La Universitat Internacional de Catalunya (UIC Barcelona) ha situado a su Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud en una posición de referencia en el panorama académico internacional gracias a un modelo formativo diferencial que combina tres pilares inseparables: excelencia científica, tecnología de vanguardia y un profundo compromiso humanista y social.
El mejor ejemplo de esta filosofía es el Centro Integral de Simulación Avanzada (CISA), un complejo pionero en España que reproduce con precisión entornos clínicos reales y permite a los estudiantes enfrentarse a situaciones médicas críticas en un espacio seguro, innovador y participativo. En este laboratorio del futuro, los alumnos no solo entrenan procedimientos técnicos de alta complejidad, sino también competencias tan esenciales como la empatía, la comunicación efectiva o la gestión del estrés.
La decana de la Facultad, la Dra. Esther Calbo Sebastián, internista y especialista en enfermedades infecciosas, guía este ambicioso proyecto con una mirada amplia: “Queremos formar médicos técnicamente excelentes, pero también íntegros, compasivos y capaces de trabajar en equipo. El CISA es la herramienta que nos permite hacerlo realidad”. Bajo su liderazgo, la facultad se consolida como una institución pionera que entiende la medicina como ciencia, pero también como vocación y servicio.
El CISA: un hospital dentro de la universidad
Con más de 1.000 metros cuadrados dedicados íntegramente a la simulación clínica, el Centro Integral de Simulación Avanzada (CISA) de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de UIC Barcelona es mucho más que un laboratorio: es un auténtico hospital dentro de la universidad. En su interior se reproducen con todo detalle quirófanos, unidades de cuidados intensivos, consultas de atención primaria, salas de hospitalización, áreas pediátricas y espacios polivalentes que permiten recrear desde la rutina asistencial más cotidiana hasta situaciones de máxima emergencia, como un accidente de tráfico o una catástrofe colectiva.
La decana, la Dra. Esther Calbo Sebastián, subraya la importancia de este recurso para transformar la enseñanza médica: “Cuando un estudiante se enfrenta por primera vez a un paciente real ya ha hecho cientos de procedimientos en el simulador. Eso cambia por completo su curva de aprendizaje. Llegan con seguridad, confianza y, sobre todo, con la experiencia de haber fallado antes en un entorno seguro”.
Los maniquíes de alta fidelidad son capaces de reproducir constantes vitales y complicaciones en tiempo real, desde arritmias hasta crisis respiratorias o paradas cardiorrespiratorias. Cada escenario clínico está monitorizado y controlado desde una sala técnica que permite al profesorado ajustar las respuestas del paciente simulado a medida que avanza la práctica.
Además, los sistemas de realidad virtual y aumentada amplían las posibilidades de aprendizaje: desde entrenamientos quirúrgicos mínimamente invasivos con retroalimentación háptica hasta simulaciones inmersivas de reanimación cardiopulmonar. “Lo que conseguimos es un aprendizaje experiencial en un entorno seguro. Aquí el error no penaliza, se normaliza y se convierte en fuente de conocimiento. Es una auténtica cultura de seguridad del paciente aplicada a la docencia”, apunta Calbo.
La versatilidad del CISA es tal que un mismo espacio puede transformarse en cuestión de horas: de un box de hospitalización a un despacho de atención primaria, o incluso en el escenario de un accidente de tráfico para entrenar el abordaje de traumatismos múltiples. Los técnicos del centro, con gran creatividad, han llegado a elaborar material de simulación para dotar a los escenarios del máximo realismo.
Pero el valor del CISA no reside únicamente en la técnica. Cada práctica se graba en vídeo y se analiza posteriormente en sesiones de debriefing con profesores y compañeros. En estas dinámicas, los estudiantes reflexionan sobre sus aciertos y errores, aprenden a dar y recibir críticas constructivas, y desarrollan competencias transversales como la comunicación, el liderazgo y la gestión del estrés. Este enfoque convierte al CISA en un eje transformador de la formación médica de UIC Barcelona, donde se enseña a los futuros médicos no solo a curar, sino también a comunicarse, empatizar y liderar equipos en contextos de alta presión.
