En el Módulo IX del Curso de Actualización en Medicina Personalizada y de Precisión, organizado por el SERGAS junto a New Medical Economics, tres voces de referencia analizaron la situación actual de la farmacogenética en la práctica clínica: Ángel Facio Villanueva, gerente del Área Sanitaria de Santiago y moderador de la sesión; Adrián Llerena Ruiz, director del Instituto Universitario de Investigación Biosanitaria de Extremadura; y Olalla Maroñas Amigo, investigadora con labor asistencial en la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica.
Desde el inicio, Facio contextualizó la relevancia del módulo: “Poner en valor la investigación y trasladarla a la cabecera del paciente es uno de los objetivos más lógicos”, afirmó, incidiendo en el papel del conocimiento traslacional. También recordó su visión desde la gestión y la clínica: “Esto me permite ver lo que puede aportar la medicina personalizada en distintos niveles asistenciales y a la organización en su conjunto”.
Con este marco, dio paso a las intervenciones de Llerena y Maroñas, encargados de analizar la aplicabilidad real de la farmacogenética en España.
Implementación práctica en España: regulación, experiencias y lecciones
España ha dado pasos inusuales en el plano regulatorio y organizativo: la Cartera Común de Servicios del Sistema Nacional de Salud incluye ya una lista mínima de pruebas farmacogenéticas y fármacos asociados, y la AEMPS ha puesto a disposición una base de datos que resume las recomendaciones presentes en las fichas técnicas. Llerena no tuvo dudas al describirlo: “Somos el primer sistema de salud que ha implementado de forma coordinada y normativa un procedimiento asistencial de farmacogenómica para todo el país”.
Pero la regulación es la primera etapa; la segunda es la puesta en marcha local. Aquí emergen dos experiencias complementarias: la de Extremadura, con el proyecto MEDEA, y la de Galicia, con la Fundación de Medicina Xenómica. MEDEA propone una implementación universal: analizar al paciente no solo por el fármaco concreto que se va a prescribir, sino considerando toda su medicación y situación clínica. Llerena explicó la lógica práctica: “No es una solicitud de un biomarcador; es una evaluación de toda la terapéutica del paciente”.
En Extremadura se han estudiado miles de pacientes, desarrollaron un laboratorio y una herramienta de interpretación clínica (clinical decision support) mediante compra pública innovadora y pusieron en marcha consultas hospitalarias y en primaria que generan informes accesibles en la historia clínica electrónica. Los resultados preliminares muestran que un porcentaje elevado de pacientes —cifrado por el propio equipo en torno al 58% en determinados análisis— requiere, de acuerdo con la cartera, algún estudio farmacogenético que puede influir en la prescripción.
En Galicia, Maroñas subrayó la ventaja organizativa: siete áreas sanitarias con una única historia clínica electrónica, lo que facilita que la información genética sea visible en todos los niveles asistenciales. Desde su perspectiva, la farmacogenética es una herramienta más en la medicina personalizada, pero una herramienta madura en ciertos biomarcadores y pendientes de validación en otros. “Tenemos muchísimos biomarcadores —dijo—, pero están en diferentes grados de evidencia; no todo lo publicado es aplicable clínicamente sin validación”. Por eso la cartera común, que define un paquete básico con alto nivel de evidencia para todos los ciudadanos, supone un hito de equidad: garantiza que un paciente en cualquier comunidad tenga acceso a las pruebas esenciales.
Las experiencias prácticas también dejan lecciones operativas: la flexibilidad tecnológica (PCR, arrays, NGS según el recurso), la necesidad de informes breves y accionables (un PDF con lo esencial en la historia clínica) y la integración con farmacovigilancia activa. MEDEA, por ejemplo, articula un sistema de monitorización de reacciones adversas y un circuito para derivación cuando la prueba no está disponible localmente, cumpliendo lo establecido en la cartera: las comunidades que no puedan ofrecer una técnica deben establecer mecanismos de remisión. Llerena resumió el enfoque con un objetivo pragmático: “Si un profesional puede prescribir, debe poder solicitar y usar la información genética para optimizar la prescripción”.
Retos, prioridades y horizonte
Las líneas de avance están claras, pero los obstáculos también. Primero, la armonización operativa: disponer de una cartera común no significa que la implementación sea uniforme; hay que acordar procedimientos, estándares de laboratorio, formatos de informe y criterios de remisión. Desde el punto de vista de la calidad Maroñas destacó el Programa Proficiency Testing en Farmacogenética, pionero en Europa, de alcance Nacional y coordinado desde Galicia como una herramienta para determinar la calidad analítica de las pruebas farmacogenéticas. Segundo, la financiación: muchos proyectos piloto han nacido con fondos de investigación que vencen; mantener servicios estables exige integración presupuestaria en la gestión sanitaria. Tercero, la educación clínica: como reconoció el moderador y repitieron los ponentes, falta conciencia y formación entre prescriptores —medicina primaria, especialistas y farmacéuticos— para usar la información genética en el juicio clínico diario. Finalmente, la equidad poblacional: la diversidad ancestral implica que paneles diseñados sobre poblaciones europeas pueden perder sensibilidad en otras comunidades; Llerena lo dejó claro: “No podemos permitir que la medicina personalizada aumente la inequidad”. Por eso se impulsan redes de investigación en Latinoamérica y estudios sobre ancestría que permitan adaptar paneles y recomendaciones.
En el plano clínico inmediato hay decisiones prácticas que ya generan impacto: ajustar dosis (por ejemplo, antivirales, antidepresivos, antineoplásicos como fluoropirimidinas), evitar fármacos en pacientes con variantes de riesgo (abacavir/HLA, DPYD/5-FU) y anticipar interacciones potencialmente peligrosas cuando la comedicación comparte vías de metabolización. Maroñas puso un ejemplo pedagógico: los distintos estados metabolizadores (lento, intermedio, normal, ultrarrápido) condicionan la eficacia y la toxicidad de antipsicóticos y antidepresivos; identificar esos estados permite personalizar dosis, elegir alternativas o intensificar seguimiento.
La suma de regulación, proyectos autonómicos, soporte informático y base investigadora convierte a España en un ejemplo de implementación escalable. Queda, no obstante, un esfuerzo de consolidación: convertir iniciativas exitosas en servicios estables y asequibles, formar a prescriptores, homogeneizar criterios y mantener la investigación para ampliar y actualizar la cartera de biomarcadores según la evidencia emergente. Maroñas destacó además el valor de los planes piloto de implementación, como el Plan de Implementación en Psiquiatría en curso en la comunidad gallega, como una herramienta para valorar la implementación clínica de fármacos con biomarcadores accionables.
España ha pasado de escuchar promesas sobre medicina personalizada a articular herramientas concretas —una cartera nacional, bases regulatorias y programas autonómicos— que entran en la consulta y en la historia clínica. Las intervenciones de Adrián Llerena Ruiz y Olalla Maroñas Amigo muestran que el debate técnico y la experiencia real convergen en un objetivo compartido: reducir daño evitable, mejorar eficacia y garantizar que la genética sea una ayuda para el juicio clínico, no un fin en sí misma. El camino está trazado; ahora toca recorrerlo con coherencia organizativa, evidencia y equidad.





