La lectura habitual de las noticias publicadas en los medios de comunicación conduce a la conclusión de que nuestro sistema de salud se encuentra sumido en una grave crisis a la que no parece que se le encuentre salida. Listas de espera para consultas e intervenciones quirúrgicas en los hospitales, dificultades de acceso en Atención Primaria, huelgas de médicos con motivo de la negociación del nuevo estatuto marco y expresiones de descontento por doquier de este colectivo de profesionales.
Los españoles nos sentíamos muy orgullosos de nuestro sistema de salud hasta que padecimos la pandemia, porque a partir de entonces se pusieron de manifiesto todos los problemas que hasta entonces se subsanaban simplemente con mayor gasto. Las listas de espera se paliaban con jornadas extraordinarias, peonadas, o contratando más médicos. La elevada demanda de Atención Primaria se gestionaba contratando refuerzos, médicos de familia, o aumentando, y cubriendo, el número de plazas de Atención Primaria. Mientras tanto, proseguía la elevada utilización de urgencias.
Algunos gestores hemos mostrado nuestra preocupación durante años y algunos, menos, indicado que las listas de espera, la demanda de urgencias y los mencionados problemas de Atención Primaria eran los síntomas de una profunda crisis del sistema de salud. Nos hemos empeñado durante años en tratar los síntomas en vez de en hacer un buen diagnóstico y aplicar un tratamiento etiológico. Consecuencia de todo ello es la pérdida de la estima que tienen los ciudadanos a su sistema de salud y el crecimiento de la contratación de pólizas de seguros de salud.
Con carácter general nuestro sistema de salud se gestiona como cualquier negocio de la Administración. La ley de contratos del sector público, que se dirige a asegurar la libre concurrencia y a garantizar el cumplimiento de las normas en vez de a la contratación eficiente y de calidad, es el instrumento para la compra de bienes y servicios, y para la contratación de inversiones.
No existe una política de personal salvo la de evitar conflictos a toda costa. Por ejemplo, la incorporación de nuevos profesionales se rige por normas de contratación tan negociadas, tan pactadas y gestionadas con los sindicatos que se acaban incumpliendo los principios de mérito y capacidad para asegurar una supuesta igualdad. La desmotivación de los profesionales es tan evidente que no hace falta más que leer la prensa todos los días para comprobarlo.
Cuando se escucha a los consejeros de salud, de cualquier partido, acostumbran a cantar las excelencias de las nuevas instalaciones o equipos, pero no suelen referirse a los problemas del sistema de salud salvo para quejarse del Ministerio de Sanidad. El Ministerio de Sanidad, por su parte, parece más preocupado en complicar todavía más la situación, no hay más que observar su torpeza en la elaboración del nuevo estatuto marco o su intento de prohibir otros modelos de gestión, en vez de en buscar otras opciones para el Sistema Nacional de Salud con el concurso de las comunidades autónomas.
Las escasas publicaciones que han evaluado la gestión privada de recursos del sistema de salud han puesto de manifiesto que la eficiencia y la calidad son mayores en aquellos centros que gozan de personalidad jurídica propia, con independencia de que sean públicos o privados. Podríamos preguntarnos entonces por qué se mantiene la situación actual y por qué no se le pone remedio, en vez de seguir con las políticas de siempre, más gasto y más recursos, que han mostrado su agotamiento.
Para transformar el sistema de salud no basta con su digitalización
Para transformar el sistema de salud no basta con su digitalización. Cuando se comenzó a emplear las TIC en el sistema de salud ya quedó claro que cuando se informatiza el desorden se consigue el caos y que cuando se informatiza la ineficiencia esta se multiplica. El análisis de grandes fuentes de datos y la utilización de la Inteligencia Artificial pueden ser una gran ayuda, pero solo si se emplean como ayuda para instaurar otro modelo de gestión. De lo contrario emplearemos la tecnología para estar enterados de algo en vez de para hacer algo.
El cambio o la transformación del sistema de salud precisa conocimiento, estrategia y coraje. Conocimiento, de forma que se evite que la máxima responsabilidad de los servicios de salud la ostenten personas sin experiencia en el sector. Estrategia, de manera que se elabore un plan a medio plazo que tenga en cuenta la demanda esperada en función del envejecimiento de la población, las listas de espera, los recursos necesarios y los disponibles, y un nuevo modelo de gestión que no se base exclusivamente en el cumplimiento de la norma y en la burocracia. Coraje, porque desde luego la tarea es difícil y previsiblemente conflictiva.
Sin conocimiento, estrategia y coraje el sistema de salud no saldrá de la crisis y lo pagaremos todos, en forma de peor atención o en forma de mayor gasto sanitario privado.




