Madrid acogió recientemente el Encuentro de Expertos “Calidad Asistencial: el reto de las resistencias a los antimicrobianos”, una cita organizada por New Medical Economics, con el patrocinio de Advanz Pharma y Mundipharma y la colaboración de QuirónSalud, Ribera Salud y Vithas.

El presidente de New Medical Economics, José María Martínez García, inauguró el encuentro recordando que la resistencia a los antimicrobianos “constituye una amenaza creciente para la salud pública, exigiendo estrategias sólidas, una coordinación intersectorial eficaz y una visión integradora que permita alinear esfuerzos entre el sector público y privado”.

La sesión comenzó con la intervención de Mª Eugenia Martínez Núñez, farmacéutica hospitalaria y miembro del Grupo de Trabajo de Atención Farmacéutica en Enfermedades Infecciosas (AFINF) de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH). Su exposición, descrita por el propio Martínez García como “magistral”, contextualizó el problema con datos contundentes: más de cinco millones de muertes globales asociadas a infecciones multirresistentes y más de un millón atribuibles directamente a la resistencia antimicrobiana.

Martínez Núñez recordó que, pese a los esfuerzos realizados desde 2014 con el PRAN, “no existe una relación causa–efecto inmediata entre la reducción del consumo y la disminución de resistencias debido a la complejidad multifactorial del fenómeno”. Subrayó la necesidad de reforzar la vigilancia, la prevención a través de la vacunación y de las medidas destinadas a la prevención de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria (IRAS), estandarizar indicadores, impulsar la innovación antimicrobiana y avanzar hacia una integración real del enfoque One Health: salud humana, animal y medioambiental.

En este sentido, insistió en que “el sector privado es imprescindible para que el PRAN llegue a todo el sistema sanitario” y que su participación en la certificación PROA es “una oportunidad clara para consolidarse como aliado clave del plan 2025–2027”.

Estrategia, PRAN y sector privado

La primera mesa de trabajo y debate, moderada por José María Martínez García, reunió a Mª Eugenia Martínez Núñez, miembro del Grupo AFINF de la SEFH; Javier Bécares Martínez, jefe de Servicio de Farmacia de la Fundación Jiménez Díaz; y Laura Rubio Cirilo, responsable corporativo de Medicina Preventiva y coordinadora PROA del Grupo Vithas. Un panel que permitió contrastar la experiencia del sector público y privado en la implantación del PRAN, y, sobre todo, evaluar qué está funcionando y qué sigue siendo un reto.

Rubio abrió el debate afirmando que el PRAN “ha supuesto un salto estratégico al homogeneizar líneas de trabajo, ampliar la vigilancia e incorporar nuevos ámbitos como los antifúngicos”. Destacó que la publicación del plan 2025–2027 llega en un momento clave: “Tenemos mucho qué, pero ahora el reto está en el cómo y en los recursos”. Recordó que el PRAN continúa reforzando el enfoque One Health, aumenta el número de antimicrobianos vigilados e impulsa la digitalización, pero que la verdadera eficacia del plan dependerá de su aterrizaje práctico en los centros sanitarios.

En este punto fue clara: el sistema necesita interoperabilidad real entre hospitales, un lenguaje común, sistemas de información compatibles y una definición cerrada de qué debe considerarse un equipo PROA “funcionante” en términos de dotación mínima, perfiles profesionales y tiempo protegido. “No basta con recomendar la composición de los equipos. Hay que establecer qué es un PROA y qué no lo es”, subrayó.

Bécares coincidió en el valor del PRAN, especialmente para frenar el uso indiscriminado de antimicrobianos, pero recordó que su éxito también depende de factores estructurales. “Los antimicrobianos son de los pocos medicamentos que curan, por eso su gestión debe ser extremadamente rigurosa”. En su opinión, España necesita marcos normativos más sólidos, que otorguen a los equipos PROA capacidad real para intervenir en la prescripción; herramientas digitales comunes que permitan comparar resistencias, consumos y protocolos entre hospitales; y un modelo de financiación actualizado, especialmente para poder incorporar nuevos antimicrobianos en indicaciones complejas.

El farmacéutico puso sobre la mesa un problema que atraviesa tanto al sector público como al privado: la falta de herramientas informáticas compartidas que permitan medir con precisión el consumo por estancia, los perfiles de resistencia y el impacto clínico de las intervenciones. “A veces es dramático trabajar sin un sistema homogéneo de información”, lamentó.

Durante el debate, los tres expertos coincidieron en que las diferencias entre centros públicos y privados no deben convertirse en una barrera, sino en una oportunidad para avanzar juntos. Rubio insistió en que la clave es “compartir protocolos, indicadores y estrategias” para evitar duplicidades y acelerar la implementación real del PRAN en todo el sistema sanitario.

Bécares añadió un matiz relevante: en el ámbito privado la heterogeneidad de las relaciones contractuales puede dificultar la homogeneidad en la prescripción y en la adopción de políticas antimicrobianas, especialmente cuando parte de la actividad depende de profesionales que ejercen en varios centros. Aun así, subrayó que la mejor manera de implicar a las direcciones y a los clínicos es demostrar resultados: “Un buen uso antimicrobiano reduce mortalidad, estancia hospitalaria y complicaciones quirúrgicas. Cuando se presentan estos datos, el apoyo de la gerencia llega solo”.

