La sanidad europea se enfrenta a un momento histórico: digitalización masiva, interoperabilidad y telemedicina avanzan, pero solo un sistema basado en identidad digital robusta y segura puede garantizar eficiencia, confianza ciudadana y seguridad nacional.

En la encrucijada de la transformación digital y los desafíos que enfrenta el sistema sanitario europeo, la “identidad digital” se revela como un componente crítico, muchas veces invisible, sin el cual muchas de las promesas de la salud conectada quedan en meras aspiraciones. Hoy, con regulaciones renovadas, avances tecnológicos y una creciente demanda ciudadana, esa infraestructura se perfila como estratégica, clave para garantizar una sanidad eficiente, interoperable y centrada en la persona, al tiempo que refuerza la seguridad nacional frente a ciberataques y fraudes.

Una ventana histórica para reinventar la salud

La publicación del European Health Data Space (EHDS) marca un antes y un después: establece un marco común para compartir datos sanitarios entre los países de la Unión Europea, con estándares de seguridad, interoperabilidad y protección del paciente. Para España, la Estrategia de Salud Digital del Sistema Nacional de Salud 2021-2026 consolida este impulso, permitiendo que los ciudadanos accedan a su historia clínica digital nacional mediante su tarjeta sanitaria individual o certificado digital, mientras los profesionales sanitarios pueden consultar información clínica interoperable desde cualquier punto del sistema.

Informes de la Unión Europea del 2024 muestran que más del 70 % de los ciudadanos de la UE ya tiene acceso a su historial médico electrónico, un aumento que refleja cómo la digitalización sanitaria se ha convertido en una prioridad estratégica, con la mirada puesta en cobertura universal y sostenibilidad del sistema.

Identidad digital: más que credenciales, un activo estratégico

La identidad digital en salud no es solo un nombre de usuario o contraseña. Es un activo crítico y estratégico, una infraestructura que garantiza que cada dato clínico esté vinculado de forma inequívoca a la persona correcta y que solo profesionales autorizados puedan acceder a información sensible. Este activo permite que el paciente tenga control y visibilidad sobre sus datos, mientras que cada registro, receta o documento clínico cuenta con firma digital validada.

La futura EU Digital Identity Wallet (EUDI Wallet) aspira a convertirse en una “llave universal” para acceder a servicios sanitarios y no sanitarios de forma segura, privada y bajo control del usuario. En un entorno sanitario complejo como el europeo, garantizar la robustez de la identidad digital es un imperativo que afecta directamente a la seguridad nacional, a la confianza de los ciudadanos y a la resiliencia del sistema.

Beneficios tangibles para pacientes, profesionales y sistemas

Una identidad digital fuerte tiene efectos directos y medibles:

Continuidad asistencial: la historia clínica está disponible y completa en cualquier punto del sistema, reduciendo errores y evitando duplicidad de pruebas.

Eficiencia y ahorro: se estima que el uso optimizado de datos sanitarios puede generar hasta 11.000 millones de euros de ahorro en la próxima década en la UE.

Impulso a la innovación: datos estructurados y accesibles permiten investigación avanzada, inteligencia artificial clínica y medicina personalizada.

Empoderamiento del paciente: control sobre sus datos y consentimientos, reforzando la confianza y mejorando la relación médico-paciente.

Atención transfronteriza segura: ciudadanos europeos pueden recibir atención médica en otro país miembro manteniendo acceso a su historial, receta electrónica y registros completos, fortaleciendo la cohesión sanitaria europea.

Algunos casos recientes en España muestran cómo los hospitales públicos que han implementado historia clínica interoperable y autenticación segura han reducido hasta un 20 % los errores administrativos y han mejorado la coordinación clínica entre las comunidades autónomas.

Colaboración público-privada: la palanca estratégica

La transformación digital sanitaria depende de la colaboración público-privada (PPP). La administración pública aporta regulación, estándares y seguridad jurídica, mientras que el sector privado contribuye con tecnología avanzada, innovación y escalabilidad.

Sector público: define estándares de interoperabilidad, regula privacidad y seguridad, garantiza cobertura universal y genera confianza ciudadana.

Sector privado: desarrolla soluciones de autenticación robusta, biometría, blockchain para trazabilidad de datos y sistemas escalables para hospitales, clínicas y laboratorios.

