“Lo importante no es solo tratar enfermedades, sino crear salud”
Con una sólida trayectoria como pediatra y gestora sanitaria, Rocío Hernández Soto lidera la Consejería de Salud y Consumo de Andalucía con una visión clara: transformar el sistema desde la cercanía, el rigor y la innovación. En esta entrevista con New Medical Economics, repasa los avances logrados en listas de espera, atención primaria, salud mental o digitalización sanitaria, al tiempo que subraya los desafíos pendientes y la necesidad de construir un modelo sostenible, centrado en las personas y orientado a la promoción de la salud.
Para comenzar, ¿podría hablarnos brevemente de su trayectoria profesional y cómo llegó a ocupar el cargo de Consejera de Salud?
Soy doctora en Medicina por la Universidad de Sevilla, pediatra y subespecialista en nefrología pediátrica. Empecé trabajando en urgencias en el Hospital Infantil Virgen del Rocío, compatibilizando contratos de horas con formación e investigación. Posteriormente ejercí como pediatra de atención primaria y fui accediendo a puestos de gestión: directora de centro, directora de unidad de gestión clínica y subdirectora médica del Hospital Materno Infantil. Durante siete años dirigí el distrito sanitario Aljarafe-Sevilla Norte, el más extenso de Andalucía. Tras pasar por la gerencia, recibí la propuesta de asumir esta Consejería. Asumo esta responsabilidad como un cargo de servicio, poniendo al servicio de la ciudadanía mi experiencia profesional. Entiendo la gestión sanitaria como una labor vocacional, que requiere cercanía, rigor, escucha activa y conocimiento de la realidad de los centros y de quienes trabajan en ellos.
Desde que asumió la Consejería, ¿cuáles considera que han sido los principales logros en materia sanitaria en Andalucía?
Prefiero hablar de lo que aún nos queda por conseguir, aunque es cierto que se han producido avances. Hemos reducido un 51% los pacientes fuera de plazo en listas de espera quirúrgica y hemos disminuido el tiempo medio de demora en 40 días. En atención primaria, hemos implantado un plan de accesibilidad que nos permite conocer mejor la demanda y adaptar agendas. Ahora sabemos cómo y por qué pide cita la población, y un 65% prefiere atención telefónica, lo que exige reorganizar los recursos para responder a lo que realmente se necesita. Además, se han incorporado nuevas herramientas digitales que permiten a los ciudadanos gestionar sus citas de forma ágil, y se ha reforzado la coordinación entre niveles asistenciales para mejorar la continuidad asistencial.
Uno de los temas que más preocupan a la ciudadanía son las listas de espera. ¿Qué medidas han puesto en marcha y qué resultados están obteniendo?
Además del plan de garantía sanitaria, estamos priorizando el cumplimiento de los decretos de garantía de 2001. Las patologías urgentes y oncológicas no están sometidas a lista de espera, pero el objetivo es que todas las personas sean atendidas dentro de los plazos legales. Utilizamos todos los recursos disponibles, también con colaboración público-privada, que actualmente representa el 3,7% del total, por debajo del 5% de hace una década. Seguimos trabajando para mejorar la accesibilidad también en consultas externas y pruebas diagnósticas. Sabemos que la demanda va en aumento por el envejecimiento de la población y la cronicidad, pero apostamos por una gestión inteligente de los recursos y por actuar de forma proactiva para contener el crecimiento de la demanda no planificada.
La atención primaria ha sido objeto de debate en los últimos años. ¿Qué actuaciones están impulsando para reforzar este primer nivel asistencial?
Estamos transformando el modelo. El plan de accesibilidad nos ha permitido ajustar la oferta a la demanda real. Estamos apostando por la monitorización a distancia de pacientes crónicos complejos, evitando desplazamientos innecesarios, y por el empoderamiento del paciente. Hay que cambiar el paradigma: no todo tiene que pasar por el médico. Enfermería, fisioterapeutas, farmacéuticos, psicólogos y otros perfiles pueden resolver gran parte de las demandas. También hemos reforzado la dotación de equipamiento y la formación continua de los profesionales. Estamos promoviendo también la atención domiciliaria y la coordinación con servicios sociales, especialmente en zonas rurales y en población vulnerable.
