José María Martínez García, presidente ejecutivo de New Medical Econnomics y Lore Bilbao Artetxe, directora general de Osakidetza.
Lore Bilbao Artetxe analiza sus primeros meses al frente de Osakidetza en un contexto marcado por las huelgas, el aumento de las listas de espera y la falta de profesionales, especialmente en Atención Primaria. La directora general ha hablado con el presidente de New Medical Economics, José María Martínez García, de las medidas adoptadas para mejorar la accesibilidad, el refuerzo de la salud mental y el avance en el reconocimiento del MIR, así como del desarrollo del Pacto Vasco de Salud y el envejecimiento de la población.
Desde que asumió la dirección general de Osakidetza, ¿qué balance hace de esta primera etapa al frente del sistema sanitario vasco?
La experiencia está siendo fantástica, aunque muy intensa. He tenido que adaptarme a un ámbito que no era el mío, porque yo no vengo del mundo sanitario, pero la valoración es muy positiva.
Cuando llegué, primero como viceconsejera en 2024 y luego ya a Osakidetza, el contexto era claro: la sanidad estaba en el ojo del huracán y era una de las principales preocupaciones de la ciudadanía. Por eso, desde el inicio pusimos en marcha un plan de choque para reducir las listas de espera.
Ese plan estaba funcionando bien hasta noviembre, pero en diciembre comenzaron las huelgas y eso ha cambiado la situación de forma importante.
¿Cómo están afectando esas huelgas al funcionamiento del sistema?
El impacto es muy relevante. No es solo que tengas que cancelar consultas o intervenciones los días de huelga, sino que además se programa menos actividad.
Gran parte del esfuerzo para reducir listas de espera se apoyaba en la actividad extraordinaria, en las tardes, en la autoconcertación con personal propio. Todo eso se corta, y además luego no consigues recuperar el ritmo en los días normales.
Enero fue más suave, febrero empezó a notarse y marzo ha sido caótico. Estamos viendo un incremento de las listas de espera y la situación empieza a ser complicada, porque no solo pierdes actividad en los días de huelga, sino también en el conjunto del sistema.
Tras este balance inicial, ¿qué experiencia profesional previa cree que le ha ayudado a afrontar este reto?
Soy ingeniera industrial y he desarrollado prácticamente toda mi carrera en la Administración Pública. Empecé en la universidad en 1990, luego tuve una etapa en el Gobierno Vasco y posteriormente volví a la universidad, donde fui vicegerente y después gerente durante once años y medio.
Ha sido una experiencia muy enriquecedora, porque gestionas organizaciones grandes y complejas, con colectivos muy diferentes, como el profesorado y el personal de administración.
Eso te enseña a negociar, a escuchar y a manejar situaciones de tensión, que es algo que también ocurre en el ámbito sanitario. Al final, aprender de distintos entornos siempre aporta.
La Atención Primaria continúa siendo uno de los pilares del sistema sanitario. ¿Qué transformaciones considera necesarias para reforzarla y mejorar tanto la accesibilidad para los pacientes como las condiciones de los profesionales?
El principal problema es la falta de profesionales, especialmente en zonas rurales. Tenemos una red muy amplia, con alrededor de 400 centros, pero no todos están cubiertos porque los profesionales no eligen esos destinos.
Hicimos una OPE de difícil cobertura, pero vimos que algunas personas obtenían la plaza y al día siguiente pedían traslado o excedencia. Por eso, ahora vamos a introducir la obligación de permanencia mínima de dos años.
Además, estamos trabajando en mejorar la accesibilidad, con cambios en la cita web y otras medidas organizativas. Y también hemos puesto en marcha un sistema piloto de médicos que se desplazan en vehículo para cubrir ausencias puntuales en determinadas zonas.
Son medidas que iremos desarrollando progresivamente, porque el problema es estructural.
La falta de profesionales sanitarios es un problema generalizado. ¿Qué están haciendo al respecto?
Hemos incrementado las plantillas en 2.160 personas, pero el problema es que no hay profesionales. Esa es la realidad con la que nos estamos encontrando.
Muchas veces se plantea que la solución pasa por aumentar plantillas, pero es que no siempre es posible porque no hay disponibilidad. Es un problema que afecta a todas las comunidades autónomas, especialmente en determinadas categorías como médicos de Atención Primaria, pediatras o psiquiatras.
Nosotros estamos poniendo en marcha distintas medidas para intentar paliarlo. Por un lado, con las OPEs, donde hemos hecho un esfuerzo muy importante en los últimos años para estabilizar plazas y sacar nuevas convocatorias. Por otro, con iniciativas específicas para puestos de difícil cobertura, especialmente en zonas rurales, donde cuesta más atraer profesionales.