Por su parte, Martínez Núñez completó la mesa recordando que la eficacia del PRAN dependerá de que todo el sistema sanitario hable el mismo idioma en vigilancia, cultura PROA, indicadores y formación. En su opinión, “los avances del sector privado en PROA desde 2021 demuestran que es un aliado imprescindible para que el PRAN llegue de verdad a todo el país”.

La realidad asistencial de los PROA

La segunda mesa del encuentro, moderada por Iris González Pallarés, microbióloga del Hospital Universitario de Torrejón, permitió aterrizar el debate en la práctica clínica diaria. El panel estuvo formado por Jaime Esteban Moreno, especialista en Microbiología y coordinador PROA del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz; Alberto Fernández Zapata, coordinador de la UCI de los hospitales Vithas Alicante y Vithas Medimar; Emilio Maseda Garrido, jefe asociado del Servicio de Anestesia-Reanimación del Hospital Quirónsalud Valle del Henares, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador del Grupo de Trabajo de Infección Perioperatoria de la Sociedad Española de Anestesia y Reanimación (GTIPO-SEDAR); Guadalupe Sevilla Santos, farmacéutica hospitalaria, miembro del PROA y de la Comisión de Infecciosas del Hospital Universitario de Torrejón; y María Eugenia Sevillano Pérez, especialista en Medicina Intensiva del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

Jaime Esteban Moreno expuso con claridad que el éxito de estos programas depende, antes que de las estructuras, de las relaciones humanas: “el éxito del PROA depende del trabajo multidisciplinar y del contacto humano: hay que ir a los servicios a ayudar, no a imponer”. Defendió que los equipos PROA deben construirse desde la credibilidad y la colaboración, no desde la jerarquía. “Solo así podemos entrar en quirófanos, en UCI, en plantas médicas… y cambiar inercias que llevan décadas arraigadas”.

Esa visión transversal fue compartida por Alberto Fernández Zapata, quien subrayó que los PROA “no pueden funcionar solo con médicos”. En su experiencia en las unidades de críticos, el papel de enfermería es determinante: “enfermería es esencial para detectar cambios clínicos, administrar correctamente los antimicrobianos y anticipar complicaciones”. Reivindicó su papel como primera línea en la identificación de empeoramientos, en la toma de muestras adecuadas y en el cumplimiento riguroso de las pautas de administración, aspectos que influyen directamente en la eficacia terapéutica y en la aparición de resistencias.

La farmacéutica Guadalupe Sevilla Santos aportó una perspectiva clave sobre la evolución de los patógenos en los últimos años, alertando de que “las resistencias en antifúngicos ya son una realidad creciente”. Explicó que esta tendencia obliga a los equipos PROA a mirar más allá de los antibacterianos tradicionales, incorporando algoritmos de optimización antifúngica y protocolos más estrictos de uso racional, especialmente en pacientes críticos e inmunodeprimidos.

Por su parte, Emilio Maseda Garrido centró su intervención en el futuro inmediato de la prescripción antimicrobiana, defendiendo el papel emergente de la inteligencia artificial. Destacó que nuevas herramientas basadas en algoritmos de aprendizaje automático “alcanzan tasas de acierto del 95%, muy superiores al desempeño humano en entornos de alta presión clínica”. Para Maseda, la IA permitirá estandarizar la prescripción empírica, reducir errores en situaciones urgentes y mejorar la adecuación inicial del tratamiento en infecciones graves, un factor directamente ligado al pronóstico.

La intensivista María Eugenia Sevillano Pérez añadió que estos avances tecnológicos, combinados con la digitalización de historiales y los sistemas de alertas automáticas, pueden transformar la forma en que se supervisan las duraciones terapéuticas, las duplicidades, la dosificación en función de la función renal o la necesidad de desescalar. “Hoy la clave está en pasar de la dependencia de la memoria individual a sistemas que trabajen a favor del clínico, no en su contra”, señaló.

En conjunto, la mesa coincidió en que los PROA tienen su mayor impacto cuando se integran profundamente en la práctica diaria, se apoyan en el conocimiento multidisciplinar y logran transformar la cultura antibiótica del hospital. Desde la toma de decisiones empíricas en urgencias hasta la desescalada en UCI o la revisión farmacéutica diaria, todos los ponentes subrayaron que la calidad asistencial depende de que los equipos PROA estén bien conectados, informados y respetados dentro de la organización.

Indicadores, cultura y futuro

El debate concluyó con una reflexión conjunta sobre hacia dónde deben evolucionar los Programas de Optimización de Antimicrobianos en los próximos años. Los especialistas coincidieron en que el futuro de los PROA no depende solo de nuevas herramientas o normativas, sino de una transformación cultural que impregne todos los niveles asistenciales. Como se recalcó en la mesa, un PROA no es un grupo, sino una forma de trabajar.

El presidente de NME, José María Martínez García, clausuró el encuentro recordando diez conclusiones clave que deben guiar el avance inmediato del sistema sanitario: la necesidad de liderazgo real, la importancia del enfoque One Health, el rol transformador de la IA, la urgencia de dotar recursos y estructura a los PROA y, especialmente, la obligación de superar los egos profesionales, un obstáculo recurrente que frena la coordinación y el progreso.