España afronta cada año un volumen creciente de nuevos diagnósticos de cáncer de mama. Según estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2024 se produjeron aproximadamente 35.875 casos nuevos, una cifra aproximada dada la ausencia en nuestro país de un registro poblacional de cáncer de cobertura estatal. Esta limitación obliga a interpretar con cautela la comparación de datos entre territorios y series históricas.

Pese a ello, las tendencias son claras: aumento de la incidencia, supervivencia estable o al alza y un proceso asistencial cuya carga se desplaza de forma progresiva desde el diagnóstico inicial hacia la continuidad clínica.

Incidencia al alza y mortalidad estable

La mortalidad por cáncer de mama se mantiene en torno a 6.500 fallecimientos anuales, mientras la incidencia continúa aumentando. Este comportamiento combinado hace que el número de mujeres vivas con un diagnóstico previo sea cada vez mayor, lo cual redistribuye el peso asistencial hacia las fases posteriores al tratamiento inicial: seguimiento, control clínico periódico y coordinación entre niveles asistenciales.

Cribado: eficacia demostrada, pero con variabilidad territorial

Los programas de cribado cumplen su función, pero presentan diferencias relevantes entre comunidades autónomas.

La cobertura se sitúa alrededor del 40 % de la población objetivo, considerando únicamente a las mujeres incluidas efectivamente en los programas.

Los intervalos de cribado, las edades de inicio y las tecnologías utilizadas no son homogéneos.

La trazabilidad del proceso no es completa ni uniforme, lo que dificulta el seguimiento sistemático desde la invitación hasta la resolución diagnóstica.

Estas variaciones afectan al impacto global del cribado y condicionan la equidad en el acceso y en los tiempos de respuesta.

Capacidad tecnológica disponible, pero con limitaciones operativas

España cuenta con más de 800 mamógrafos entre ambos sectores, público y privado. La capacidad técnica existente permitiría realizar una actividad marcadamente superior a la registrada actualmente. Sin embargo, este potencial no se traduce de forma uniforme en capacidad efectiva.

La productividad por equipo muestra variaciones significativas entre territorios.

Las diferencias en organización y recursos profesionales explican parte de esta heterogeneidad.

El punto crítico continúa siendo la lectura radiológica, cuya actividad acumulada ha aumentado de forma sostenida durante la última década y constituye el principal factor limitante.

El resultado es un desajuste entre capacidad instalada y capacidad real de absorción diagnóstica.

Atención Primaria: más episodios activos y mayor necesidad de integración

Atención Primaria mantiene un volumen creciente de episodios vinculados al cáncer de mama, tanto en seguimiento como en vigilancia clínica. En los últimos años, estos episodios abiertos han aumentado de forma relevante (más de 400.000 en la actualidad), reflejando la mayor supervivencia y el desplazamiento de parte de la carga asistencial hacia el ámbito comunitario y, tal vez, una necesidad de depurar casos cerrados que siguen administrativamente abiertos.

Esta evolución requiere:

Modelos de coordinación (integración más bien) más eficientes entre primaria y hospital.

Circuitos claros para la derivación y el retorno.

y herramientas de información que faciliten la continuidad del proceso.

La variabilidad existente entre territorios indica que aún no se dispone de una estructura plenamente adaptada a esta nueva realidad asistencial.

Un proceso asistencial que funciona bien, pero con claras posibilidades de mejora

El análisis del comportamiento del proceso asistencial del cáncer de mama en España muestra un funcionamiento estable, pero con márgenes de mejora bien definidos, especialmente en:

Equidad: diferencias relevantes entre comunidades en acceso a cribado y capacidad diagnóstica.

Trazabilidad: ausencia de un circuito homogéneo que permita seguir de forma estructurada cada episodio asistencial.

Eficiencia diagnóstica: infrautilización relativa de la capacidad instalada y saturación de los servicios de radiología.

Continuidad asistencial: aumento de supervivientes sin una adaptación completa de los mecanismos de coordinación entre niveles.

Estas áreas no requieren necesariamente incrementos sustanciales de recursos, sino ajustes organizativos y operativos.

Referencias internacionales: el modelo alemán de unidades especializadas como punto de referencia (versión reducida con denominación oficial)

En Europa existen modelos organizativos que permiten observar alternativas al enfoque convencional. Uno de los más consolidados es el de las Breast Cancer Units alemanas (Brustkrebszentren, o DKG-zertifizierte Brustzentren), que estructuran la atención en unidades específicas con procesos propios para diagnóstico, tratamiento y seguimiento.

Estas unidades funcionan dentro de circuitos diferenciados de los servicios generales del hospital. Su diseño permite que el proceso asistencial se gestione en una estructura estable y dedicada, no condicionada por variaciones en la presión asistencial de otros servicios, especialmente los de diagnóstico por imagen.

El modelo se basa en:

Unidades específicas con organización propia.

Protocolos estandarizados y coordinación multidisciplinar.

Requisitos definidos para su apertura, centrados en estructura, volumen y proceso.

La certificación actúa como un mecanismo de verificación externa de estos requisitos, pero el elemento central es la existencia de una unidad dedicada al proceso completo.

Este tipo de organización facilita mayor uniformidad, reducción de variabilidad y trazabilidad completa del recorrido asistencial.

Conclusión: un proceso sólido con margen de mejora (como siempre)

La atención al cáncer de mama en España es un proceso sólido y con resultados consistentes, pero presenta ámbitos de mejora reconocibles. El aumento de casos diagnosticados, la mayor supervivencia y las diferencias territoriales hacen recomendable fortalecer la organización del proceso, mejorar la trazabilidad, optimizar la capacidad diagnóstica y consolidar la integración entre niveles asistenciales.

Como ocurre habitualmente en procesos complejos como el del cáncer de mama, cabe la mejora (como siempre): ajustes de organización, reducción de variabilidad y adopción de referencias internacionales que contribuyan a un funcionamiento más homogéneo y eficiente.