atención Primaria y sociosanitarios, ámbitos prioritarios

Uno de los consensos más claros de la jornada fue la necesidad de fortalecer la Atención Primaria y los centros sociosanitarios. La prescripción antibiótica se concentra en gran parte en el ámbito comunitario, por lo que cualquier estrategia frente a las resistencias debe llegar a las consultas, a las residencias y a los profesionales que atienden a pacientes pluripatológicos o con infecciones recurrentes.

Rut Palacio, desde su experiencia como médica de familia, celebró que los expertos coincidieran en esta prioridad. “La formación, la cercanía y la información es básica para que esa lucha contra esas resistencias antimicrobianas la podamos ganar”, afirmó. También recordó que una gran parte de la prescripción se realiza en Primaria y que es fundamental “unirse a esta mentalidad y a esta dinámica de trabajo”.

Belén Suárez-Mier, durante el turno de preguntas, insistió en que no se trata necesariamente de añadir nuevas tareas, sino de repensar lo que ya se hace. “Tenemos que hacer bien lo que sabemos que hay que hacer”, afirmó.

Un cierre centrado en el trabajo en red

En la clausura, Paloma Tamayo realizó un resumen de las principales ideas abordadas durante el encuentro. Destacó que la jornada permitió analizar las líneas generales de la resistencia antimicrobiana, la evolución del PRAN, la aplicación de los programas en Asturias, el papel de los PROA comunitarios y hospitalarios, la importancia de la seguridad del paciente, la necesidad de automatización y la relevancia de la formación.

Respecto a la segunda mesa, Tamayo resumió la importancia de la comunicación entre niveles, la formación, la revisión de protocolos, el valor de los estudios microbiológicos y la necesidad de adaptar las prácticas clínicas. También recogió una de las conclusiones compartidas por los expertos: los equipos multidisciplinares permiten conocer mejor el trabajo de otros profesionales y mejorar la toma de decisiones.

Como cierre, la directora de operaciones de New Medical Economics agradeció el apoyo de la Consejería de Salud, al SESPA y al HUCA, así como la participación de los expertos, asistentes presenciales y en streaming, y patrocinadores. La jornada dejó una conclusión común: la lucha contra las resistencias antimicrobianas exige datos, coordinación, formación, herramientas digitales, liderazgo institucional y equipos capaces de trabajar de forma transversal para proteger la eficacia de los tratamientos y mejorar la seguridad de los pacientes.