“Hemos conseguido reducir el peso de los envases más de un 25%”

En los últimos veinte años, SIGRE se ha consolidado como un referente nacional e internacional en la gestión de residuos de medicamentos y sus envases. Su director general desde enero de 2024, Miguel Vega, ha repasado con New Medical Economics la evolución de la entidad, los desafíos afrontados y las prioridades de futuro en un contexto en el que la economía circular y la sostenibilidad marcan la agenda sanitaria y medioambiental.

Sr. Vega, usted ha estado ligado a SIGRE desde 2001. ¿Cómo describiría la evolución de la entidad en estos más de veinte años y qué aprendizajes ha obtenido de esa experiencia?

La evolución ha sido muy positiva. Hemos pasado de ser un proyecto pionero a convertirnos en un referente tanto nacional como internacional en materia de gestión de residuos de medicamentos y sus envases. En estos años hemos tenido que crear un sistema específico, dotarlo de infraestructuras y garantizar que la recogida fuese eficaz y el tratamiento acorde con los principios de la economía circular.

También hemos avanzado en innovación y digitalización, y sobre todo en crear un hábito en la sociedad. La ciudadanía comprende cada vez más la importancia de gestionar adecuadamente estos residuos, no solo para evitar contaminación ambiental, sino también porque esa contaminación puede tener repercusiones directas sobre la salud. El concepto One Health es muy claro: no puede haber personas sanas en un planeta enfermo.

Tras más de dos décadas en distintos puestos, ¿qué supuso para usted ser nombrado director general en enero de 2024? ¿Cómo afronta esta nueva etapa?

En primer lugar, un privilegio. Y en segundo lugar, un gran desafío y una enorme responsabilidad. Estamos hablando de un compromiso a nivel empresarial relativamente joven: la protección medioambiental aplicada a productos y servicios, y, en este caso, al medicamento. Eso significa que henos tenido que ir creando un modelo y adaptándolo a nuevas normativas tanto europeas como nacionales. Mi misión es consolidar el sistema, mantener su eficacia y, al mismo tiempo, hacerlo evolucionar conforme a las nuevas tendencias regulatorias y sociales.

En este primer año y medio como director general, ¿qué balance hace de la gestión y cuáles han sido sus principales prioridades?

Quizá no sea yo el más indicado para ponernos una nota, pero el balance es muy positivo. Hemos conseguido un sistema reconocido por el ciudadano, cada vez más implantado en los hogares españoles, según muestran nuestros sondeos y los datos de recogida. El ciudadano ha incorporado el hábito del reciclaje de medicamentos en sus prácticas habituales.

Hemos logrado eficacia en la gestión, seguridad gracias al control farmacéutico y trazabilidad para garantizar un correcto tratamiento. Nuestras prioridades han sido tres: concienciación ciudadana, innovación y tecnología para mejorar la eficiencia, y colaboración con todos los agentes implicados, desde laboratorios hasta administraciones públicas.

Además, conviene recordar que tener medicamentos en casa caducados o en desuso supone un riesgo de accidentes, especialmente para niños y mascotas, además de fomentar una automedicación incontrolada. De ahí la importancia de revisarlos y depositarlos en los Puntos SIGRE.

¿Qué momentos de especial dificultad o desafío recuerda en la historia de SIGRE y cómo se lograron superar?

Hubo dos grandes retos. El primero, la implantación inicial del sistema, cuando hubo que diseñar un modelo específico, diferente a los ya existentes, y lograr la implicación de toda la cadena del medicamento y de las administraciones. El segundo, sin duda, fue la pandemia de la COVID-19.

Durante esos meses, la recogida de residuos fue declarada servicio esencial. Las farmacias siguieron abiertas y los ciudadanos continuaron colaborando. Gracias a la cooperación de todo el sector y a la implicación de administraciones y pacientes, conseguimos mantener la recogida en un momento logístico muy complicado, lo que fue fundamental para la gestión del país.

Desde su visión, ¿qué hace de SIGRE un modelo de referencia en sostenibilidad y economía circular dentro del sector farmacéutico?

La clave está en la alianza sectorial. Laboratorios, distribución y farmacias participan conjuntamente, lo que convierte a SIGRE en el mayor proyecto colaborativo medioambiental del sector farmacéutico. Este modelo garantiza trazabilidad y seguridad, y permite al ciudadano desprenderse de los medicamentos de forma cómoda en su farmacia habitual.

