Las enfermedades crónicas forman parte de la vida de millones de personas en España, donde el 60% de las personas mayores de 65 años sufren más de una enfermedad crónica, lo que significa que la mayoría de las personas de cierta edad, son pacientes, siendo las patologías articulares muy comunes en esta población, destacando la artrosis, la osteoporosis y la sarcopenia. Por ejemplo, más del 50% de la población mayor de 65 años tiene artrosis. Además, se trata de enfermedades de género, que afectan 3 veces más a las mujeres que a los hombres, que, si bien al principio pueden evolucionar de forma silente, finalmente son patologías invalidantes, que, debido al dolor, merman la movilidad y autonomía, afectando a la calidad de vida.

A menudo se habla de estas enfermedades en términos médicos, centrando el foco en el diagnóstico y el tratamiento. Sin embargo, su impacto real se manifiesta en lo más cotidiano: caminar, levantarse, agacharse, mantener el equilibrio, manipular enseres o incluso realizar la higiene personal. Acciones tan básicas como ducharse o entrar y salir de una bañera pueden convertirse en un reto diario cuando hay dolor articular, pérdida de fuerza, fragilidad o miedo a caerse. En este contexto, el cuarto de baño es uno de los espacios del hogar donde más se evidencia la vulnerabilidad de las personas que padecen problemas musculoesqueléticos. Se trata de un lugar donde se pueden combinar superficies mojadas, suelos resbaladizos, movimientos inestables y cambios de postura constantes. Además, es un espacio íntimo, donde perder autonomía puede tener un impacto emocional muy profundo.

Las caídas son uno de los principales riesgos asociados al envejecimiento y a la fragilidad ósea. En el caso de la osteoporosis, el peligro es aún mayor, ya que una caída puede derivar en fracturas graves, especialmente de cadera, con consecuencias que afectan de forma drástica a la calidad de vida. Por eso, hablar de seguridad en el hogar es también hablar de prevención de fracturas, de dependencia y, en muchos casos, de supervivencia. De hecho, se estima que una de cada tres personas mayores de 65 años sufre una caída en casa al año, y las caídas en el baño causan el 66% de los accidentes domésticos. Situación grave, pues son causa del 70% de las muertes en personas mayores de 75 años, lo que en España suponen 12.723 fallecidos/año. Según la OMS, las caídas son la segunda causa de muerte por lesiones accidentales.

Con el objetivo de entender mejor esta realidad desde OAFI (Osteoarthritis Foundation International) se impulsó un estudio centrado en la experiencia del paciente, con la colaboración de Renoveduch. Este estudio se enmarca en la iniciativa OAFI Space, un programa de I+D y Acceso de la Fundación que analiza, evalúa y certifica espacios, productos y servicios según su impacto en la salud articular y la calidad de vida de los pacientes.

La investigación se desarrolló con la colaboración de asociaciones como AVAO, ASAAR y la Fundación RHEUMATOS, e incluyó a 12 participantes, en su mayoría mujeres y mayores de 70 años, con artrosis, osteoporosis y otras limitaciones osteoarticulares; con un enfoque participativo, utilizando una sesión grupal basada en la técnica del Grupo Nominal y una encuesta individual posterior. Esta metodología permitió identificar no solo los problemas más frecuentes, sino también las soluciones que los pacientes consideran prioritarias.

Los resultados fueron claros: el principal foco de inseguridad dentro del cuarto de baño es la ducha o la bañera, señalada por el 67% de los participantes. A continuación, se identificó el suelo del baño como un riesgo importante (42%), y el inodoro como un punto de dificultad para un 17% de los encuestados. Más allá de la percepción, la experiencia directa de riesgo fue muy significativa. La mitad de los participantes reconoció haber sufrido un resbalón o un susto en el baño e incluso caída. Estos datos reflejan que no estamos ante un problema hipotético, sino ante un riesgo real y frecuente en personas con patologías osteoarticulares.

