En mi anterior artículo se repasó la actual realidad de los profesionales sanitarios, cada vez más evidente: ya no solo asumen el rol asistencial, sino que son una especie de agentes multitarea. Uno de tantos de esos roles ha dejado de ser opcional para convertirse en una responsabilidad principal: comunicar. En el sentido más amplio de la palabra: traducir evidencia científica, combatir bulos, ofrecer información veraz e incluso atreverse a liderar espacios digitales de divulgación donde los pacientes ya están presentes.

Aquí surge una paradoja incómoda: que uno sea experto en una materia no garantiza que comunique adecuadamente el mensaje para que le entiendan.

Una gran brecha entre la evidencia y el paciente

En las últimas décadas hemos asistido a un avance extraordinario en la generación de conocimiento y el campo de la medicina ha sido uno de los grandes destacados. Pero toda esta información no es accesible a todo el mundo. El lenguaje, la sobrecarga de mensajes y la falta de adaptación al interlocutor están generando una brecha abismal entre lo que los profesionales sanitarios saben y lo que los pacientes comprenden en la realidad. Y esto es un problema real, porque una comunicación deficiente conlleva peores resultados de salud, menor satisfacción del paciente y peor adherencia al tratamiento1.

La mayoría de los pacientes no están preparados para recibir cualquier información, es necesario adaptar el mensaje2. Porque si lo que le dices a tu paciente, tu paciente no lo entiende, ¿de qué sirven tus palabras?

De nuevo, otra competencia que no se enseña

A pesar de su importancia, la comunicación no tiene un peso clave en la formación sanitaria. Aunque sí hay facultades que ofrecen asignaturas relacionadas con la comunicación, la mayoría de las universidades y los hospitales priorizan, lógicamente, la adquisición de conocimientos clínicos y habilidades clínicas, dejando de lado las competencias de comunicación para poder trasladar ese conocimiento de forma eficaz a los pacientes o a la sociedad.

En comunicación, la forma también es fondo

En palabras de Aristóteles: “La persuasión depende no solo del contenido, sino también de quién comunica y de cómo lo hace”. En salud, esto se traduce en una idea clave: la evidencia necesita narrativa para generar impacto. Y no solo va de simplificar el mensaje hasta que acabe perdiendo rigor, sino de hacerlo accesible sin distorsionarlo.

Y así, llegamos al famoso storytelling: el uso de estructuras claras, de ejemplos, de metáforas o historias facilita la comprensión y la retención del mensaje por parte de un público “profano en la materia”. La ciencia ya ha demostrado que el storytelling mejora la comprensión y el recuerdo de la información en comparación con otros formatos clásicos puramente expositivos3.

El dilema: rigor o alcance

En este contexto, surge un dilema importante: ¿Es posible comunicar con impacto sin perder precisión? La respuesta es sí, por supuesto, pero no es fácil ni inmediato. Requiere formación, criterio y, sobre todo, tiempo. Es cierto que hay personas con talento natural que comunican desde la intuición, la imitación de referentes o el ensayo-error. Pero la mayoría de los profesionales sanitarios necesita formarse. Y aquí volvemos al punto de partida de esta serie de artículos: el tiempo escasea.

No hacerlo solo: una oportunidad, no una debilidad

Ante esta realidad, empieza a cobrar sentido un enfoque más colaborativo. Así como el sanitario puede apoyarse en equipos multidisciplinares para atender a sus pacientes, también puede contar con la ayuda de especialistas en comunicación sanitaria y soporte científico para trasladar mejor su conocimiento. Estos profesionales facilitan tareas como: estructurar el mensaje, adaptarlo al canal y al público, y mantener el equilibrio entre claridad y rigor. Lejos de restar autenticidad, esta colaboración puede reforzar la calidad y el alcance de la comunicación, a la vez que permite optimizar el recurso más escaso de los profesionales sanitarios: el tiempo.

Comunicar también es cuidar

Para acabar, me remito a las palabras de mi amigo Pedro Soriano, todo un referente en comunicación en el ámbito sanitario, quien siempre dice que: “Comunicar en salud es cuidar”. Y es que la comunicación es parte del propio acto sanitario porque influye en cómo el paciente entiende su enfermedad, en cómo toma decisiones sobre su cuidado y en cómo confía en su profesional sanitario.

En un entorno saturado de información y plagado de desinformación, el papel del profesional sanitario como voz referente es más importante que nunca, especialmente en el entorno de las redes sociales. Y para ejercerlo de manera responsable, no basta con saber, hay que saber contarlo. Y así, dejamos para el próximo artículo los consejos para conseguirlo. Prometo no dejaros con la duda.