Este modelo acelera la adopción de la identidad digital y asegura que la infraestructura sea resiliente, segura y estratégica, capaz de adaptarse a la telemedicina avanzada, la inteligencia artificial clínica y la salud transfronteriza. Además, es un factor de sostenibilidad económica, al reducir costes de implementación, evitar duplicidades tecnológicas y fomentar innovación continua sin comprometer la seguridad nacional ni los derechos de los ciudadanos.

Regulación europea y ciberseguridad: la NIS2 como refuerzo del sistema

La reciente Directiva Europea NIS2 refuerza la necesidad de resiliencia digital en el sector salud. Reconociendo hospitales, laboratorios, centros de salud y fabricantes de productos sanitarios como operadores de servicios esenciales, la NIS2 obliga a implementar medidas estrictas de ciberseguridad: gestión de riesgos, controles de acceso, protección de datos, planes de respuesta ante incidentes y notificación obligatoria de ciberincidentes.

En este contexto, la identidad digital se vuelve inseparable de la ciberseguridad: autenticación robusta, trazabilidad de accesos y gobernanza del dato no solo son funcionales, sino estratégicas para la continuidad asistencial y la protección de la información sensible de millones de pacientes. La combinación de identidad digital interoperable y cumplimiento de NIS2 constituye un escudo crítico que protege al sistema sanitario y a la seguridad nacional frente a amenazas digitales cada vez más sofisticadas.

Retos éticos, sociales y de seguridad

No se puede subestimar la dimensión ética y social de la identidad digital:

Derechos del paciente sobre sus datos y transparencia en usos secundarios (investigación, IA, políticas públicas).

Riesgo de exclusión digital y desigualdad de acceso, que requiere estrategias de inclusión y formación digital.

Protección frente a ciberataques, suplantaciones y fraudes que podrían afectar la seguridad nacional.

Cada fallo en la identidad digital puede traducirse en pérdidas económicas y sociales significativas, además de comprometer la confianza ciudadana.

Tendencias futuras: hacia una identidad digital soberana y segura

El horizonte de la identidad digital en salud apunta a soluciones descentralizadas y basadas en blockchain, que otorguen al paciente control total sobre sus datos y consentimientos dinámicos. La inteligencia artificial permitirá detección de fraude y gestión automatizada de accesos, mientras la interoperabilidad europea asegura que los ciudadanos puedan moverse entre sistemas sanitarios nacionales y recibir atención sin fricciones.

El futuro de la identidad digital combina innovación tecnológica, soberanía del paciente y resiliencia europea para un sistema sanitario moderno y seguro.

Una inversión estratégica para el siglo XXI

La identidad digital debe entenderse como infraestructura crítica del sistema sanitario, al mismo nivel que carreteras, energía o comunicaciones. Invertir en ella significa:

Garantizar cohesión del sistema, más allá de comunidades autónomas o proveedores privados.

Acelerar la transformación digital: telemedicina, historia clínica única y receta electrónica.

Preparar la sanidad para investigación, innovación y medicina personalizada.

Mejorar eficiencia, reducir costes y elevar la calidad asistencial.

Proteger a los ciudadanos y reforzar la seguridad nacional, asegurando privacidad y derechos.

Cumplir con la NIS2 y otras regulaciones europeas para garantizar resiliencia frente a ciberamenazas.

Conclusión

La identidad digital no es una opción; es una condición crítica y estratégica para que la sanidad, en España y en Europa, sea moderna, sostenible, segura y centrada en la persona. Sin ella, cualquier proyecto de salud digital está condenado a fragmentarse y a quedar expuesto a riesgos de seguridad, errores y desperdicio económico.

La pregunta no es si adoptaremos la identidad digital en salud, sino cómo la implementaremos de manera estratégica, colaborativa, robusta y cumpliendo los estándares de ciberseguridad europeos, para que sea el eje de un sistema sanitario seguro, eficiente y preparado para los retos del siglo XXI.

Rosalía Fernández Vázquez, Doctora en Medicina. Master Gestión y Dirección de Instituciones Sanitarias. Analista de Inteligencia, Seguridad y Defensa, Internacional y Geopolítico.