Durante años se ha instalado el mito de que las personas mayores son incapaces de entender o utilizar la Inteligencia Artificial (IA). Una visión que priva a este colectivo de oportunidades para ganar autonomía y mejorar su calidad de vida. Los últimos estudios apuntan en la dirección contraria: con la formación adecuada y herramientas accesibles, los mayores no solo pueden usar la IA en salud de forma habitual, sino que también obtienen beneficios tangibles para mejorar su autonomía y frenar la desinformación en salud.

Un estudio publicado en Frontiers in Public Health analizó la aceptación de chatbots en salud por parte de mayores de 60 años y concluyó que la clave no está en la edad, sino en el diseño: cuando el lenguaje es claro, el soporte es fiable y se tienen en cuenta limitaciones físicas, la aceptación aumenta de forma significativa.

De igual manera, una revisión sistemática sobre chatbots sanitarios mostró mejoras en la adherencia a tratamientos y en el apoyo emocional cuando estas herramientas se emplean en personas mayores (enlace). Incluso intervenciones más complejas, como la titulación de insulina basal en diabetes tipo 2, han demostrado mejores resultados con asistentes de voz basados en IA frente al cuidado estándar, según un ensayo publicado en JAMA Network Open.

Estas evidencias confirman que la brecha digital no es de capacidad, sino de accesibilidad y acompañamiento.

Oportunidades y riesgos

La IA aplicada a la salud puede mejorar la vida de los mayores en múltiples frentes: desde recordatorios de medicación hasta sistemas de monitorización remota de enfermedades crónicas. Pero los riesgos también están presentes. La desinformación derivada de chatbots no verificados, la dependencia excesiva de estas herramientas o la falta de privacidad de los datos personales son amenazas que no deben minimizarse.

Precisamente, desde el Insituto #SaludsinBulos hemos impulsado el primer consenso sobre chatbots en salud junto a sociedades científicas y asociaciones de pacientes y personas vulnerables. Entre las recomendaciones destacan garantizar transparencia en las fuentes y los desarrolladores, proteger la privacidad de los datos, asegurar que la información sea veraz, actualizada y comprensible; así como evitar que estas herramientas fomenten el autodiagnóstico sin supervisión médica, e incorporar empatía y accesibilidad en el diseño. Este consenso marca un punto de partida fundamental para el desarrollo ético y seguro de estas tecnologías.

Más acceso cuando es útil

La experiencia de la pandemia de la COVID-19 dejó una lección clara: cuando las personas mayores perciben que la tecnología responde a una necesidad real, su adopción se acelera. El uso de las videollamadas para mantener el contacto con familiares y amigos se disparó, rompiendo la barrera del miedo a lo digital. Ese mismo principio puede aplicarse a la IA: si los mayores ven que una herramienta les ayuda a entender mejor su tratamiento, a recordar citas médicas o a gestionar su día a día, la predisposición al uso aumenta de forma notable.

Autonomía en salud con IA

Las aplicaciones de IA ofrecen posibilidades concretas para reforzar la autonomía de las personas mayores con tan solo un comando de voz. Desde el acceso simplificado a informes médicos a través de asistentes virtuales, hasta recordatorios de citas y de medicación e incluso recomendaciones personalizadas de ejercicio físico y nutrición. Además, los sistemas de monitorización en casa, conectados a la historia clínica, permiten que el mayor tenga un papel activo en su salud y que los profesionales reciban alertas tempranas en caso de desviaciones, entre otras ventajas.

Para que la IA sea realmente una herramienta de inclusión y no de exclusión, la formación es clave. En este terreno, asociaciones como Emancipatic están liderando la capacitación en nuevas tecnologías para mayores, con programas adaptados a sus necesidades. El objetivo no es solo enseñar a usar la IA, sino dotar a los mayores de competencias críticas para diferenciar fuentes fiables, utilizar la tecnología con seguridad y sentirse empoderados ante la innovación.

Conclusión

La Inteligencia Artificial en salud no debe ser un terreno vedado para los mayores, sino al contrario, un terreno muy propicio, ya que son los principales consumidores de servicios de salud. El desafío está en derribar prejuicios, reforzar la alfabetización digital y garantizar un desarrollo ético de estas herramientas. Solo así la IA se convertirá en un aliado para una atención más equitativa y humana.