La farmacia tan vinculada al sentir social no es ajena a los cambios revolucionarios que, por ejemplo, la IA, nos sorprende día a día, planteando retos que hace no mucho tiempo eran impensables, temas como integrar tecnologías verdes, energía solar, o cómo reducir la huella de carbono en la cadena de suministro.
Parece innegable que la farmacia en las próximas décadas se transformará en otro actor en la cultura de la sostenibilidad. No obstante lo anterior se ha de pensar en aquellas farmacias que estando en lugares de esa España olvidada tienen que atender a una población de avanzada edad, farmacias en las que implantar cuestiones tecnológicas que van más allá de lo que es la humilde, pero importantísima dispensación, pueden pasar a un segundo plano para esos ciudadanos mayores lo que para los que viven en núcleos urbanos prósperos tiene mucha relevancia; este es el sentir de estas palabras, que no es otro que la diferente perspectiva de un mismo sentir.
Esto que se ha dado en llamar cambio climático (no exento de controversia) y la crisis ambiental, a medida que se ha fomentado (quizás con políticas interesadas) una conciencia social, las farmacias parecieran estar abocadas a tener modelos más verdes.
Que los envases sean biodegradables o reutilizables, reduciendo plásticos y otros elementos sustituibles, la atención personalizada y gestión de los medicamentos más eficiente (habrá que tener un programa desarrollado), disminuyendo con ello los medicamentos que terminan en el Sigre o en la basura, pudiera llevar a valorar la importancia que en sí misma tiene el medicamento (aquí siempre hay mucho de cultura desde el colegio, y hoy en día no existe).
¿Se podrían asociar las farmacias a centros de producción local, o laboratorios cercanos para evitar las emisiones derivadas del transporte? Entiendo que esto hoy es una quimera sobre todo para las farmacias rurales dispersas por nuestra geografía de nuestra España abandonada y para ello habría que cambiar no solamente la filosofía de medicamentos almacenados en las propias farmacias, sino también la filosofía del abastecimiento minorista, haciendo desplazar recursos y transporte para un medicamento; claro, esto también incide sobre el tema (no menos importante) del desabastecimiento y desde luego la esencia de la distribución que hoy por hoy cumple una función fundamental.
Lo ideal de todo avance ecológico es que el mundo fuera una maravilla, y esto no es verdad, hay temas más domésticos y de fácil alcance como es la implantación de paneles solares que optimicen el consumo energético (esto es un grano de arena en el desierto de la filosofía ecológica).
Decir a los pacientes que van a conocer con precisión el origen de sus medicamentos y elegir las opciones más sostenibles (en una España con el nivel de envejecimiento como el actual) y planteado ese tema en una encuesta en la calle, estoy convencido que la cara de incertidumbre, sorpresa e incluso desidia nos llamaría la atención, la mayoría de los ciudadanos ante semejante cuestión se sentirían como se pude sentir un japonés en la procesión del Corpus; ojiplático.
No sé si los pacientes ante todas estas cuestiones que he planteado tendrían una mayor confianza en su oficina de farmacia; entiendo que la farmacia no debiendo estar nunca ajena al servicio de la salud que prestan a los ciudadanos, tampoco deberían ignorar posicionamientos de avance ecológico actuales. Es tarea de las instituciones del sector farmacéutico dosificar adecuadamente estos requerimientos de matiz político y cogerlos con la debida prudencia, siempre sin olvidar el servicio social de primer nivel que suponer disponer del medicamento adecuado en cada momento.