Durante la sesión grupal, los pacientes describieron barreras comunes que aparecen en muchos baños convencionales. Entre ellas destacaron la falta de amplitud, la presencia excesiva de elementos, de bañeras con difícil acceso, la ausencia de barras de apoyo, la altura inadecuada del inodoro, los suelos resbaladizos y la grifería orientada a la estética más que a la funcionalidad. También se señaló la cortina como elemento de riesgo o de las mamparas pesadas o con tiradores poco ergonómicos, que dificultan su uso con manos mojadas o con limitaciones en la fuerza de las manos. Los participantes coincidieron en que estas barreras no solo generan incomodidad, sino que reducen la sensación de autonomía y aumentan el miedo a caerse. Este miedo, aunque no siempre se verbaliza, puede tener consecuencias importantes: muchas personas reducen la frecuencia de la ducha o lo hacen en tensión, evitan estar solas en casa o dependen de ayuda externa.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue el consenso total sobre la importancia de adaptar el baño. En una dinámica final, los participantes confirmaron que un baño adaptado no es solo una cuestión de seguridad, sino también un elemento práctico fundamental para preservar la dignidad, la autoestima y la calidad de vida. Cuando se analizó qué soluciones aportan mayor beneficio, la propuesta mejor valorada fue la sustitución de una bañera por una ducha con plato nivelado a ras del suelo. Esta opción recibió puntuaciones muy altas en seguridad y comodidad, con un consenso generalizado.

Otro de los elementos más importantes para los participantes fueron las barras de apoyo o agarradores. Su utilidad para prevenir caídas fue uno de los aspectos mejor valorados del estudio, y se destacó su papel como punto estable de apoyo tanto dentro como fuera de la ducha, así como junto al inodoro. Los pacientes señalaron que las barras deben estar bien colocadas y ser realmente funcionales, evitando superficies demasiado lisas que dificulten el agarre con las manos mojadas. El suelo antideslizante apareció también como una necesidad esencial. Los participantes explicaron que el riesgo no se limita al interior de la ducha, sino también a la salida, donde suele acumularse agua. En este sentido, la superficie antideslizante rugosa del plato de ducha fue valorada de forma positiva en términos de seguridad, reforzando su utilidad como medida preventiva.

En relación con el asiento de ducha, las valoraciones fueron favorables, especialmente cuando se trata de un asiento estable, con puntas de goma antideslizantes y altura regulable. La mampara de ducha fue en general mejor aceptada que la cortina, especialmente por aspectos relacionados con la garantía y el cumplimiento normativo. También se valoró positivamente el tirador ergonómico, al facilitar la apertura y cierre con manos mojadas o con dificultades de fuerza.

En cuanto a la grifería, los pacientes valoraron positivamente el sistema monomando por su facilidad de uso.

El alto coste, junto al mantenimiento del baño fue uno de los puntos peor valorados de todo el estudio. La facilidad para limpiar el área de ducha obtuvo una puntuación más baja y el esfuerzo percibido para mantener limpia la zona fue el ítem con peor valoración global, lo que refleja que la higiene del propio espacio también puede convertirse en una carga para personas con limitaciones físicas. Este punto es especialmente relevante, porque muchas reformas se centran en la accesibilidad y olvidan un aspecto clave: un baño adaptado debe ser también fácil de mantener. Si limpiar la mampara, el plato o la grifería requiere esfuerzo físico, posturas incómodas o fuerza manual, el resultado puede ser un aumento del cansancio, del dolor y de la dependencia.

En conclusión, los resultados del estudio confirman que adaptar el baño a las necesidades reales de personas con enfermedades osteoarticulares es una intervención prioritaria, no solo para prevenir caídas, sino para proteger la autonomía y el bienestar emocional.

La higiene diaria es una parte esencial de la salud, pero también de la autoestima y la dignidad. En este sentido, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el periodo 2021-2030 como la “Década del Envejecimiento Saludable” y encargó a la OMS liderar su puesta en práctica, situando a las personas mayores en el centro y promoviendo la colaboración de gobiernos, sociedad civil, organismos internacionales, profesionales, instituciones académicas, medios de comunicación y sector privado para mejorar su vida, así como la de sus familias y comunidades.

Por eso, mejorar el baño no es un detalle menor, es una forma directa de favorecer un envejecimiento saludable, seguro y activo, que requiere de la implicación de los gobiernos impulsando e incentivando estas reformas que en una sociedad cada vez más longeva, pensar en baños accesibles no debería ser una excepción, sino una medida básica de prevención y calidad de vida.

Desde OAFI seguimos trabajando para mejorar el abordaje y la calidad de vida de todas las personas que sufren patologías osteoarticulares, ofreciendo información rigurosa, programas de prevención y educación en salud, participación en estudios de investigación, así como iniciativas orientadas al acompañamiento y empoderamiento del paciente. Además, le invitamos a formar parte de la Comunidad OAFI y presentamos OAFI lab Llémena – Patient Experience Centre, como capital mundial de la Salud Osteoarticular.

Si desea más información o ponerse en contacto con nosotros, puede visitarnos en Barcelona (c/ Tuset, 19 · 3º 2ª), llamarnos al 931 594 015, escribirnos a info@oafifoundation.com o consultar nuestra página web www.oafifoundation.com