Madrid acogió este 19 de noviembre el Encuentro de Expertos “Calidad Asistencial: el reto de las resistencias a los antimicrobianos”, una cita organizada por New Medical Economics, con el patrocinio de Advanz Pharma y Mundipharma y la colaboración de QuirónSalud, Ribera Salud y Vithas.
El presidente de New Medical Economics, José María Martínez García, inauguró el encuentro recordando que la resistencia a los antimicrobianos “constituye una amenaza creciente para la salud pública, exigiendo estrategias sólidas, una coordinación intersectorial eficaz y una visión integradora que permita alinear esfuerzos entre el sector público y privado”.
La sesión comenzó con la intervención de Mª Eugenia Martínez Núñez, farmacéutica hospitalaria y miembro del Grupo AFINF de la SEFH. Su exposición, calificada por el propio Martínez García como “magistral”, contextualizó el problema con datos contundentes: más de cinco millones de muertes globales asociadas a infecciones multirresistentes y más de un millón atribuibles directamente a la resistencia antimicrobiana.
Martínez Núñez recordó que, pese a los esfuerzos realizados desde 2014 con el PRAN, “no existe una relación causa–efecto inmediata entre la reducción del consumo y la disminución de resistencias debido a la complejidad multifactorial del fenómeno”. Subrayó la necesidad de reforzar la vigilancia, estandarizar indicadores, impulsar la innovación antimicrobiana y avanzar hacia una integración real del enfoque One Health: salud humana, animal y medioambiental.
En este sentido, insistió en que “el sector privado es imprescindible para que el PRAN llegue a todo el sistema sanitario” y que su participación en la certificación PROA es “una oportunidad clara para consolidarse como aliado clave del plan 2025–2027”.
Estrategia, PRAN y sector privado
La 1ª mesa de trabajo y debate, moderada por José María Martínez García, reunió a Mª Eugenia Martínez Núñez, miembro del equipo coordinador del Grupo de Trabajo de Atención Farmacéutica en Enfermedades Infecciosas (AFINF) de la SEFH; Javier Bécares Martínez, jefe de Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz; y Laura Rubio Cirilo, responsable corporativo de Medicina Preventiva y coordinadora del grupo PROA corporativo de Vithas.
Rubio destacó que el PRAN “ha supuesto un salto estratégico al homogeneizar líneas de trabajo, ampliar la vigilancia e incorporar nuevos ámbitos como los antifúngicos”, aunque advirtió que ahora el reto está en el cómo y en los recursos. Subrayó la necesidad de avanzar en interoperabilidad, así como de definir requisitos mínimos para que un PROA pueda considerarse real, operativo y sostenible.
Para Bécares, el plan ha sido “muy positivo para atajar el uso indiscriminado de antimicrobianos”, recordando que estos fármacos “son de los pocos medicamentos que curan”. Señaló, sin embargo, limitaciones estructurales que dificultan su aplicación en el día a día: la falta de marcos normativos claros, la ausencia de herramientas digitales comunes entre hospitales y la necesidad de revisar el modelo de financiación para permitir la utilización de nuevas terapias antimicrobianas de forma responsable y ágil.
Durante el debate, los expertos coincidieron en que las diferencias entre centros públicos y privados no deben convertirse en un obstáculo, sino en una oportunidad para generar sinergias. Rubio insistió en que la clave está en compartir protocolos, indicadores y estrategias, mientras que Bécares recordó que uno de los principales retos del sector privado reside en la heterogeneidad de las relaciones contractuales, lo que en ocasiones dificulta la implantación homogénea de políticas antimicrobianas.
En este punto, M.ª Eugenia Martínez Núñez añadió una visión complementaria desde el ámbito farmacéutico y de la gestión del PRAN: “Si no conseguimos hablar todos el mismo idioma no habrá un marco común real para medir resistencias ni para orientar las estrategias. La información es poder, y ahora más que nunca necesitamos datos comparables, reproducibles y transparentes”.
También recordó que el PRAN 2025–2027 insiste en la necesidad de consolidar sistemas de vigilancia, integrar indicadores de resultado clínico y fortalecer la certificación PROA: “La certificación no es un fin, es un punto de partida para construir estructuras sólidas que permitan hacer bien las cosas desde el inicio”, señaló durante su intervención.
