El suelo pélvico es el conjunto de músculos, ligamentos y tejidos que cierran la parte inferior de la cavidad abdominal y tienen una función clave en el soporte de los órganos pélvicos, como la vejiga, el útero y el recto. Además, interviene en funciones esenciales como la continencia urinaria y fecal, el soporte del embarazo, la estabilidad y equilibrio pélvico-lumbar y la función sexual.
El Hospital Quirónsalud Huelva, de la mano de Marcos Lutteral, especialista en ginecología, ha puesto en marcha una nueva consulta médica dirigida a la mujer para el diagnóstico y tratamiento de patologías del suelo pélvico, cuya prevalencia aumenta especialmente tras el embarazo y puede reducir la calidad de vida.
Según explica el especialista, son varias las causas más frecuentes que pueden dañarlo:
• Embarazo y parto: especialmente los vaginales, pueden ejercer una gran presión sobre estos músculos y dañarlos.
• Envejecimiento y cambios hormonales: la menopausia provoca una reducción en la producción de estrógenos, afectando la tonicidad muscular.
• Sobrepeso y obesidad: el exceso de peso ejerce presión sobre la zona pélvica.
• Esfuerzos repetitivos: levantar peso de manera incorrecta o sufrir estreñimiento crónico puede afectar su funcionalidad.
• Tos crónica: enfermedades respiratorias pueden generar presión constante en el suelo pélvico.
• Cirugías pélvicas o traumatismos: pueden alterar la estructura y función de estos músculos.
“Estas patologías repercuten negativamente sobre la calidad de vida de la mujer, por ello es importante trabajar de manera preventiva la conservación del suelo pélvico para que, en caso de daño, la detección y recuperación sea temprana”, resalta el especialista.
La nueva consulta, que se inicia el próximo 9 de abril en la primera planta del Hospital Quirónsalud Huelva, lleva a cabo un proceso diagnóstico basado en la historia clínica de la paciente, los síntomas que la han llevado a solicitar consulta —como dolor pélvico o lumbar, molestias durante las relaciones sexuales, presión en la zona pélvica o incontinencia urinaria y/o fecal—, el examen físico y la posibilidad de realizar pruebas complementarias como ecografía y/o resonancia magnética.
Con un diagnóstico claro, el siguiente paso es iniciar el tratamiento reparador y recuperador. “Cada paciente es única y por tanto su patología también, lo que define un tratamiento personalizado y revisable según los avances”, recalca Lutteral.
El tratamiento depende de la gravedad del daño, pero algunas opciones comunes incluyen:
• Ejercicios de rehabilitación: como los ejercicios de Kegel o hipopresivos.
• Fisioterapia pélvica: con técnicas de biofeedback y electroestimulación.
• Dispositivos médicos: como pesarios para mejorar la estabilidad de los órganos pélvicos.
• Cirugía: en casos más severos, como los prolapsos avanzados.
• Cambios en el estilo de vida: perder peso, mejorar la postura y evitar esfuerzos excesivos.
La recuperación puede ser total o parcial, dependiendo de la lesión y del tratamiento aplicado. Muchas mujeres mejoran significativamente con rehabilitación y cambios en el estilo de vida, mientras que en los casos más severos puede requerirse intervención quirúrgica.





