José Juan Martínez Pérez
Hoy vamos a meternos de lleno en algo del futuro de la sanidad: la llamada salud digital en España.
Para empezar, tenemos la Estrategia Nacional del Gobierno de España, que es como el plan maestro.
Luego, un borrador de una nueva Ley que parece que va a cambiar bastante las reglas.
Y para poner los pies en la tierra, un informe que es casi una radiografía de cómo está cada comunidad autónoma ahora mismo, a finales de marzo de 2026.
Empezamos por la base, por los cimientos de todo: la Estrategia Nacional de Salud Digital. Es un documento de 2021, del Ministerio de Sanidad.
La idea de fondo parece sencilla: usar la tecnología para fortalecer el sistema público. Y aunque sea de 2021, es fundamental para entender la filosofía.
El plan no va de tecnología por tecnología, sino que se marca cuatro objetivos muy grandes. Los dos primeros son los que uno esperaría de cualquier estrategia de salud. Por un lado, capacitar a las personas, darles más control. Y por otro, mejorar las herramientas de los profesionales, que todo sea más eficiente; hasta ahí bien. Pero los dos últimos son los que de verdad suponen un cambio de mentalidad.
El tercero es crear un Espacio Nacional de Datos de Salud. Pero no es un simple almacén de datos. La idea es poder usar esa información, de forma segura y anónima para investigar, para evaluar qué tratamientos funcionan mejor; para generar conocimiento que mejore el propio sistema.
Y el cuarto es el que lo cambia todo. Avanzar hacia lo que llaman la medicina de las 5P. Pero no es de marketing. ¿Qué es exactamente? Pues es un cambio de paradigma total. Las P son de poblacional, preventiva, predictiva, personalizada y participativa. Significa pasar de un sistema que actúa cuando ya estás enfermo, a uno que se anticipa, que puede predecir riesgos usando datos, personalizar tus tratamientos y que te hace partícipe de tu propia salud. Dejar de apagar fuegos para evitar que haya incendios.
Esa es la idea. Suena increíble, casi utópico. Pero genera una duda.
Este enfoque tan predictivo, si un sistema me dice que tengo un 80% de probabilidades de desarrollar algo en 10 años, ¿no corremos el riesgo de crear una sociedad de pre-enfermos llenos de ansiedad? Esa es una pregunta fundamental y es, de hecho, uno de los grandes debates éticos que hay ahora mismo. La estrategia del Ministerio de Sanidad lo menciona, habla de ética y seguridad, pero no entra en cómo gestionar esa ansiedad predictiva.
Y ahí, lo más importante, aunque suene poco glamuroso, es la interoperabilidad. Que viene a ser para que nos entendamos que el ordenador del Hospital de La Coruña se entienda con el del Centro de Salud de Almería.
Sin eso, sin que los datos fluyan bien, todo lo demás es ciencia-ficción. La estrategia se centra en construir las tuberías del sistema. El debate sobre qué agua pasará por ellas es algo que tenemos que afrontar como sociedad.
Tenemos la utopía de las 5P y la fontanería para llegar a explotar los datos. Pero claro, esto es el plan nacional, y la sanidad en España se juega en 17 campos autonómicos distintos. Y para eso tenemos la radiografía de la realidad. La recopilación de estrategias de salud digital, que nos dice qué está pasando de verdad en cada autonomía.
Y la foto que muestra es pues un mosaico, bastante fragmentado, como era de esperar. A finales de marzo de 2026 la situación es muy diversa. Tienes a 9 comunidades, como Andalucía, Cataluña o Galicia, que sí tienen una estrategia publicada y en marcha. La mitad más o menos. Luego está el caso de Madrid, que tiene una estrategia antigua y una nueva, de 2026, que acaba de publicarse. O sea que ya de entrada, casi la mitad del territorio va por libre o a otro ritmo distinto del Ministerio de Sanidad.
Hay otras 4, como Asturias o País Vasco, que están en ello, que están desarrollando sus planes.