También estamos revisando las condiciones organizativas y profesionales, porque hay determinados planteamientos —como el de las guardias— que en algunos entornos, especialmente en hospitales comarcales, son muy difíciles de aplicar si no tienes personal suficiente.
En definitiva, estamos actuando en todos los frentes que están en nuestra mano, pero hay un límite claro: no se trata solo de crear plazas, sino de que haya profesionales disponibles para ocuparlas.
En ese contexto, ¿qué medidas están impulsando para mejorar las condiciones profesionales, como el reconocimiento del MIR?
Estamos trabajando en varias líneas con los sindicatos. Tenemos buena relación con algunos de ellos y hemos llegado a acuerdos importantes.
Uno de los temas clave es el desarrollo profesional, donde hemos aceptado una reivindicación relevante: computar el tiempo de residencia, es decir, el MIR, EIR, PIR, como tiempo trabajado dentro de la carrera profesional.
Nuestra intención es poder acordarlo en breve en la mesa sectorial y luego iniciar su tramitación. Es una medida que reconocemos como justa y que forma parte del paquete de mejoras que estamos negociando.
La salud mental ha ganado peso en los últimos años. ¿En qué punto se encuentra Osakidetza en este ámbito?
El País Vasco tiene una red muy potente en salud mental, con estructuras diferenciadas en cada territorio, y que en general funciona bien.
Además, contamos con dispositivos tanto específicos de salud mental como integrados en hospitales, y en algunos casos también trabajamos con entidades concertadas. En los últimos meses hemos reforzado este ámbito, por ejemplo, con la incorporación de psicólogos clínicos en Atención Primaria. De hecho, recientemente hemos contratado a varios profesionales que ya se han incorporado. También estamos avanzando en todo lo relacionado con el bienestar emocional, que es un aspecto cada vez más relevante dentro del sistema.
Otro de los grandes retos es la transformación digital. ¿En qué situación se encuentra Osakidetza?
Es un tema que nos preocupa. Hemos sido pioneros en muchas iniciativas y seguimos participando en muchos proyectos piloto, pero tenemos limitaciones importantes. En la parte asistencial estamos bastante avanzados, con herramientas como la historia clínica única. Además, estamos trabajando para que los centros concertados utilicen también nuestros sistemas y así garantizar la interoperabilidad.
El problema es la falta de profesionales. Necesitamos informáticos, especialistas en datos, en inteligencia artificial… y prácticamente no hay. Y los pocos que hay se van al sector privado, porque ofrece mejores condiciones. Esto hace que, aunque tengamos recursos e inversión, avanzar sea más complicado de lo que nos gustaría.
El Pacto Vasco de Salud ha sido uno de los grandes hitos recientes. ¿Qué valoración hace?
Es un hito muy importante. Conseguimos reunir a agentes muy diversos: sindicatos, partidos políticos, colegios profesionales, universidades, empresas… De ahí salieron 150 objetivos y más de 700 actuaciones, y estamos haciendo un seguimiento muy estricto de todas ellas.
Además, estamos desarrollando talleres en las organizaciones sanitarias y la implicación de los profesionales está siendo muy alta. Eso nos ha sorprendido positivamente, porque participan, trabajan y aportan propuestas concretas. Ahora vamos a seguir avanzando y nos gustaría realizar también sesiones conjuntas entre distintas organizaciones para compartir experiencias.
El envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas plantean nuevos retos. ¿Cómo se está adaptando el sistema sanitario vasco a este cambio demográfico?
La esperanza de vida es muy alta y sigue creciendo. Cada diez años vivimos unos tres años más, lo que implica más cronicidad y mayor complejidad asistencial. Hoy se realizan intervenciones a personas de 90 años, algo que antes no ocurría. Eso nos obliga a replantear el sistema, pero también a hacerlo sostenible. Estamos avanzando en prevención, con programas de cribado que funcionan muy bien, y también en nuevas iniciativas como la autotoma en cáncer de cérvix. Además, hay retos importantes como la demencia, que se prevé que tenga un peso muy relevante en el futuro.
Para terminar, una mirada más personal: cuando finalice su etapa al frente de Osakidetza, ¿qué le gustaría que dijeran los profesionales y los pacientes sobre su gestión?
Me gustaría que se reconociera que hemos sido capaces de encaminar el sistema hacia los retos que vienen, especialmente el envejecimiento de la población y la coordinación sociosanitaria. Si dejamos ese camino preparado, sería una buena herencia. Y también, en lo personal, que tanto profesionales como pacientes valoren el trabajo realizado en un contexto complicado.





