La sanidad de la Comunidad de Madrid se encuentra ante una oportunidad histórica: aprovechar el potencial de la digitalización no solo para modernizar sus estructuras, sino para redefinir la relación entre el sistema sanitario y el ciudadano.
Recientemente la región ha dado un paso importante en este sentido, presentando el Plan Estratégico de Salud Digital 2026-2028, una apuesta decidida por un nuevo modelo asistencial más humano, más eficiente y más cercano.
Estamos hablando de 336 millones de euros destinados a transformar uno de los pilares del Estado del Bienestar. Pero, más allá de la cifra, lo verdaderamente relevante es el objetivo: poner al ciudadano en el centro, facilitar el trabajo de los profesionales y utilizar el dato como motor de innovación.
En la Comunidad de Madrid ya llevamos años poniendo en marcha algunos cambios que nos han convertido en referentes internacionales en el sector sanitario. Uno de los ejemplos más claros es la evolución que hemos realizado con la Tarjeta Sanitaria Virtual (TSV).
Con millones de usuarios y decenas de millones de accesos, ha dejado de ser una simple herramienta administrativa para convertirse en un auténtico punto de contacto directo y continuo con el sistema sanitario. Su transformación en una superapp permitirá integrar seguimiento remoto, notificaciones inteligentes y programas preventivos, acercando la sanidad al día a día del ciudadano.
En paralelo, iniciativas como el Portal del Paciente suponen un paso decisivo hacia la transparencia y el empoderamiento. El acceso sencillo a la información clínica no solo mejora la experiencia del usuario, sino que también fomenta una mayor corresponsabilidad en el cuidado de la salud. Este cambio cultural es tan importante como el tecnológico.
Pero si hay un ámbito donde la digitalización puede marcar una diferencia real es en la atención a pacientes crónicos. Programas como Personaliz@, basados en tecnologías como el Internet de las Cosas o la Inteligencia Artificial, permitirán monitorizar a los pacientes en sus propios hogares. Esto mejora su calidad de vida, pero también reduce la presión sobre hospitales y centros de salud, optimizando los recursos disponibles.
Y es que, no podemos olvidar tampoco a los profesionales sanitarios. La tecnología debe ser una aliada, ofreciendo herramientas que simplifican su trabajo, mejoran el acceso a la información y facilitan la toma de decisiones clínicas mediante modelos predictivos. En este sentido, la Historia Clínica Única, con acceso en tiempo real, es un claro ejemplo de cómo eliminar barreras y ganar eficiencia.
La innovación, sin embargo, debe ir acompañada de garantías. En un entorno donde el dato de salud adquiere un valor estratégico, la ciberseguridad se convierte en una prioridad absoluta. La creación de un centro demostrador específico en este ámbito refleja nuestra voluntad de anticiparnos a los riesgos y proteger tanto a ciudadanos como a profesionales.
Asimismo, la interoperabilidad será clave en los próximos años. La posibilidad de compartir datos a nivel nacional y europeo abrirá nuevas oportunidades en investigación, diagnóstico y tratamiento. Madrid no solo quiere liderar, sino también colaborar, construir redes y generar conocimiento compartido.
Los resultados ya empiezan a ser visibles. Experiencias como el Centro de Control del Hospital General Universitario Gregorio Marañón demuestran que la tecnología puede mejorar de forma tangible la eficiencia y la calidad asistencial: más cirugías, menos tiempos de espera y mejores resultados para los pacientes.
En definitiva, la digitalización no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir una sanidad mejor. Más accesible, más personalizada y más sostenible. Este plan estratégico no solo responde a las necesidades del presente, sino que anticipa los retos del futuro.
Miguel López-Valverde Argüeso
Consejero de Digitalización de la Comunidad de Madrid