El CISA es, en palabras de sus responsables, “un hospital en miniatura con alma de laboratorio de innovación”. Este doble carácter es lo que lo convierte en un espacio único: combina la rigurosidad de la práctica clínica con la flexibilidad creativa de un entorno experimental. Aquí, docentes y técnicos trabajan codo con codo para diseñar escenarios adaptados a objetivos de aprendizaje muy concretos.
La creatividad es un sello distintivo del CISA. Lejos de limitarse a la tecnología más puntera, el centro apuesta por la combinación entre alta ingeniería y artesanía escénica. Se emplean impresoras 3D para fabricar piezas anatómicas, prótesis o instrumental a medida, pero también recursos insólitos como la mezcla de tinta de calamar y leche condensada para recrear heces con sangre de aspecto realista. Este ingenio convierte cada escenario en una experiencia inmersiva, en la que los estudiantes olvidan que están ante un simulador.
La versatilidad es tal que un mismo espacio puede convertirse en un quirófano monitorizado, en la consulta de un centro de salud o en la calle donde ha tenido lugar un accidente de tráfico. “Aquí hemos montado incluso una ambulancia y reproducido situaciones de catástrofe para que los estudiantes aprendan a trabajar bajo presión”, explican los responsables técnicos.
El éxito del modelo ha sido tan notable que la Facultad ya trabaja en un proyecto de ampliación que multiplicará por cuatro la superficie del CISA. El objetivo es responder a la creciente demanda y, sobre todo, reforzar el peso de la simulación en el nuevo plan de estudios. “La práctica hospitalaria es valiosísima, pero también azarosa: un alumno puede pasar semanas viendo solo casos de gripe. Con la simulación garantizamos que todos vivan experiencias clínicas estandarizadas, desde un perforado abdominal hasta una neumonía grave”, subraya la decana.
En definitiva, el CISA no solo reproduce la realidad asistencial: la ordena, la estandariza y la amplifica, convirtiéndose en una herramienta clave para formar médicos más competentes, seguros y humanos.
Formar médicos con técnica y con alma
La Dra. Esther Calbo Sebastián asumió el decanato de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de UIC Barcelona en 2023, en un momento especialmente exigente para el sistema sanitario. Internista de formación y especialista en enfermedades infecciosas, había ocupado previamente la dirección médica del Hospital Universitario Mútua de Terrassa, donde le tocó gestionar la crisis de la pandemia. Esa experiencia marcó su visión sobre el perfil de los profesionales que necesita la sociedad.
“Venía de la dirección médica en plena pandemia y entendí qué profesionales necesita el sistema. Queremos médicos muy competentes técnicamente, pero también capaces de trabajar en equipo, de comunicarse, de atender la vulnerabilidad y establecer vínculos verdaderos. Ese es nuestro sello”, afirma.
Su trayectoria docente tampoco es menor: desde 2009 ha estado vinculada a la universidad, combinando la práctica clínica, la investigación y la formación de futuros médicos. “He hecho todos los papeles de la obra”, reconoce con humor, refiriéndose a su experiencia como tutora de residentes, investigadora clínica y gestora hospitalaria.
Esa mirada transversal le permite hoy liderar un proyecto académico que no se limita a transmitir conocimientos, sino a formar profesionales íntegros.
Una de sus prioridades ha sido consolidar las competencias transversales como eje diferenciador del grado en Medicina. “En este grado trabajamos la comunicación, la resiliencia, la integridad, la motivación y el compromiso social. No solo las enunciamos, sino que las integramos en el currículo y las evaluamos de forma sistemática”, explica. Para ella, un buen médico no se define únicamente por lo que sabe, sino por cómo se relaciona con los demás y cómo responde en situaciones de vulnerabilidad.
En su diagnóstico, la formación médica debe adaptarse a una generación de estudiantes que llega con nuevas expectativas: más activos, más participativos y con acceso inmediato a la información. “El alumno dejará de ser un receptor pasivo de contenidos para convertirse en protagonista de su aprendizaje. Nuestro papel será acompañar, guiar y confrontar, entrenando su juicio clínico crítico en un mundo donde la información estará disponible en cualquier plataforma”, indicó la decana.
