Hablar hoy de sanidad es hablar también de tecnología. La transformación digital en el ámbito sanitario ya no es una posibilidad remota o una idea reservada a los coloquios, se trata de una realidad que ya está operando de forma progresiva en la red asistencial y sanitaria, dotando a hospitales, centros de salud, bases de emergencia, e incluso a los domicilios de los pacientes, de diferentes herramientas tecnológicas implementados con el objetivo de mejorar la atención sanitaria.
El reto ahora no está solo en incorporar dichas herramientas tecnológicas, sino en conseguir que estas sirvan realmente para dicho fin, sin crear una brecha digital entre sus usuarios.
La propia Administración sanitaria está avanzando en esa dirección. La reciente Resolución de 23 de marzo de 2026, publicada en el BOE el pasado 4 de abril, da publicidad al convenio fijado entre el Ministerio de Sanidad y el Foro Español de Pacientes para impulsar la transformación digital del Sistema Nacional de Salud y la aplicación de tecnologías digitales en la sanidad pública.
El contenido del convenio resulta significativo, puesto que pone el foco no solo en desarrollar dichas herramientas tecnológicas, sino en hacerlo contando con la perspectiva del paciente, su experiencia de uso, sus necesidades reales y también las de su entorno familiar.
Entre los compromisos asumidos entre el Ministerio de Sanidad y el Foro Español de Pacientes, junto con otras entidades que puedan adherirse al convenio, se incluye la realización de actividades de asesoría en modelos y servicios digitales, la validación de estas herramientas desde la experiencia del usuario, la participación en reuniones, estudios y actividades formativas relacionadas con el desarrollo y aplicación de tecnologías digitales en el ámbito asistencial, así como la valoración del impacto que estas iniciativas pueden tener en pacientes y familias. Todo ello se orienta, además, a fomentar la implicación de las personas y sus familias en el uso de dichas aplicaciones y soluciones digitales.
Y es en torno a este punto, en el que surge un gran problema: la barrera digital en el acceso a estas tecnologías, que puede convertirse en una forma de exclusión por la brecha intergeneracional y por la desigualdad socioeconómica en el acceso digital.
Este temor, acaba de evidenciarse en la nueva aplicación GVA+Salut, anunciada el pasado mes de marzo por la Conselleria de Sanidad de la Generalitat Valenciana.
La nueva herramienta del servicio de salud valenciano, pretende poner a disposición de sus ciudadanos de una herramienta digital que facilite el acceso a toda la información clínica desde el propio teléfono móvil del paciente, permitiendo además poder gestionar sus citas o consultar los informes, pruebas diagnósticas, tratamientos farmacológicos, vacunas u otra información general sobre el cuidado y prevención de su salud, todo ello pilotado con el fin de reducir los trámites y dotar de mayor autonomía a las personas a la hora de gestionar sus necesidades asistenciales, y lograr con esto una sanidad más cercana y personalizada.
Pese al gran objetivo perseguido, la nueva implementación de este sistema ha supuesto un nuevo quebradero de cabeza a sus potenciales usuarios, que, según anuncia el diario valenciano Las Provincias, ha aumentado las colas en los mostradores de los ambulatorios por parte de pacientes que tienen dificultades para hacer uso de esta herramienta tecnológica.
Más allá del caso concreto, narrado por ser de reciente actualidad, resulta especialmente revelador lo que pretendo señalar, que la tecnología nos ofrece grandes ventajas, pero viene acompañada de limitaciones por las principales barreras mencionadas, a las que debe dotarse del debido acompañamiento, teniendo en cuenta la diversidad real de los usuarios y ofreciendo alternativas para aquellos sectores que no puedan hacer uso de estos recursos tecnológicos, por las diferentes brechas existentes.
