Largo y tendido se ha hablado en estos meses sobre el 40 aniversario de la Ley General de Sanidad en nuestro país. Una norma que ha servido y sirve para articular nuestro actual Sistema Nacional de Salud, y que ha sido además semilla de otras herramientas legislativas necesarias a lo largo de estos años. Sin embargo, teniendo en cuenta las necesidades sociodemográficas actuales, y el avance de la medicina y de la tecnología, entre otros factores, el debate sobre la sostenibilidad del sistema sanitario se ha convertido en una prioridad de nuestro presente más inmediato. El envejecimiento de la población, el incremento de la cronicidad, la presión asistencial, la escasez de profesionales y el acelerado avance tecnológico dibujan un escenario complejo que exige respuestas urgentes y realistas. En este contexto, solo podemos plantear la sanidad pública y la privada como modelos complementarios, para adecuar las necesidades reales de los ciudadanos.
El “Observatorio del sector sanitario privado 2026”, publicado por la Fundación IDIS, pone cifras a una realidad que forma ya parte estructural del modelo sanitario español. Los datos reflejan no solo la aportación de valor del sector, sino su papel en la descarga del Sistema Nacional de Salud, que sin colaboración público-privada vería comprometida su propia sostenibilidad. Por poner algunos ejemplos a nivel de datos, 12,8 millones de personas cuentan con un seguro de salud en nuestro país, un 1,7% más que el año anterior. Y el gasto sanitario privado alcanza ya los 37.048 millones de euros, representando el 26,8% del gasto sanitario total del país y el 2,5% del PIB.
Pero más allá de los datos económicos, lo relevante es el impacto asistencial que el sector privado tiene en la actualidad. La sanidad privada realiza el 42% de las intervenciones quirúrgicas, atiende más del 32% de las urgencias y registra cerca del 30% de las altas hospitalarias en España. Además, cuenta con más de la mitad de los hospitales del país. En base a estas cifras, y al análisis que se presenta en el informe, el sector privado contribuye a aliviar la presión asistencial del Sistema Nacional de Salud, liberar recursos y mejorar la accesibilidad de los pacientes.
Dicho esto, la aportación del sector privado no se limita a la capacidad asistencial, ya que otro de sus principales valores es su papel como motor de innovación. La incorporación de tecnologías avanzadas como la protonterapia, la radioterapia guiada por resonancia magnética, la inteligencia artificial asistencial o las plataformas híbridas de diagnóstico demuestran una clara capacidad para impulsar la transformación del modelo sanitario hacia una medicina más precisa, personalizada y eficiente. Pero la innovación requiere inversión, agilidad y capacidad de adaptación. Y en este ámbito, la complementariedad entre el sector público y el privado resulta especialmente necesaria, porque el reto no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en integrarla de manera inteligente para mejorar resultados en salud, optimizar recursos y garantizar la equidad en el acceso.
Los datos del informe son abundantes y objetivos, y hacen una fotografía del sector. Así pues, vemos que más de la mitad de los ensayos clínicos que se desarrollan en España se realizan en hospitales privados, especialmente en áreas de alta complejidad como oncología o neurociencias. Esta capacidad investigadora no solo impulsa el avance científico, sino que permite a miles de pacientes acceder antes a tratamientos innovadores.
Hay que recordar que la sanidad pública y la sanidad privada son vasos comunicantes, y eso se refleja también en la aportación de valor que se presenta en el documento. La colaboración entre ambos ámbitos (público y privado) no debe entenderse como una excepción coyuntural, sino como una herramienta estratégica y estructural para preservar la calidad, la accesibilidad y en definitiva la sostenibilidad del sistema.
Como añadidura a los datos, que son incontestables, desde la Fundación IDIS seguimos defendiendo la necesidad de una visión de Estado para garantizar la sostenibilidad del sistema, que incluya cooperación y una gestión orientada a resultados. Al fin y al cabo, las pretensiones de los ciudadanos y de los pacientes, son tan justas como un sistema que les ofrezca acceso, calidad, innovación y tiempos de respuesta razonables. En definitiva, cuanto antes asumamos que la cooperación entre los sectores público y privado es una oportunidad para fortalecer el sistema, antes podremos afrontar con garantías los enormes desafíos sanitarios que nos depara el futuro.




