El Webinar VII del Curso de Actualización en Medicina Personalizada y de Precisión, organizado por el SERGAS en colaboración con New Medical Economics, dejó una imagen muy clara: la medicina de precisión ya no es una promesa, sino una realidad que transforma la supervivencia, la calidad de vida y la manera misma de tratar el cáncer.

Moderado por Carmen Penín Corderi, jefa del Servicio de Anatomía Patológica del CHU de Ourense, el encuentro reunió a dos especialistas de referencia: M. Lidia Vázquez Tuñas, oncóloga del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo, y María Quindós Varela, oncóloga del CHU de A Coruña. Ambas presentaron casos clínicos reales que muestran cómo los biomarcadores, las terapias dirigidas, la inmunoterapia y los anticuerpos conjugados están cambiando, paciente a paciente, el mapa de la oncología.

La sesión arrancó con la intervención de Sergio Ostalé, representante de GSK, quien subrayó la importancia de unir ciencia, tecnología y talento para adelantarse a la enfermedad. Un mensaje que enmarcó perfectamente el enfoque del módulo: hablar de medicina personalizada desde lo práctico, desde la vida real y desde los resultados tangibles.

Cáncer de mama: del subtipo molecular al anticuerpo conjugado

La oncóloga Lidia Vázquez realizó un recorrido exhaustivo por los avances más notables en cáncer de mama, acompañándolos con ejemplos muy didácticos de su práctica clínica diaria. Entre los casos que expuso, llamó especialmente la atención el de una mujer de 69 años con un tumor luminal A y un perfil biológico excelente. A pesar de tener afectación ganglionar mínima, el análisis genómico demostró que su riesgo real de recaída era extremadamente bajo.

Gracias a ello, la paciente evitó quimioterapia y sus toxicidades asociadas. Un ejemplo que evidencia cómo la medicina de precisión también sirve para desescalar, para evitar tratamientos innecesarios y preservar calidad de vida.

Otro de los casos narrados fue el de una paciente joven diagnosticada directamente con metástasis óseas. Después de más de cuatro años de hormonoterapia combinada con inhibidores de CDK4/6, la enfermedad continúa controlada, permitiéndole llevar una vida prácticamente normal. La clave del éxito estuvo en la integración de biopsia líquida para identificar mutaciones adquiridas y adaptar el tratamiento antes de que apareciera progresión radiológica.

Vázquez destacó especialmente el papel del trastuzumab deruxtecán, un anticuerpo conjugado que ha reescrito el tratamiento del HER2 positivo y del nuevo subtipo HER2-low. Mostró el caso de una mujer con enfermedad metastásica pulmonar que, tras dos ciclos del fármaco, presentó una respuesta completa sorprendente, mantenida durante meses con un perfil de tolerancia excelente.

El tumor más agresivo de la mama también tiene hoy nuevas opciones. Una paciente de 32 años, diagnosticada en pleno periodo de lactancia con un tumor de 10 centímetros, obtuvo una respuesta patológica completa tras recibir quimioterapia e inmunoterapia neoadyuvante. Un resultado que era poco menos que impensable hace apenas unos años.

Cáncer ginecológico: biomarcadores que ya prolongan la vida

La oncóloga María Quindós abordó el cáncer de ovario, endometrio y cérvix desde un prisma práctico, centrado en avances que ya se traducen en supervivencias más largas y en vidas más plenas. El cáncer de ovario sigue siendo el tumor ginecológico con peor pronóstico, pero los avances de los últimos años han cambiado drásticamente sus resultados.

Quindós presentó varios casos de pacientes que, tras cirugía y quimioterapia, han permanecido tres años libres de enfermedad gracias al mantenimiento con niraparib, inhibidor del PARP especialmente eficaces en tumores HRD positivos. En muchos casos, este mantenimiento está logrando lo que antes apenas se contemplaba: convertir la primera línea en una oportunidad real de curación.

En cáncer de endometrio, la nueva clasificación molecular —que diferencia tumores POLEmut, MSI/dMMR, p53 y NSMP— ha permitido ajustar decisiones terapéuticas con una precisión inédita.

Quindós destacó el caso de una paciente con alto riesgo y déficit del sistema de reparación de errores de apareamiento del ADN (dMMR) que alcanzó respuesta completa gracias a la combinación de quimioterapia e inmunoterapia. Hoy continúa en mantenimiento con dostarlimab, sin signos de enfermedad.

El cáncer de cérvix, una enfermedad prevenible pero aún muy presente, también ha encontrado en la inmunoterapia un aliado decisivo. Una paciente con enfermedad localmente avanzada que recayó tras la quimiorradioterapia inicial logró una respuesta mantenida con el esquema que combina quimioterapia, bevacizumab y pembrolizumab.

La evolución clínica fue excelente pese a la carga tumoral inicial, con toxicidades manejables y buena calidad de vida. Ambas ponentes coincidieron en que los anticuerpos conjugados serán el siguiente gran salto en los tumores ginecológicos, como ya lo han sido en mama. Fármacos como mirvetuximab, tisotumab vedotin o el propio trastuzumab deruxtecán están demostrando tasas de respuesta sin precedentes, incluso en pacientes muy tratadas.

En el debate final surgió una pregunta clave: ¿qué define realmente un caso de éxito en oncología de precisión?

Para finalizar, se generó un debate especialmente enriquecedor, que fue más allá de los tratamientos concretos para entrar en el terreno de lo conceptual: ¿qué entendemos hoy por “caso de éxito” en oncología de precisión? La pregunta, planteada por la moderadora Carmen Penín, abrió una reflexión que dejó claro que el éxito ya no se mide únicamente en términos de curación, sino en algo mucho más amplio, integral y realista.

Para María Quindós, el éxito terapéutico no se limita a prolongar la vida, sino a dotarla de sentido y funcionalidad: “Identificar una diana terapéutica y conseguir que la paciente viva más y mejor es, hoy, la clave del éxito”. Se trata, explicó, de combinar la biología tumoral con las preferencias y situación de cada mujer, garantizando no solo un tratamiento eficaz, sino también una experiencia de vida digna y sostenible, especialmente en patologías que tienden a la cronicidad.

Por su parte, Lidia Vázquez insistió en un matiz esencial que, durante años, estuvo ausente de la práctica oncológica: “El éxito no es solo aplicar un tratamiento dirigido; también es evitar quimioterapia y toxicidad cuando la biología del tumor nos permite no darla”.

El paradigma de la medicina de precisión incluye, cada vez más, la desescalada terapéutica, es decir, liberar a las pacientes de tratamientos innecesarios, preservar su futuro y evitar secuelas físicas, emocionales y laborales que antes se consideraban inevitables.

El debate terminó convergiendo en un punto clave: la necesidad de garantizar que estos avances lleguen por igual a todas las pacientes, independientemente de su región, su centro o sus recursos. Ambas expertas lo expresaron con claridad: la medicina de precisión tiene un poder inmenso, pero carece de sentido si no es accesible, si no se democratiza la secuenciación, los biomarcadores, los anticuerpos conjugados o la inmunoterapia. La brecha no puede ser geográfica ni económica.

El Webinar VII demostró, caso a caso, que la oncología de precisión no es una teoría ni una aspiración: es una realidad que ya está cambiando la práctica clínica.

Biomarcadores, plataformas genómicas, inmunoterapia y anticuerpos conjugados están logrando supervivencias prolongadas, respuestas completas y, sobre todo, vidas que continúan con normalidad pese al diagnóstico.

Una transformación que avanza rápido, que requiere formación continua y que confirma, una vez más, que la medicina del futuro ya está aquí.