Y esta barrera no afecta únicamente a las personas mayores, que por su desconocimiento en el uso tecnológico pueden tener dificultades en descargar la aplicación, complicaciones en el acceso a la misma, o desconocimiento en la navegación de la interfaz desarrollada. Sino que además estos progresos tecnológicos también pueden dejar atrás a quienes tienen menores recursos económicos, a los que tienen peores conexiones a Internet, los que hacen uso de dispositivos antiguos, o pacientes con escaso conocimiento de alfabetización digital, tienen una discapacidad o dificultades cognitivas que dificultan el uso de dichas herramientas.
Mientras tanto, la digitalización de la sanidad avanza mediante herramientas como la historia clínica electrónica interoperable, la receta electrónica, la telemedicina, las aplicaciones móviles para pacientes, de diferente uso y utilidad como hemos visto en el caso de la aplicación valenciana, así como los sistemas de seguimiento remoto, la Inteligencia Artificial o el análisis masivo de datos aplicada al diagnóstico o tratamiento médico, así como los sistemas automatizados de alertas y apoyo a la decisión clínica.
Este proceso responde a una idea clara: construir una sanidad más eficiente, conectada, preventiva y con mayor capacidad para responder a las necesidades reales de la ciudadanía.
Las ventajas potenciales de esta evolución son amplias: para los pacientes y sus familias, les puede ofrecer una mayor autonomía en el acceso a su información clínica, o en gestionar sus citas de atención sanitaria, reduciendo desplazamientos innecesarios, y mejorando la experiencia del paciente. Máxime en el caso de los enfermos crónicos, donde los sistemas tecnológicos pueden ayudar a monitorizar constantes, recordar medicación, registrar síntomas o generar alertas ante posibles empeoramientos en la salud del paciente, lo que puede favorecer una detección precoz y una respuesta rápida a posibles complicaciones médicas.
Para los profesionales sanitarios, la digitalización puede ser igualmente positiva, favoreciendo la coordinación y la interoperabilidad entre los diferentes profesionales sanitarios implicados, ofreciendo un acceso rápido a historiales clínicos o a los resultados de las pruebas diagnósticas, ahorrando tiempos y mejorando la atención al paciente.
Del mismo modo, la automatización de procesos puede ofrecer seguimientos y alertas del estado y evolución de los pacientes que forman parte de un determinado tratamiento o seguimiento asistencial. Y el uso de la Inteligencia Artificial y el análisis de datos puede ofrecer apoyo en la atención asistencial, priorizando casos, detectando riesgos en la identificación de patrones o en el refuerzo diagnóstico, entre otros.
Así como en el propio plano de la gestión sanitaria, donde los medios tecnológicos pueden lograr una gestión óptima y eficiente de la atención sanitaria.
Pero además de las barreras en el acceso que puede ocasionar su implementación, no hay que olvidar que, como todo progreso, puede tener otras desventajas que valorar. Hablamos de un posible riesgo de la deshumanización en el tratamiento con los pacientes, posibles quiebras en la protección de datos de los pacientes, incidencias en la privacidad de estos, o eventuales quiebras en la seguridad cibernética que pueda afectar a la información clínica.
Cuanto mayor es el grado de digitalización, mayor es también la necesidad de garantizar entornos cibernéticos seguros, un uso responsable de las herramientas tecnológicas, con un tratamiento responsable en el uso de los datos y la información clínica, y ante todo criterios éticos claros en el uso de tecnologías como la Inteligencia Artificial o el análisis masivo de datos sanitarios, que deben contar siempre con una correcta supervisión humana.
La innovación, y máxime en el terreno de la salud, no puede construirse al margen de la bioética ni de la confianza de la ciudadanía.
En definitiva, la tecnología aplicada a la sanidad abre posibilidades enormes. Puede mejorar el acceso a la salud de los pacientes y reforzar su autonomía, ser un apoyo más en las familias, podría facilitar el trabajo sanitario y hacer más eficiente la gestión del sistema. Pero también puede excluir, despersonalizar o ampliar desigualdades si se implanta sin sensibilidad social y sin participación real de quienes más la necesitan.
Graduado en Derecho por la Universidad de Zaragoza
Carlos Lázaro Madrid





