Uno de los hechos que está caracterizando la vigente XV Legislatura en el Congreso de los Diputados es el bloqueo en la tramitación de proposiciones de ley1.
En esencia, la parálisis está siendo forzada por los grupos parlamentarios que dan soporte al Gobierno -que con su mayoría en la ‘Mesa del Congreso’ prorrogan sistemáticamente, semana tras semana, los plazos para la presentación de enmiendas, impidiendo los debates- y afecta a un total de 78 proposiciones en el momento en el que escribo el presente artículo2.
El colapso, que se produce desde hace años según ha reconocido el Tribunal Constitucional3, afecta al Sistema Nacional de Salud (SNS) con ejemplos como la proposición ‘sobre ratios de enfermeras para garantizar la seguridad del paciente en centros sanitarios y otros ámbitos’4 (52 ampliaciones) o la relativa a la ‘violencia en el ámbito sanitario’5 (40 ampliaciones).
La misma mala praxis se produce con proyectos de ley procedentes del Ejecutivo, con un total de 506, entre los cuales hay también casos sanitarios como los referidos a la ‘prevención del consumo de bebidas alcohólicas y de sus efectos en las personas menores
de edad’7 (44 ampliaciones), y a la ‘consolidación de la equidad y la cohesión’8 (68 ampliaciones).
Se trata de un estancamiento que colisiona frontalmente con la necesidad acuciante que existe en el SNS de actualizar la normativa vigente.
Renovaciones sine qua non
La Ley General de Sanidad9, cuyo 40 aniversario se celebró el mes pasado10, es una muestra más que representativa de ello, aunque tal y como planteé en marzo de 2025 en esta misma columna11, son numerosas las leyes cimentales del SNS que han de ser renovadas, cuando no reemplazadas.
Me refiero a la Ley sobre nuevas formas de gestión del año 199712 y 13, a la de Cohesión y Calidad14, a la de Ordenación de las Profesiones Sanitarias15 -ambas de 2003-, a la General de Salud Pública de 201116… cuyas reformas exigen unos niveles de coordinación, consenso y sinergias inalcanzables en el inestable contexto político actual.
Las manifestaciones y huelgas de profesionales sanitarios derivadas de la propuesta planteada desde el Ministerio de Sanidad para modernizar el ‘Estatuto Marco’ respaldan sobradamente la anterior afirmación17, que también puede ser justificada con la desconfianza existente en todo el sector por la ausencia de progresos palpables en compromisos normativos adquiridos desde el propio Ministerio de Sanidad para renovar leyes como la del medicamento18 y 19 o la del tabaco20.
Termómetro
En este frame, el presidente del Gobierno afirmó en un acto público celebrado el pasado 20 de abril que “la salud de nuestra sanidad pública es el termómetro de la salud de nuestra democracia”21.
Sin entrar en detalles sobre la involución sufrida en las listas de espera con los últimos datos oficiales, relativos al pasado diciembre y publicados el mes pasado22, el diagnóstico de la realidad presente del SNS no puede ser favorable considerando que el ‘Informe Barómetro Sanitario 2025’ sitúa en un 6,02 so-
Las reformas estructurales que el SNS necesita tendrán que esperar a un momento de mayor estabilidad, certidumbre y predictibilidad sociopolítica
bre 10 la satisfacción de los españoles con el SNS23 -en mínimos históricos- y que el ‘Barómetro del CIS’ publicado en abril vuelve a situar a la sanidad como tercer “problema que personalmente afecta más” a los ciudadanos e indica que un mayoritario 26,3% valora “muy mal”24 a la -por el momento25- ministra.
En consecuencia, si asumimos la afirmación realizada por Pedro Sánchez y consideramos el bloqueo legislativo en el Congreso antes descrito, además de la inestabilidad política 26 e institucional 27 existente y la ausencia de Presupuestos Generales del Estado actualizados desde 2023 28, puede decirse que la salud de nuestra democracia no es, precisamente, la mejor.
Próxima legislatura
Así pues, y más allá de lo que dure la XV Legislatura, todo apunta a que las reformas estructurales que el SNS necesita tendrán que esperar a un momento de mayor estabilidad, certidumbre y predictibilidad sociopolítica.
Deberá ser el próximo Gobierno el que aborde -tras una due diligence29 exhaustiva para conocer el estado real del SNS- un nuevo modelo de financiación30 e impulse una nueva normativa vertebradora, pues frente a aquello de ‘monumentum aere perennius’ que planteó el poeta Horacio31 en la Antigua Roma, nuestra sanidad, lejos de ser sempiterna, tiene que actualizarse si queremos que perdure y garantice una respuesta satisfactoria y sostenible a las necesidades asistenciales presentes y futuras, crecientes en cantidad y complejidad, de cada uno de nosotros.