Desde el inicio, se diseñó bajo principios de economía circular: recuperar materiales y reincorporarlos a los ciclos productivos. Hoy reciclamos más del 70% de los envases recogidos. Y el resto, mediante valorización energética, se aprovecha al 100%, evitando que ningún residuo acabe en vertedero sin un tratamiento previo.

Laboratorios, farmacias y distribución forman parte del engranaje de SIGRE. ¿Cómo valora la colaboración del sector en el éxito de este modelo?

Es fundamental. La industria no solo financia el sistema, sino que impulsa planes de prevención y ecodiseño. Hemos conseguido reducir el peso de los envases más de un 25% y que uno de cada tres medicamentos que se comercializa en España incorpore mejoras medioambientales en su envase.

La distribución aporta la logística inversa, que permite un ahorro económico y medioambiental, evitando unas 1.400 toneladas de emisiones de CO2 al año. Y las farmacias, con más de 22.200 puntos en todo el país, son esenciales no solo para la recogida, sino también para la concienciación ciudadana, gracias a la relación de confianza que mantienen con los pacientes.

¿Qué iniciativas están actualmente en desarrollo y qué impacto espera que tengan en la gestión medioambiental del medicamento?

Estamos en un momento de transformación. La normativa obliga ahora a las compañías a responsabilizarse también de los envases que venden a otras empresas, como hospitales o centros sanitarios. Esto nos lleva a desarrollar nuevos modelos de gestión más eficientes y sostenibles.

En paralelo, impulsamos la farmacia como punto de información, aprovechando que más de dos millones de ciudadanos pasan cada día por sus mostradores. Estamos reforzando campañas de concienciación y lanzaremos una nueva en octubre.

Además, trabajamos en  Inteligencia Artificial y digitalización, tanto a nivel interno como en la separación de residuos. Queremos incrementar las tasas de reciclaje y explorar nuevas tecnologías para envases complejos, como los blíster multimateriales.

¿Qué papel juegan la innovación y la digitalización en el futuro de SIGRE? ¿Hay proyectos concretos en marcha en este sentido?

Son parte de nuestro ADN. Contamos con una planta de clasificación pionera en el mundo, que ha marcado un referente tecnológico. La innovación nos ha permitido alcanzar altos ratios de recuperación y seguir mejorando.

Ahora, tecnologías como la robótica, la visión por imagen y la  Inteligencia Artificial nos van a permitir optimizar aún más los procesos, mejorar la comunicación con los agentes implicados y dotar de mayor transparencia la información a administraciones, industria y sociedad.

¿Qué grandes retos se plantea SIGRE para los próximos años y cómo piensa abordarlos desde la dirección general?

Tenemos dos frentes principales. En el ámbito doméstico, seguir mejorando la eficiencia y la incorporación de nuevas tecnologías. Y, en paralelo, abordar la gestión de los envases comerciales e industriales, que suponen una nueva obligación normativa.

Esto implica trabajar junto a otros sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor y con las administraciones locales, ya que muchos residuos de envases generados en centros sanitarios están bajo gestión municipal. Queremos crear un modelo eficiente y aprovechar esta oportunidad para modernizar normativas anticuadas.

Nuestro objetivo es establecer convenios de colaboración, formar al personal sanitario en segregación de residuos y permitir que la financiación por parte de las compañías cubra los costes de la gestión eficiente de los envases c, sin perder de vista la calidad del dato y la trazabilidad del residuo..

Para concluir, ¿qué mensaje trasladaría a los ciudadanos sobre la importancia de un consumo responsable de medicamentos y del uso de los Puntos SIGRE en las farmacias?

Los medicamentos son probablemente el producto que más influye en la mejora de nuestra calidad de vida. Pero hay que usarlos y gestionarlos con responsabilidad. Igual que ayudan, también pueden provocar accidentes o generar contaminación que repercute en nuestra salud.

El uso responsable no termina cuando se sigue el tratamiento prescrito, sino cuando nos deshacemos correctamente de los restos y envases. Revisar el botiquín y llevar los medicamentos al Punto SIGRE debe ser parte de ese uso responsable. Es un hábito que ya se está asentando en la sociedad, pero en el que debemos seguir insistiendo.

¿Desea añadir alguna reflexión final?

Estamos en un momento clave. Europa ha apostado por la transición de una economía lineal a una circular. El modelo actual no es sostenible: no podemos seguir extrayendo recursos finitos ni generando ingentes cantidades de residuos.

La economía circular es el único camino. Para SIGRE, que nació con esa vocación, es el momento de acelerar en esta transición ecológica  y de aprovechar el impulso global para seguir mejorando la gestión de los residuos.