Llegada esta recta final del verano es inevitable ser proclive al balance pausado, al análisis de consecución de objetivos, a la autocrítica si cabe, enfocando lo que será el inicio del próximo curso en esta escuela que es la vida. Sombrilla en ristre, libro en mano y mirada al horizonte de un cielo sureño que embelesa, sintetizo los que han sido los ademanes más complejos que me he permitido en época estival. Solo de esta manera he sido capaz de poder superar determinados pensamientos que titilaban en mi cabeza. Me permito confesar con nuestros lectores uno de ellos, no en alarde premonitorio de solución alguna, sino más bien por el hecho manifiesto de que afecta a todos los que sienten un deseo de mejora vital y trascendencia. No me dirán que soy el único que ha pensado en la “desorganización cósmica” como una posible fuente de problemas, a la par que de soluciones, para redefinir el constructo de nuestro “Estado del Bienestar” (EB). El EB que antes fue, el que es ahora, y el que será, pero que aún no sabe qué es.

A la organización no se le opone la desorganización, sino una forma nueva de reinterpretar un todo, en este caso un nuevo modelo de EB.  Si desde el orden se pueden crear entidades e ideas innovadoras, la desorganización pierde su connotación negativa y se instala como un proceso de transición y cambio. Considerar que se puede construir un modelo nuevo salva de tener que volver al orden inicial, evita caer en polaridades, ayuda a incorporar cambios necesarios y crea oportunidades antes no consideradas. Si lo aplicáramos a la redefinición del EB haría falta hacerse las siguientes preguntas: ¿cuáles son los resultados que se buscan?,  ¿qué es necesario conservar, qué incorporar, qué soltar?,  ¿se trata de un cambio de espacios, de procesos, de tareas, de roles, de personas?  y, finalmente, ¿estamos hablando de mejorar, sostener, crecer, simplificar?

‘Nunca se sabe cuál es el defecto que sostiene el edificio entero’

Identificar formas nuevas en situaciones que antes se consideraban desorganizadas es protagonizar la transición capitalizando los recursos, aprendizajes, herramientas y acuerdos construídos, ampliar la percepción y la resiliencia, y optimizar la competencia de gestión de la realidad. A algunos nos asusta entender las cosas sin reconocerlas, hasta el punto de percibir que extirpar los propios defectos del EB puede ser, si cabe, peligroso. Nunca se sabe cuál es el defecto que sostiene el edificio entero.

La sempiterna desorganización cósmica es una oportunidad para crear un nuevo modelo de EB, y así poder deconstruir las dimesiones clásicas: sanidad, educación, seguridad social y servicios sociales. Si esta entropía patente del cosmos, como ya apunté, conecta con el sentido de mejora vital y trascendencia, es decir,  el valor de lo importante, de lo que requiere cuidado y atención porque prevalecerá a otras áreas, o a través del tiempo, obligatoriamente necesitamos un nuevo modelo de EB. El modelo mediterráneo se basa en peculiaridades culturales como la presencia de la familia en la vida de los individuos, que cubre ciertas necesidades que en otros modelos son cubiertas por el Estado, como cuidado de hijos o ancianos. Pero la sociedad española se ha transmutado y  está ávida de saber que llegará algo mejor, algo diferente. Entre todos hemos de construir un nuevo modelo del EB, del que se demandan consecuencias positivas con una perspectiva de estabilidad en un mundo frágil y, sobre todo, que marcará el rumbo de nuestras vidas.

Una pequeña parte del cosmos lo conforma nuestro cielo, bajo el que se sitúa el preciado EB, ¿acaso todo lo que cubre este cielo está en completo caos?, les invito a que cada uno elija su respuesta porque este verano sembró en mí algunas dudas. Sin embargo, de lo que no me cabe prácticamente duda es que  la situación para la catálisis es más que excelente y perentoria.