Aun así, todos coincidieron en que existe una oportunidad real: “demostrar que un buen uso antimicrobiano reduce mortalidad, estancia hospitalaria y complicaciones quirúrgicas es clave para que la dirección apoye los PROA”, tal y como concluyó Bécares.
La realidad asistencial de los PROA
La segunda mesa, moderada por Iris González Pallarés, microbióloga del Hospital Universitario de Torrejón, reunió a Jaime Esteban Moreno, especialista en Microbiología y coordinador PROA del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz; Alberto Fernández Zapata, coordinador de UCI de los hospitales Vithas Alicante y Vithas Medimar; Emilio Maseda Garrido, jefe asociado del Servicio de Anestesia-Reanimación del Hospital Quirónsalud Valle del Henares y profesor de la Universidad Complutense de Madrid; Guadalupe Sevilla Santos, farmacéutica hospitalaria y miembro del PROA del Hospital Universitario de Torrejón; y María Eugenia Sevillano Pérez, especialista en Medicina Intensiva del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.
Esteban explicó que “el éxito del PROA depende del trabajo multidisciplinar y del contacto humano: hay que ir a los servicios a ayudar, no a imponer”. Subrayó que la credibilidad y la proximidad son esenciales para superar resistencias internas y promover decisiones clínicas más responsables.
Fernández Zapata recordó que “los PROA no pueden funcionar solo con médicos: enfermería es esencial para detectar cambios, administrar correctamente y anticipar complicaciones”. En su opinión, la aportación de la enfermería es clave para garantizar la continuidad y la seguridad en la ejecución de las pautas antimicrobianas.
Sevilla Santos alertó de que “las resistencias en antifúngicos ya son una realidad creciente”. Recalcó la necesidad de reforzar los algoritmos de tratamiento antifúngico y revisar periódicamente las guías locales.
Por su parte, Maseda defendió el papel emergente de la inteligencia artificial, destacando que nuevos softwares de apoyo a la prescripción empírica “alcanzan tasas de acierto del 95%, muy superiores al desempeño humano en entornos de alta presión clínica”. Recordó que estas herramientas permiten estandarizar decisiones y reducir errores críticos en las primeras horas de la infección grave.
María Eugenia Sevillano Pérez añadió una visión desde la práctica intensiva diaria, subrayando la importancia de ajustar los tratamientos en función de la rápida evolución clínica de los pacientes críticos. Explicó que “en UCI, el margen para equivocarse es mínimo: un antibiótico mal ajustado en las primeras horas puede cambiar por completo la evolución del paciente”. Reivindicó la necesidad de disponer de sistemas digitales ágiles que alerten sobre duplicidades, interacciones, duración inadecuada o necesidad de desescalada: “La digitalización y las alertas automáticas son ya imprescindibles; no se puede depender solo de la memoria o de revisar decenas de tratamientos en jornadas de alta carga asistencial”.
Asimismo, destacó que la colaboración estrecha entre intensivistas, farmacéuticos y microbiólogos es fundamental para optimizar la terapia antimicrobiana en situaciones complejas: “Los PROA nos permiten trabajar con una visión conjunta, basada en datos y no solo en la intuición. Y eso, en el paciente crítico, marca diferencias en supervivencia y complicaciones”.
Finalmente, Sevillano recordó que el uso racional de antimicrobianos no implica tratamientos más cortos o más restrictivos por defecto, sino “tratamientos más inteligentes y más personalizados, adaptados a la gravedad del cuadro, la farmacocinética del paciente y la ecología real del hospital”.
Indicadores, cultura y futuro
Los especialistas coincidieron en que el futuro de los PROA pasa por: extender una cultura PROA más allá del equipo designado, impulsar sistemas interoperables para compartir resistencias y consumos en tiempo real,integrar la IA en la prescripción empírica, reforzar la formación transversal desde grado y residencia, e incorporar indicadores clínicos sólidos: reingresos, mortalidad, duración de estancia, Clostridioides, resistencias por unidad…
En palabras de Esteban: “Si queremos seguir practicando la medicina del siglo XXI, debemos limitar el uso inadecuado de antimicrobianos. Las resistencias matan”.
El presidente de NME clausuró el encuentro sintetizando en diez conclusiones clave, entre ellas la necesidad de liderazgo real, la importancia del enfoque One Health, el rol transformador de la IA, la urgencia de dotar recursos a los PROA y el imperativo de superar los egos profesionales.