Esa apuesta por la docencia experiencial y centrada en el estudiante se materializa en iniciativas como el CISA, el mentoring individualizado o el voluntariado social obligatorio. Todas ellas buscan reforzar la idea de que la medicina no es solo ciencia, sino también vocación, servicio y compromiso ético. “Formar a médicos íntegros es nuestro reto y nuestra ilusión”, concluye Calbo, convencida de que el futuro de la profesión dependerá tanto de la excelencia técnica como de la humanidad con la que los profesionales se acerquen a sus pacientes.
La Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de UIC Barcelona no concibe la formación médica como un proceso únicamente académico, sino como una experiencia vital que debe transformar tanto el conocimiento como la sensibilidad de los estudiantes. Por ello, uno de los pilares del plan de estudios es la rotación social obligatoria, que exige a cada alumno un mínimo de 50 horas de voluntariado en actividades con impacto comunitario.
Las posibilidades son muy diversas: desde colaborar en comedores sociales, acompañar a personas mayores o con discapacidad, hasta participar en proyectos internacionales en campos de refugiados. Estas experiencias, lejos de ser anecdóticas, constituyen un auténtico eje formativo. “Una cosa es aprender en clase qué es la disfagia y otra muy distinta es ayudar a una persona que no puede tragar y depende de ti para alimentarse. Ese impacto existencial marca su manera de entender la medicina”, señala la decana Esther Calbo.
Los testimonios de los alumnos son el mejor reflejo de esta transformación: estudiantes que han vivido diez días junto a un refugiado sirio con discapacidad, acompañándole en cada gesto cotidiano —desde levantarse de la cama hasta las tareas de higiene— reconocen que esas vivencias les han cambiado para siempre. “No es solo aprender una patología, es comprender la vulnerabilidad humana en primera persona”, resume Calbo.
Además de la dimensión social, UIC Barcelona integra en su estrategia académica un compromiso firme con la sostenibilidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Cada año, el Congreso ODS reúne a estudiantes de todas las titulaciones del campus para presentar proyectos de investigación vinculados con los retos globales definidos por Naciones Unidas. Arquitectura, Fisioterapia, Enfermería o Medicina se cruzan en un foro interdisciplinar que refleja la apuesta por una educación integral, consciente de la responsabilidad con el planeta y con las generaciones futuras.
Los retos del futuro
La mirada de la decana Esther Calbo va más allá de la coyuntura actual y apunta a los grandes desafíos que marcarán el rumbo de la medicina en la próxima década. En su análisis, hay tres que concentran la atención de todas las instituciones sanitarias del mundo: la sostenibilidad del sistema sanitario, amenazado por el envejecimiento de la población, la cronicidad y la presión presupuestaria; la retención de profesionales sanitarios, en un contexto global de “gran dimisión” y fuga de talento, donde mantener la motivación y el compromiso es clave; y la humanización de la asistencia, tras décadas de digitalización que han mejorado la eficiencia, pero que en ocasiones han diluido el trato cercano y la relación médico–paciente.
“Si conseguimos formar médicos que entienden que su profesión es un servicio, que descubren su propósito y lo viven con vocación, serán resilientes y estarán preparados para afrontar cualquier reto”, afirma Calbo con convicción. Para ella, la clave está en inculcar sentido de misión desde la etapa universitaria: estudiantes que no busquen únicamente el reconocimiento, sino que comprendan que su trabajo consiste en servir y acompañar.
La Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de UIC Barcelona, con iniciativas como el voluntariado obligatorio, la implicación en proyectos internacionales y la formación en competencias transversales, se posiciona como un espacio donde se construye ese perfil de profesional. Un médico que combina conocimiento científico, habilidad técnica y, sobre todo, humanidad.
Con el CISA como núcleo innovador, encarna un modelo de formación médica integral que conjuga tecnología de vanguardia, investigación de impacto y valores humanistas. Bajo el liderazgo de Esther Calbo, se consolida como una institución que no solo enseña a curar, sino a cuidar con ciencia, empatía y compromiso social.
Más que un espacio académico, UIC Barcelona es una escuela de vida y de servicio, donde se forman los médicos que el sistema sanitario y los pacientes del futuro necesitan.
Carmen Mª Tornero Fernández y Jesús González Bonilla