En cuanto a recursos humanos, ¿cómo está abordando la Consejería la escasez de profesionales sanitarios y la necesidad de estabilización del empleo en el sector?
Estamos aplicando medidas a corto, medio y largo plazo. A corto, incentivamos la cobertura de zonas de difícil acceso con guardias mejor remuneradas, contratos más atractivos y posibilidad de desarrollo profesional. A medio y largo plazo, trabajamos con el Ministerio para ajustar la planificación de plazas MIR y reforzar perfiles que hasta ahora no se tenían en cuenta. Además, promovemos carreras profesionales más flexibles y con espacio para la investigación también en ámbitos como los hospitales comarcales. Es importante recuperar la vocación por lo público, por lo comunitario, y eso implica también mejorar el clima laboral, la estabilidad y las expectativas de carrera.
En el ámbito de la innovación, ¿qué papel están jugando las nuevas tecnologías y la digitalización en el sistema sanitario andaluz?
La transformación digital es clave. Estamos impulsando la telemonitorización, especialmente en patologías como la diabetes, donde ya contamos con más de 60.000 dispositivos de monitorización continua. Además, trabajamos con herramientas de inteligencia artificial aplicadas al diagnóstico y cribado, y fomentamos la historia clínica compartida y la interoperabilidad. Nuestro objetivo es anticiparnos a las necesidades del paciente y facilitar una atención personalizada, proactiva y ágil. La tecnología debe ser un medio al servicio de una atención más humana, no un fin en sí misma.
Andalucía cuenta con hospitales de referencia y centros de investigación punteros. ¿Qué proyectos destacaría actualmente en colaboración con el ámbito científico?
Contamos con 42 unidades de referencia nacional (CSUR), 26 de ellas en el Hospital Universitario Virgen del Rocío. Este centro está autorizado para usar piel humana artificial, terapias génicas y tratamientos innovadores. La actividad investigadora ha aumentado un 58% en cinco años, con más de 4.000 estudios activos. Estamos impulsando la participación de la atención primaria en ensayos clínicos, fomentando la investigación traslacional y promoviendo la colaboración público-privada. Queremos democratizar el acceso a la investigación y que los avances lleguen a toda la población andaluza, vivan donde vivan.
En materia de salud mental, una de las grandes preocupaciones actuales, ¿qué acciones concretas está promoviendo su Consejería?
Hemos creado una Dirección General específica que aborda la salud mental desde un enfoque integral, incluyendo también las adicciones y el bienestar emocional. Disponemos de un Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones, un Plan de Prevención del Suicidio y un Consejo Asesor. Se han abierto nuevas unidades de hospitalización intermedia, centros específicos como el de Loja, y estamos integrando psicólogos en atención primaria. También trabajamos en formación para detectar signos de riesgo en centros educativos y reforzamos el papel de las farmacias comunitarias. La salud mental no puede abordarse desde la urgencia, sino desde la planificación, la prevención y la integración en todos los ámbitos de la salud.
Para finalizar, ¿cuáles son las prioridades y proyectos estratégicos de la Consejería para lo que queda de legislatura?
Nuestros objetivos prioritarios son mejorar la accesibilidad en todos los niveles asistenciales, ser atractivos para los profesionales sanitarios y avanzar en la promoción de la salud y la prevención. Queremos que la ciudadanía andaluza no solo viva más, sino con mejor salud. Apostamos por el diagnóstico precoz, los cribados, la gestión de la cronicidad y, sobre todo, por un modelo sanitario sostenible y centrado en las personas. Como suelo decir, lo importante no es solo tratar enfermedades, sino crear salud. Trabajamos también para hacer del sistema sanitario un entorno de confianza, que genere seguridad, orgullo y sentido de pertenencia, tanto para los profesionales como para los ciudadanos.





