En nuestro SNS, ya es histórica la colaboración entre las administraciones sanitarias y los proveedores asistenciales privados, convirtiéndose en una herramienta clave para garantizar la sostenibilidad, la equidad y la calidad de los sistemas de salud. En este contexto, conviven distintos modelos de hospitales no públicos: desde hospitales privados familiares hasta grandes grupos participados por fondos de inversión, junto a una realidad a menudo menos visible pero especialmente relevante: los hospitales del tercer sector, promovidos por fundaciones, órdenes religiosas u otras entidades sin ánimo de lucro.
Reflexionar sobre las bondades, ventajas y también las limitaciones de suscribir conciertos o convenios con este tipo de hospitales frente a otros modelos privados resulta especialmente pertinente en un momento de creciente presión asistencial, envejecimiento de la población, cambios en el modo de sentir y pensar de los ciudadanos y de la sociedad en conjunto, escasez de profesionales y necesidad de reforzar la legitimidad social del gasto sanitario público.
Los hospitales del tercer sector se caracterizan por una finalidad social explícita, la ausencia de reparto de dividendos, la reinversión de los excedentes en la mejora del propio centro y una vocación de servicio público, aun operando bajo fórmulas jurídicas privadas. Su lógica de funcionamiento no se centra en la rentabilidad financiera a corto plazo, sino en la sostenibilidad asistencial y el impacto social.
Desde el punto de vista de la Administración, los conciertos con hospitales del tercer sector ofrecen ventajas claras: alineamiento de valores, estabilidad institucional, menor riesgo de comportamientos oportunistas y una mayor legitimidad social del uso de recursos públicos. Como contrapartida, pueden presentar menor flexibilidad financiera y procesos de decisión más complejos.
Para los profesionales sanitarios, estos hospitales suelen ofrecer proyectos con sentido, mayor estabilidad laboral, autonomía clínica y espacios para la docencia y la investigación. Entre los inconvenientes se encuentran menores incentivos económicos variables y procesos de promoción más lentos, aspectos estos que se van trabajando en los últimos años con el fin de ser más competitivos y evitar la fuga de talento.
‘Los hospitales del tercer sector se caracterizan por una finalidad social explícita’
Desde la perspectiva de los pacientes, destacan la atención centrada en la persona, la menor percepción de medicina inducida, la continuidad asistencial y la “hospitalidad” como eje vertebrador de sus principios y valores respecto de los cuidados. Las limitaciones pueden venir dadas por una menor rapidez en la incorporación de determinadas innovaciones.
Los hospitales universitarios del tercer sector representan una expresión especialmente avanzada de la colaboración público-privada. A su misión asistencial y social incorporan de forma estructural la docencia y la investigación, convirtiéndose en espacios de generación y transmisión de conocimiento al servicio del sistema sanitario en su conjunto. A diferencia de otros modelos, el hospital universitario del tercer sector no concibe la formación de profesionales ni la investigación clínica como un elemento accesorio o reputacional, sino como una responsabilidad social. La reinversión de resultados en capacitación, innovación organizativa y mejora de procesos permite crear entornos clínicos donde la calidad asistencial, la evidencia científica y la humanización avanzan de forma integrada.
Para la Administración, estos hospitales universitarios, suponen aliados estratégicos para garantizar la formación de futuros profesionales, atraer y fidelizar talento y extender una cultura de mejora continua y ética del cuidado. Para los profesionales, ofrecen un marco de desarrollo académico y clínico alineado con valores de servicio público. Y para los pacientes, refuerzan la confianza en una atención basada en el conocimiento, la seguridad y el compromiso social.
En un contexto de transformación del sistema sanitario, los hospitales universitarios del tercer sector no solo prestan servicios, sino que contribuyen activamente a construir el sistema del futuro.
Finalmente, la viabilidad y pervivencia de los hospitales del tercer sector exige una financiación adecuada, estable y realista de los contratos y convenios suscritos con la Administración. Una infrafinanciación estructural no solo pone en riesgo la sostenibilidad económica de estas entidades, sino que debilita su capacidad para mantener la calidad asistencial, la formación de profesionales y la innovación al servicio del interés general.
Una financiación justa y alineada con la complejidad real de la actividad asistencial actúa, además, como elemento vertebrador entre la calidad de la atención, el compromiso profesional y la capacidad docente e investigadora de estos centros, permitiendo que el valor social que generan se sostenga en el tiempo y revierta plenamente en el sistema sanitario y en la ciudadanía.
Como conclusión podríamos decir que la colaboración público-privada con hospitales del tercer sector representa una oportunidad estratégica para reforzar la sostenibilidad, la calidad y la cohesión social del sistema sanitario. No se trata de una decisión ideológica, sino de una elección basada en el valor público generado, siempre que vaya acompañada de contratos y financiación realistas, aunque sean exigentes, indicadores claros y una gobernanza moderna y profesionalizada.
Antonio Alemany López, Director Gerente de la Fundación Hospitalarias Madrid





