En el cómputo global, los sistemas sanitarios son responsables del 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así que es normal que se considere necesario apostar por sistemas de energía limpia, por construir y gestionar infraestructuras más eficientes en el uso de los recursos y por optimizar el transporte hacia los centros sanitarios.
¿Pero, es esto suficiente y todo lo que podemos hacer para reducir estas emisiones cuando la evidencia científica sitúa la contaminación atmosférica y los efectos del cambio climático entre los principales factores de carga de enfermedad evitable, con un impacto creciente en la presión asistencial y los costes sanitarios?
Está más que demostrado que la salud humana aislada no existe. Los pacientes son seres vivos dentro de unos ecosistemas vivos y no se pueden, ni se deben desvincular de la salud animal y ambiental.
¿La gran reducción de emisiones de CO2, la sostenibilidad y la resiliencia del sistema sanitario va solo de modificar infraestructuras o va de una transformación radical de los procesos para priorizar la prevención y la promoción de la salud donde la tecnología sea solo una herramienta como parte del cambio?
Un sistema puede ser neutro en carbono y, a la vez, absolutamente incapaz de anticiparse y soportar una crisis. Y las crisis de nuestro tiempo son múltiples: enfermedades emergentes y reemergente, mayoritariamente zoonóticas, adaptación de vectores de enfermedad en nuevos territorios, temperaturas extremas en forma de olas de frio y calor, la contaminación de los ecosistemas, la crisis de la biodiversidad, la gran complejidad de producción suficiente de alimentos saludables en el nuevo contexto climático, a las que últimamente se añaden los problemas geopolíticos. Pero, seguimos enfocados en atender de manera prioritaria diagnósticos y tratamientos y en invertir en avanzar en la misma línea. Es donde se nos va un 98% del presupuesto.
La gestión de los grandes riesgos de este siglo no se puede seguir haciendo de manera individual y compartimentada, sino que requiere de una plena coordinación y cooperación intersectorial, con una financiación adecuada y mucho más eficiente. Las crisis no se generan por falta de conocimiento, sino por falta de conexión.
Hemos delegado la sostenibilidad y la resiliencia en la tecnología porque cambiar de gobernanza requiere valor. Pero ningún sensor detectará una mala decisión estructural y ningún algoritmo compensará los fallos de un sistema sin prevención. La sostenibilidad es viabilidad a largo plazo, equidad, coherencia en las decisiones, justicia intergeneracional y esto pasa inequívocamente por un cambio de paradigma hacia la implementación de la gestión One Health del sistema sanitario.
La inversión inteligente y suficiente en prevención tiene un retorno de 90-95% en beneficios para la sociedad, en cuestiones sanitarias, sociales y económicas, y fomenta un desarrollo laboral y de nuevos modelos de negocio e innovación de alto valor.
‘Está más que demostrado que la salud humana aislada no existe’
Lo que es completamente ineficiente es seguir introduciendo tímidamente el One Health en distintos textos estratégicos o planes de acción en los plazos que contempla cada uno, con presupuestos no coordinados y con acciones repetidas o ausentes por una supuesta alta de competencias, cuando este concepto tiene que ser transversal, coordinado y el fundamento en el que se construye un nuevo modelo basado en cruce de datos, prevención, predicción y sobre todo colaboración.
El Panel de expertos de alto nivel de One Health (OHHLEP) define One Health como “un enfoque integrado y unificador que tiene como objetivo equilibrar y optimizar de manera sostenible la salud de las personas, los animales y los ecosistemas”.
Y la alianza mundial cuatripartita (OMS, OMSA, FAO y PNUMA) afirma que “hoy más que nunca es evidente la necesidad crítica de adoptar un enfoque de Una Salud para los desafíos sanitarios. Si bien Una Salud no es un concepto nuevo, cada vez se reconoce más que es el enfoque óptimo para promover la salud y el bienestar. Utilizar el enfoque Una Salud que reúna a todos los sectores pertinentes es fundamental para hacer frente a las amenazas sanitarias mundiales”.
Y en consecuencia esta alianza desarrolló un Plan de Acción Conjunta sobre Una Salud (2022-2026) que fue publicado en Ginebra, el 14 de octubre de 2022 (OH JPA), desarrollando y publicando un año más tarde una guía para su implementación.
Este primer plan conjunto pretende crear un marco para integrar los sistemas sanitarios y la capacidad de manera que podamos prevenir, predecir, detectar y responder mejor colectivamente a las amenazas para la salud y ofrece un conjunto de actividades destinadas a reforzar la colaboración, la comunicación, la creación de capacidad y la coordinación por igual en todos los sectores responsables de abordar los retos sanitarios en la interfaz entre los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente.
A pesar de que está ahora en su último año de vigencia, en España ni siquiera hemos empezado hablar sobre él, a pesar de que, según el Banco Mundial, el beneficio anual de Una Salud para la comunidad mundial se estima en US$ 37 000 millones. La necesidad anual estimada de gasto en prevención es inferior al 10% de estos beneficios.
El mismo plan reconoce en su texto que: “A pesar del respaldo y la participación generalizados, poner en práctica el enfoque Una Salud sigue resultando complicado. Debe hacerse frente a obstáculos técnicos, institucionales y profesionales, además de a cuestiones de sostenibilidad, prioridades opuestas y déficit de financiación”.
Reconoce otras barreras que obstaculizan la implementación eficaz de Una Salud, sobre todo a escala regional, nacional y subnacional: la compartimentación profesional, la ausencia de trabajo multisectorial, la falta de representación de algunos sectores, los planes legislativos inconexos, la carencia de intercambio de datos y transparencia, la ausencia de mecanismos de coordinación multisectorial, los presupuestos y procesos de adopción de decisiones fragmentados, y la falta de marcos reglamentarios sólidos, apoyo jurídico, mandatos y políticas propicias.
Resumiendo, falta de visión, de real voluntad de cambio y presupuestos ineficientes. Es decir, One Health, todos a favor, pero nadie lo aplica. One Health no fracasa por falta de evidencia, fracasa porque hay que necesita cambiar las competencias, los presupuestos y obliga dejar de mandar en solitario.
Retrasar el desarrollo y la implementación de una Estrategia Nacional One Health solo nos conduce como país a pérdida de capacidad de respuesta ante las crisis sanitarias, ante la crisis climática, de contaminación y de biodiversidad, a pérdidas económicas, a tensionar cada vez más el Sistema Nacional de Salud y a la reducción de la calidad de vida y de bienestar de los ciudadanos por enfermedades y cronicidad evitables. Y lo más probable, a la pérdida de proyección como destino turístico seguro de punto de vista sanitario, que tensionará aún más el entorno socioeconómico.
Sin prevención no hay sostenibilidad, sin interconexión no hay resiliencia, sin One Health no habrá un sistema sanitario viable.




