Del dato a la anticipación
Cuando en 2020 nació el Proyecto Venturi, nadie pensaba que lo que comenzó como un ejercicio improvisado iba a convertirse en un modelo de análisis y pensamiento consolidado. Aquellos primeros informes surgieron como reacción inmediata a la pandemia: dimensionar la demanda asistencial acumulada y advertir de las consecuencias de paralizar la actividad en un sistema ya tensionado.
La metáfora era clara: como en el principio físico que le da nombre, cuando la capacidad del sistema es limitada y no cabe toda la actividad, es necesario acelerar la capacidad de respuesta, alineando volúmenes de entradas y salidas en cada punto del proceso asistencial, y encontrar formas de resolver más con lo mismo.
Cinco años después, Venturi ha recorrido un camino evolutivo en tres fases:
Fase descriptiva (2020–2021): visibilización de la demanda oculta y primeras alertas de colapso.
Fase relacional e inferencial (2022–2023): análisis de flujos entre niveles asistenciales, inequidades territoriales y patrones estructurales repetidos.
Fase de modelización (2024–2025): construcción de escenarios predictivos, análisis de sensibilidad y evaluación del impacto de distintas medidas.
El tránsito ha sido natural: de medir, a interpretar, y finalmente a anticipar.
Una mirada distinta a la sanidad
El valor de Venturi no reside únicamente en los datos recopilados, sino en la forma de mirarlos. Hemos defendido que el sistema sanitario no puede entenderse como piezas aisladas, sino como flujos interdependientes que conectan toda la cadena asistencial.
Ese enfoque estructural nos ha permitido detectar cuellos de botella, interpretar patrones y generar conceptos propios que hoy forman parte del debate: presión asistencial relativa, elasticidad, deuda asistencial, lista estructural, capacidad resolutiva real. Indicadores diseñados no para describir lo que pasó, sino para anticipar lo que puede pasar.
En cinco años se han generado 27 informes técnicos, 38 artículos estratégicos y 15 comunicados de prensa, además de colaboraciones en medios y tertulias semanales. Pero más allá de la producción, el proyecto ha buscado ser útil para decisores, gestores y operadores sanitarios, con propuestas concretas (destacamos más de 40) aplicables a la práctica real.
Conclusiones del camino recorrido
Del análisis constante y de la experiencia acumulada se pueden destacarse ocho conclusiones que condensan la aportación del Proyecto Venturi:
Atención Primaria como regulador de demanda. No basta con aumentar plantilla: es imprescindible redefinir agendas, competencias, tiempos clínicos y criterios de derivación. Solo así puede cumplir su papel como “válvula reguladora” del sistema.
La lista de espera es un síntoma, no el problema. Su volumen depende de cómo entran y cómo salen los pacientes. Si los flujos no se equilibran, cualquier lista se cronifica, aunque aumente la actividad.
La garantía en los tiempos de respuesta como derecho aplicable. Proponemos un marco nacional de tiempos máximos con garantía real para el paciente, que elimine desigualdades territoriales y traduzca la equidad en hechos, no en promesas.
Modelos predictivos para anticipar decisiones. Simular escenarios y medir impactos antes de actuar es imprescindible. Las herramientas de análisis de sensibilidad permiten priorizar las medidas con mayor retorno en eficiencia y salud.
Eficiencia quirúrgica como motor de transformación. La clave no está en añadir más operaciones, sino en perfeccionar lo que ya hacemos: impulsar una planificación más resolutiva, optimizar el uso real de los quirófanos y dar una vuelta más a los procesos para eliminar ineficiencias. Solo así podremos recuperar capacidad de manera sostenida y estabilizar la lista de espera.
La demanda asistencial no en el radar del sistema sigue existiendo. Lo no resuelto en 2020 sigue pesando sobre la capacidad presente. Incorporarla como variable crítica en la planificación es clave para no repetir errores.
De los soluciones de efectos inmediatos al rediseño estructural. El sistema no necesita reformas cosméticas, sino rediseños operativos profundos, basados en evidencia, que reorganicen flujos, ajusten funciones y redefinan el modelo desde dentro.
Integrar todos los recursos en una planificación única. La recuperación de capacidad exige sumar de manera coherente los medios públicos y privados en un marco de planificación conjunta. Solo desde una visión integrada puede lograrse un uso eficiente de los recursos y una respuesta equitativa para todos los pacientes.
Un activo estratégico para la sanidad
Este informe evidencia que el Proyecto Venturi no es una sucesión de informes (nunca pretendió quedarse en eso): es un activo estratégico y con recorrido. Una herramienta que permite leer la sanidad desde otra óptica, anticipar escenarios y proponer soluciones aplicables.
En este sentido, Venturi aporta algo más valioso que los datos: un pensamiento propio sobre cómo gestionar un sistema sanitario complejo, donde eficiencia y equidad dependen de la gobernanza de los flujos asistenciales.
Mirando hacia delante
El reto ahora es dar continuidad. Queremos que esta memoria se actualice, crezca y se convierta en una herramienta cada vez más útil para gestores y decisores sanitarios.
El Proyecto Venturi nació de una urgencia, pero se ha consolidado como un marco de pensamiento y de propuesta. Su esencia es clara: no basta con describir lo ocurrido; hay que anticipar lo que viene y actuar con base en ello.
El Proyecto Venturi ya ha demostrado que en sanidad no es suficiente medir. Es necesario interpretar, anticipar y decidir con visión estratégica. Solo así se encontrará luz al final del túnel.