Y un último grupo de 4, como Canarias o Navarra, que no tienen un plan como tal, pero sí hacen proyectos de digitalización por su cuenta. Un poco cada uno a su aire.
Y luego Ceuta y Merilla, que van con INGESA.
La experiencia sanitaria digital de una persona puede ser radicalmente distinta según donde viva
El resultado es que la experiencia sanitaria digital de una persona puede ser radicalmente distinta según donde viva. Y esta desigualdad, me imagino, no es casual. ¿Dependerá de la voluntad política, de la inversión, de la base tecnológica que ya tuvieran?
Cada comunidad es un mundo, con sus prioridades y sus problemas. Y esa fragmentación es el gran obstáculo para que el plan nacional funcione. Si los datos no fluyen, el Espacio Nacional de Datos es una buena intención.
Entonces, llegamos a un punto muerto. Un plan nacional muy ambicioso y una realidad autonómica a 17 velocidades. ¿Cómo se soluciona esto? Pues aquí es donde la trama da un giro interesante.
El impulso para desatascar todo esto no viene de dentro. Viene de fuera. De Europa.
La Unión Europea vio que esta fragmentación era un problema en casi todos los estados y decidió tomar cartas en el asunto con un reglamento. El Reglamento del Espacio Europeo de Datos de Salud, el UE2025-327.
Estoy diciendo que ha tenido que venir Bruselas a poner orden porque aquí no nos poníamos de acuerdo. Suena un poco a tirón de orejas a nuestro modelo autonómico.
El hecho es que este reglamento no es una sugerencia. Es de aplicación directa, obligatoria. Y pone una fecha límite, 25 de marzo de 2027.
Para entonces, todo es a cumplir. Y esto obliga a España a moverse. Y de ahí nace el Anteproyecto de Ley que tenemos.
Es la herramienta para cumplir con lo que exige Europa, fundamentalmente, dos cosas.
Lo que llaman uso primario y uso secundario de los datos. El uso primario es tu derecho, como ciudadano, a acceder a tus datos de salud en cualquier lugar de la UE.
Se crea una plataforma, misalud.at.eu. Imagina que estás de vacaciones en Portugal, tienes una urgencia. Y el médico de allí puede ver mi historial de alergias. Con tu permiso, sí.
Puede ver tus últimas analíticas, tus alergias, de eso hablamos. Eso sí que es un cambio práctico y tangible para la gente. Se acabaría lo de ir con la carpeta de informes médicos a todas partes.
Esa es la idea. Y el segundo pilar es el uso secundario, a través de datosalud.at.eu. Y aquí el potencial es enorme.
Investigadores analizando, de forma anónima, los datos de respuesta a un fármaco contra el cáncer de pulmón en 50.000 pacientes de toda Europa. Podrían descubrir, en semanas, no en años, qué perfiles responden mejor. Es usar la inteligencia colectiva de los datos para innovar.
Y la nueva Ley española es la que tiene que organizar todo este tinglado en casa. El anteproyecto define la gobernanza, quién manda en qué, quién es responsable de los datos.
Y segundo, y esto es un cambio tectónico, extiende la regulación al sector privado. La sanidad privada, que siempre ha sido un ecosistema de datos muy cerrado, va a tener que abrir sus sistemas y hacerlos compatibles con la sanidad pública. Tendrá que cumplir los mismos estándares. El objetivo es garantizar la continuidad asistencial, estés donde estés.
Además, la Ley crea un marco para usar tecnologías como la inteligencia artificial. Pone las reglas para usar datos del sistema público para entrenar algoritmos, por ejemplo, e incluso crear un programa MIR para la IA. Se trata de poner orden y dar seguridad jurídica a toda esta revolución.
Esto nos lleva a una pregunta inevitable. Con esa capacidad de agregar y analizar millones de datos genómicos, clínicos, de estilo de vida, ¿estamos a las puertas de una sanidad que pueda predecir enfermedades años antes de que aparezcan? Y si la respuesta es sí, ¿qué significa eso para nuestra privacidad, para las aseguradoras y para la propia definición de lo que es estar sano? Una pregunta que lo cambia todo.





