Podría escribiros estas líneas desde los más de 100 viajes y casi 40.000 km. recorridos, que realizo por mi trabajo cada año, gracias a la alta velocidad:

Quisiera en este texto poner una mirada en todo lo acontecido en la actual semana, recordando en primer término a las personas fallecidas y heridas, así como a los familiares afectados por los recientes tragedias en Adamuz y otras localizaciones.

Sin entrar en detalles ya cubiertos por la prensa, miremos lecciones del accidente en Adamuz, primera gran tragedia de alta velocidad española. El tren de alta velocidad es rápido y seguro estadísticamente, pero exige revisiones constantes de infraestructuras ante el tráfico creciente, y por consiguiente el desgaste de los medios usados. Invertir en nuevos trenes y vías mejorará comodidad y rapidez, hay ejemplos en otros países.

La tragedia de Adamuz en la cual el infortunio es claro, aparte de otras responsabilidades que se puedan destilar más adelante. Es obvio que lo mejor que nos pueda dejar ese luctuoso suceso sean las personas, su responsabilidad y la reacción de un pueblo pequeño de la campiña cordobesa que, en una noche cerrada prácticamente, ofreció todos sus medios para que en una primera reacción poder auxiliar y atender a todas las personas que lo necesitaban de carácter urgente, hasta la llegada de las asistencias profesionales.

Dicen que según se dio la voz en el pueblo, por cierto, que, con una coordinación nada ensayada, bajaron a ayudar, desde jóvenes que venían de pasar la tarde pescando, familias que habían pasado el día en el campo, el del bar poniendo todos los medios al servicio de la necesidad, y todo ellos acompañados por el Párroco del pueblo, el cual puso a disposición todos los recursos que disponía del almacén de Cáritas Española. Ayudaron a todas las personas afectadas con todo lo que pudieron. Mi reconocimiento a todos ellos.

Vivimos en una sociedad desarrollada, solidaria y comprometida con su pertenencia, que mantiene siempre la mirada puesta en el otro. Una sociedad que se implica de forma auténtica cuando reconoce con claridad la necesidad ajena y es capaz de ofrecer lo mejor de sí misma para ayudar. Así es la asistencia en su esencia más pura.

Sigamos trabajando por una atención cada vez mejor y más amplia. El ejemplo de Adamuz demuestra, ha quedado claramente manifiesto, que cuando las personas se implican de verdad, los procesos pueden acelerar su desarrollo y mejorar significativamente su eficiencia.

DEP