Se debate mucho sobre cómo cambiará el trabajo de los médicos a consecuencia de la transformación digital. Yo encuentro un paralelismo claro con la forma en que ha evolucionado el rol de los desarrolladores de software.

Antes, el desarrollador escribía casi todo el código, tenía que conocer muchos detalles técnicos y hacía el producto entero desde cero.

Ahora, los desarrolladores cada vez construyen menos con sus propias manos el producto para, en su lugar, dedicar más tiempo a coordinar y supervisar herramientas que hacen el grueso del trabajo.

Han pasado de “picar” a supervisar. Y con los médicos creo que puede pasar algo parecido.

Hasta ahora, el médico escribía los informes, decidía el diagnóstico, interpretaba pruebas, medía y sentía constantes vitales, recordaba enfermedades y decidía desde cero los tratamientos. Pero, con la llegada y expansión de avances como la Inteligencia Artificial, los médicos irán asumiendo un rol mucho más enfocado a coordinar y supervisar resultados que a generarlos ellos mismos.

La historia clínica se resumirá por sí sola. Las guías clínicas estarán integradas en el sistema y existirán herramientas potenciadas por IA para ayudar a la toma de decisiones. Los riesgos se calcularán de forma automática. Las constantes vitales se medirán por wearables y sistemas similares. Se sugerirán los diagnósticos más probables con un muy elevado nivel de confianza.

El médico, a consecuencia de ello, se enfocará en revisar la información, decidir qué es importante, detectar errores, nutrir el vínculo con el paciente y tomar las decisiones finales.

Este paralelismo entre médicos y desarrolladores lo veo no solo en las tareas diarias, sino también en las habilidades que son necesarias para hacer el trabajo y mantenerse atractivos para el mercado laboral.

El desarrollador más demandado hace 15 años era un experto a nivel técnico. Conocía los lenguajes y las herramientas, dominaba profundamente la programación y entendía los sistemas informáticos. Pero, ahora, lo que se les pide es que entiendan el negocio, piensen en sistemas complejos, sepan trabajar con herramientas inteligentes y sean mucho mejores comunicadores y colaboradores.

Para ejercer la medicina, del mismo modo, será progresivamente más necesario desarrollar un perfil con un enfoque transversal. Puesto que el conocimiento clínico profundo lo podrán aportar diferentes herramientas de un modo mucho más certero y consistente, los médicos van a tener que acompañar a su juicio clínico con otra serie de habilidades, como la alfabetización tecnológica, la gestión de la información y la comunicación con las diferentes personas.

Con la llegada y expansión de avances como la IA, los médicos irán asumiendo un rol mucho más enfocado a coordinar y supervisar resultados que a generarlos ellos mismos.

El debate sobre si la IA va a destruir trabajos está mal enfocado. Los desarrolladores van a seguir existiendo, aunque ya no escriban código, porque nuestra definición de “desarrollador” ha cambiado. Los médicos no van a ser sustituidos por la Inteligencia Artificial ni por la transformación digital de la sanidad. Lo que se sustituirá es el concepto del médico que tenemos ahora