La segunda edición del Congreso de Sanidad de la Asociación Española para la Calidad (AEC), celebrado el 3 de diciembre en el Auditorio Reina Sofía del Hospital Universitario HM Sanchinarro, reunió a profesionales, gestores, investigadores y empresas del ecosistema sanitario para reflexionar sobre un momento decisivo: la convergencia entre tecnología, humanización, terapias innovadoras y sostenibilidad.

Un encuentro guiado por la comunicadora Velilla Valbuena que reafirmó un mensaje central: la transformación sanitaria solo es posible si las personas, pacientes, profesionales y familias, permanecen en el centro del cambio.

La apertura institucional, a cargo de Beatriz López Gil, presidenta de la AEC y José Tolsdorf Rodríguez, del Grupo HM Hospitales y vicepresidente del Comité de Sanidad de la AEC, puso el foco en el sentido de este congreso: consolidar un espacio donde las organizaciones sanitarias puedan compartir conocimiento, inspirar nuevas prácticas y acelerar una innovación que genere valor real.

Desde el inicio se subrayó que la tecnología, por sí sola, no transforma nada. Son las personas quienes dan sentido a la innovación.

Conferencia inaugural: romper barreras, construir puentes

La intervención de Javier García Pajares, persona sordo-ciega y embajador de marca en ILUNION, marcó uno de los momentos más emotivos y significativos del congreso. Su experiencia vital sintetizó el propósito de la jornada: la tecnología debe usarse para ampliar capacidades, derribar limitaciones y permitir que cada persona pueda participar en igualdad de condiciones.

Su testimonio trascendió la inspiración para convertirse en un recordatorio: la accesibilidad y la inclusión no son atributos opcionales; son principios que deben guiar cualquier innovación sanitaria.

Aplicación de la IA en el día a día de la Sanidad

La primera mesa del congreso, moderada por Andrés García, vicepresidente de la Comunidad AEC IA, reunió a tres perfiles complementarios que permitieron aterrizar la Inteligencia Zrtificial en la práctica real del sistema sanitario. La conversación giró desde el uso cotidiano de la IA en hospitales hasta su impacto directo en la atención clínica, pasando por los retos que afrontan los profesionales en esta transición tecnológica. Fue un diálogo rico en ejemplos concretos que evidenció que la inteligencia artificial ya no es una promesa futura: está modificando la forma en que se trabaja, se decide y se acompaña al paciente.

David Castro, director de I+D+i del Grupo Miranza y colaborador experto en New Medical Economics, explicó que para él la IA se ha convertido en “una consultora especializada y una secretaria inteligente”. La emplea para revisar grandes volúmenes de documentación científica: informes técnicos, memorias de proyectos, papers biomédicos, estudios de mercado. Y separar, según dijo, “la información realmente útil de la paja”. También la utiliza para realizar búsquedas avanzadas más allá de los buscadores científicos habituales y como apoyo creativo y divulgativo en la conceptualización de ideas, análisis de tendencias y elaboración de materiales visuales. Su intervención dejó claro que la IA no solo acelera tareas: amplifica la capacidad del profesional para interpretar, sintetizar y comunicar conocimiento.

Por su parte, Mª Ángeles García Rescalvo, gerente del Hospital Virgen de las Nieves, detalló cómo la Inteligencia Artificial está transformando tanto la gestión hospitalaria como la asistencia clínica. Desde la gerencia del Hospital Universitario Virgen de las Nieves han desarrollado un dashboard inteligente que les permite conocer en tiempo real la presión asistencial, el rendimiento quirúrgico o la ocupación de camas. Según afirmó, esta herramienta facilita decisiones más rápidas y les ayuda a “ser garantes de la accesibilidad, la equidad y la eficiencia, porque no tenemos recursos ilimitados”. En el plano clínico, enumeró múltiples aplicaciones ya implantadas: sistemas de IA que ayudan a detectar pólipos en colonoscopias, algoritmos que alertan de manera temprana sobre posibles brotes de bacterias multirresistentes, teleconsultas que gracias a la IA permiten a servicios como Dermatología responder en tan solo tres horas, herramientas de predicción hemodinámica que avisan con minutos de antelación de inestabilidades en quirófano y asistentes virtuales que monitorizan a pacientes con EPOC o asma y envían avisos automáticos a los profesionales cuando detectan signos de alerta. Su exposición demostró con claridad que la IA ya ha entrado en los circuitos asistenciales y está mejorando tanto la precisión clínica como la capacidad operativa de los equipos.

El oncólogo radioterápico Rafael Ordóñez ofreció una visión especialmente contundente del impacto de la IA en su campo. Explicó que los sistemas de contorneo asistido han reducido de forma drástica el tiempo necesario para planificar un tratamiento radioterápico: de 90 minutos a apenas cuatro en tumores de cabeza y cuello y de cuarenta minutos a uno en cáncer de próstata. Subrayó además que la IA aporta un valor añadido de consistencia, señalando que “hasta en un 10% de los casos requiere menos correcciones que el humano”. Más allá del proceso técnico, también destacó el papel de modelos como Openevidence o Consensus, que le permiten responder preguntas clínicas complejas con bibliografía actualizada y mejorar la calidad de sus sesiones, informes y publicaciones.

