2026 se perfila como con señales claras de madurez de la experiencia de paciente tras una década de avances dispersos. Los congresos recientes y la práctica real en hospitales muestran que los datos, la participación y la tecnología están empezando a reconfigurar la atención más allá de los discursos. Estas siete tendencias recogen lo que ya está ocurriendo sobre el terreno y hacia dónde parece dirigirse el sistema sanitario en los próximos años.
Acaba 2025 y no solamente es un momento para hacer balance, sino para mirar hacia adelante y preparar el año entrante. En este sentido hemos tenido la suerte de que el final del año ha coincidido con el VI Congreso de Experiencia de Paciente, celebrado en Ciudad Real el 20 de noviembre pasado. En este evento participaron los mejores especialistas nacionales y de primer nivel internacionales como ICHOM o el Journal of Patient Experience con información global. La percepción general es que se está produciendo un punto de inflexión en la experiencia de paciente. Una percepción que también se pudo observar en el congreso de la sociedad española de Calidad Asistencial en octubre 2026 en Madrid.
Tras varios años de proyectos piloto y ejercicios parciales, cada vez más entidades sanitarios —públicas y privadas— parecen consolidar un enfoque estructural basado en datos, participación y tecnología. La experiencia está dejando de ser un ámbito complementario y se integra en decisiones clínicas, de planificación y de gestión. La evolución reciente de organismos internacionales y del mercado tecnológico confirma que el debate ya no gira en torno a “por qué” trabajar la experiencia del paciente o a qué resultados produce – eso ya no se duda- sino “cómo” convertirla en un componente estable del funcionamiento del sistema. No todos los hospitales, empresas de tecnología sanitaria y laboratorios están allí, pero cada vez más. Entidades líderes han abierto ese camino, como el Hospital Infanta Leonor, Vall d’Hebron, Quirónsalud o el Hospital Negrín en Canarias.
En este sentido podemos avanzar ocho tendencias para 2026 en España y Europa:
La participación del paciente tenderá a institucionalizarse
La participación irá abandonando paulatinamente el modelo consultivo y para adoptar un papel estable en la toma de decisiones, como ya sucede en Vall d’Hebron. Los órganos reguladores incorporan mecanismos formales para integrar la voz del paciente en el desarrollo de medicamentos, servicios y políticas. Así, por ejemplo, la Agencia Europea del Medicamento ha establecido un marco para incluir de manera sistemática datos de experiencia del paciente en sus procesos regulatorios, convirtiendo esta perspectiva en un elemento permanente del análisis científico.
Convergencia entre PREM y PROM como estándar de evaluación
Los sistemas sanitarios avanzan hacia el uso integrado de medidas de experiencia (PREM) y resultados comunicados por el paciente (PROM). Su lectura conjunta permite relacionar percepción de la atención, funcionalidad y calidad de vida con la práctica clínica diaria. Es verdad que es un tema muy complicado de implantar en la práctica, aunque por ejemplo la Fundación Jiménez Díaz tiene un modelo basado en IA muy interesante. Esto cuadra con un informe reciente de la OCDE subraya que los PROM solo generan valor real cuando se integran en los sistemas de información asistencial, impulsando a los centros a utilizarlos como parte de su actividad diaria y no como ejercicios aislados.
La perspectiva del paciente se incorpora al modelo de valor en salud
El enfoque de Value-Based Healthcare se redefine para incluir, además de los resultados clínicos y el uso eficiente de recursos, la perspectiva del paciente como criterio de valor. Administraciones y organizaciones utilizan esta información para orientar decisiones de asignación de recursos y evaluación del desempeño. Al igual que el tema de PROM y PREM es una materia difícil de implantar. Sin embargo,
diversas comunidades autónomas, como el País Vasco, cuentan ya con estrategias de sanidad basada en el valor.
Tecnología e Inteligencia Artificial orientadas a la experiencia
La inteligencia artificial empieza a mejorar aspectos muy concretos de la experiencia del paciente, especialmente en consultas externas, al facilitar la preparación de la visita, anticipar necesidades y reducir tareas administrativas que restaban tiempo a la relación clínica. Ejemplos reales incluyen las propuestas del grupo JANUS, que muestran cómo la IA puede apoyar al paciente desde el momento de pedir cita hasta la monitorización en casa, y herramientas digitales como Clinic Maps del Hospital Clínic de Barcelona, que mejoran la orientación y reducen la ansiedad del tránsito por el hospital. La extensión progresiva de estas tecnologías abre la puerta a modelos de interacción más fluidos y centrados en el paciente.
La experiencia del paciente como activo estratégico
La experiencia del paciente se consolida como un activo estratégico porque influye de forma directa en adherencia, seguridad percibida, continuidad asistencial y confianza institucional, factores que repercuten en resultados clínicos y en la eficiencia global del sistema. Los centros que integran sistemáticamente la voz del paciente detectan antes los fallos de coordinación, reducen variabilidad clínica y optimizan procesos, transformando la experiencia en un indicador operativo de valor. Esta perspectiva ya se observa en organizaciones que utilizan cuadros de mando de experiencia para ajustar agendas, rediseñar flujos y priorizar intervenciones. Un ejemplo real es el modelo de la Fundación Althaia en Manresa, que integra la experiencia del paciente en su sistema de calidad para orientar decisiones de mejora y reorganización de servicios. Todo ello refuerza la experiencia como un elemento de gestión con impacto real.
Convergencia internacional hacia modelos centrados en la persona
A nivel global se observa una convergencia clara en la forma de orientar los sistemas sanitarios hacia modelos centrados en la persona, donde la participación estructurada, la medición sistemática de la experiencia y los resultados comunicados por el paciente, y la evaluación del valor clínico forman un marco común. Organismos como la OMS, la OCDE, ICHOM y diversas agencias reguladoras han alineado sus estándares en torno a estos principios, reduciendo progresivamente la heterogeneidad conceptual entre países. Esta alineación internacional permite que los sistemas aprendan unos de otros y acelera la adopción de prácticas basadas en evidencia. En este contexto, asistir en octubre de 2025 a los Picker Awards permitió comprobar que los proyectos españoles de experiencia del paciente están ya al nivel de los mejores del NHS británico, mostrando una madurez comparable.
La experiencia del paciente es transformadora para las organizaciones de salud
La experiencia del paciente se está consolidando como un motor de transformación organizativa porque, más allá de los beneficios esperados, modifica procesos, decisiones y dinámicas internas. Un estudio publicado en New Medical Economics en septiembre mostró que los proyectos de experiencia del paciente generan impactos demostrables en salud (62%), eficiencia operativa (64%) e identificación de problemas críticos que permanecían invisibles (92%). Estos resultados explican por qué la experiencia se convierte en un instrumento de gestión y no solo en una iniciativa puntual. A ello se añade un patrón constante observado en organizaciones que trabajan con IEXP: el 100% reporta transformación organizativa profunda derivada de estos proyectos.
¿Qué podemos esperar de 2026 en adelante?
Las tendencias muestran que la experiencia del paciente se está integrando en los mecanismos reales del sistema sanitario y ofrece una lectura más precisa de cómo funciona la atención en la práctica. Aporta información que ayuda a distinguir dónde se crea valor, dónde se pierde y qué áreas requieren intervención inmediata. Su utilidad depende de la capacidad para orientar decisiones clínicas, operativas y organizativas con mayor claridad.