La conversación avanzó hacia un tema inevitable: ¿sustituirá la Inteligencia Artificial a los profesionales sanitarios? Los tres coincidieron en que no, pero sí transformará su perfil y sus funciones. David Castro recordó que quienes se formen en IA tendrán una clara ventaja competitiva y que “la tecnología bien utilizada potencia capacidades y libera tareas tediosas”. García Rescalvo insistió en que “un robot puede operar, pero necesita supervisión”, y destacó que la exploración física, la toma de decisiones en situaciones críticas y el trato empático no son sustituibles. Ordóñez, en cambio, introdujo un matiz necesario: la velocidad del cambio tecnológico está generando sobrecarga mental tanto en profesionales como en pacientes, por lo que la IA debe servir para aliviar carga, no para añadir presión.

La mesa concluyó con una reflexión compartida sobre los altos índices de fracaso en proyectos de IA en el sector salud. Falta de objetivos claros, modelos poco escalables, problemas de infraestructura, expectativas irreales, resistencia al cambio, mala gobernanza o la eterna dificultad de la interoperabilidad fueron algunas de las causas señaladas. Castro citó un dato revelador: según KPMG, el 70% de los proyectos de transformación digital en hospitales fracasan, y en el caso específico de la IA, la cifra asciende hasta el 80%. Todos coincidieron en que la clave no está únicamente en la tecnología, sino en la gestión del cambio, la formación, la comunicación y la capacidad de alinear expectativas con resultados alcanzables.

Humanizando la experiencia del paciente: Inteligencia Artificial al servicio de las personas

La entrevista realizada por Escarlata López Ramírez, de GenesisCare Andalucía, se centró en un aspecto esencial de la transformación sanitaria: cómo la inteligencia artificial puede contribuir a mejorar la experiencia del paciente. Javier Boullón Agrelo, director de FBA Consulting, presentó INDAGA, una herramienta desarrollada específicamente para analizar los comentarios que miles de pacientes dejan en encuestas y formularios abiertos. Su exposición evidenció la magnitud del reto: la mayoría de estos mensajes no son datos estructurados, sino textos llenos de matices, emociones, ironías o errores tipográficos que tradicionalmente resultaban casi imposibles de procesar de forma sistemática.

Boullón explicó que la Inteligencia Artificial permite convertir ese caos expresivo en información inmediata y comprensible. Según relató, el sistema analiza cada comentario “en una fracción de segundo”, lo interpreta en su contexto sanitario y lo clasifica de acuerdo con categorías y emociones, algo que garantiza —en sus propias palabras— que “el cien por cien de los pacientes sean escuchados”. A partir de ese análisis profundo, INDAGA no solo identifica sentimientos como miedo, ansiedad, satisfacción o confusión, sino que también detecta reclamaciones, incidentes y casi incidentes que en ocasiones pasan inadvertidos para los equipos asistenciales. El resultado es un mapa vivo, visual y operativo que orienta la toma de decisiones y permite a las organizaciones conocer con precisión qué es lo que realmente está afectando a la vivencia del paciente.

La herramienta, además, genera resúmenes ejecutivos automáticos que sintetizan de manera clara las principales fortalezas, áreas de mejora y conclusiones derivadas del conjunto de comentarios. Esta función resulta especialmente valiosa para los gestores, que ya no necesitan invertir horas en revisar cientos o miles de textos para identificar tendencias, problemas emergentes o señales de alerta que requieren intervención inmediata. Según destacó Boullón, el valor de esta tecnología no está únicamente en su capacidad analítica, sino en el impacto humano que genera. “La sobrecarga de trabajo deshumaniza la atención”, afirmó, subrayando que cuando la tecnología libera tiempo y esfuerzo, permite que los profesionales puedan volver a lo esencial: mirar a los ojos del paciente, escucharlo y acompañarlo.

La sesión dejó una idea tan sencilla como poderosa: la inteligencia artificial no sustituye la conversación humana, sino que la posibilita. Al ordenar y comprender la voz del paciente en toda su complejidad, INDAGA convierte un algoritmo en un puente hacia una atención sanitaria más humana, más rápida y más consciente de las necesidades reales de las personas.

Salud, terapias innovadoras y equidad

La mesa moderada por José María Martínez García, presidente de New Medical Economics, profundizó en uno de los asuntos más sensibles del momento: cómo garantizar que la innovación terapéutica, ya sea diagnóstica, farmacológica o tecnológica, llegue de manera equitativa a todos los pacientes, independientemente de su lugar de residencia o del hospital en el que sean atendidos. El intercambio entre Esther Aucejo Gozalbo, Felipe Couñago Lorenzo y Jesús Aranaz Andrés dejó entrever que no se trata solo de incorporar avances, sino de transformar la cultura asistencial, el modelo organizativo y la concepción misma del papel del paciente. La innovación, coincidieron, no será plena si el sistema no es capaz de absorberla, aplicarla con justicia y convertirla en valor tangible para las personas.

Aucejo describió el surgimiento de un paciente que reclama un rol activo en su proceso asistencial. Ya no delega de manera acrítica, sino que busca comprender, contrastar información, participar en decisiones, anticiparse a riesgos y mantener un diálogo constante con los profesionales. Esta evolución, explicó, no es un fenómeno aislado: responde al acceso masivo a información sanitaria, al auge de dispositivos personales de monitorización y a una ciudadanía cada vez más consciente de su derecho a ser informada y corresponsable. Pero esa participación activa exige, por parte del sistema, plataformas capaces de acompañar al paciente más allá del hospital, integrando datos de su vida diaria, generando alertas útiles y facilitando una continuidad asistencial genuina. Según destacó, la salud ya no se juega únicamente en el diagnóstico o el tratamiento, sino en el día a día, en los hábitos y en el seguimiento real de la cronicidad. “La atención no puede limitarse a la enfermedad”, sostuvo, poniendo de manifiesto la necesidad de un modelo que se extienda al domicilio, a la comunidad y a la esfera personal del paciente.