El análisis del acceso quirúrgico en España se apoya fundamentalmente en dos indicadores: el número de pacientes en lista de espera y el tiempo medio de espera. Ambos se publican periódicamente y forman parte del seguimiento institucional, utilizándose, por tanto, como referencia para valorar la evolución del sistema.
Dos dimensiones de una misma realidad: la capacidad de respuesta del sistema sanitario:
Impacto individual percibido: el tiempo de espera expresa la dimensión individual del acceso. Cuánto tarda un paciente concreto en ser intervenido desde su inclusión en lista. Es el indicador que conecta de forma directa con la experiencia del ciudadano.
Deuda asistencial (lo llamamos así porque es una deuda social): el volumen de pacientes en lista refleja la dimensión estructural del fenómeno. Cuántas personas se encuentran simultáneamente en esa situación es la expresión cuantitativa de la presión asistencial acumulada en el sistema.
Ambos están vinculados a la capacidad de respuesta del sistema, pero ninguno, por separado, permite interpretar de manera completa la dimensión de esta realidad de la sanidad.
Nuestro estudio comparativo entre Francia y España, origen de este análisis
En el marco del Proyecto Venturi, orientado al análisis de los equilibrios entre demanda y capacidad en los sistemas sanitarios, se realizó una comparación internacional entre España y Francia en relación con la medición del acceso asistencial.
Mientras que España ha desarrollado un sistema sólido y homogéneo de publicación agregada de listas de espera, tiempos medios, entre otros (ver Sistema de Información de Lista de Espera en España), Francia, por su parte, ha estructurado históricamente su análisis del acceso en torno a los tiempos y la organización de los circuitos asistenciales, sin convertir la lista agregada en eje central de evaluación.
La comparación no pretendía determinar qué modelo era preferible. Pero sí nos permitió constatar cuál es la preocupación social y política en cada país, dado que ambos enfoques estaban describiendo dimensiones distintas de una misma realidad: la experiencia individual del acceso y la presión estructural del sistema.
Esa constatación llevó a formular el siguiente paso en la reflexión: ¿Qué sucede cuando se analizan conjuntamente esas dimensiones?
Integrar las dos dimensiones en un análisis conjunto
El tiempo medio puede mejorar por incremento de actividad quirúrgica, reorganización operativa o ajustes en la priorización clínica. El volumen pendiente puede aumentar por crecimiento de la demanda, ampliación de indicaciones o limitaciones en la capacidad de resolución. Y el decisor debe decidir qué priorizar, cuando no viene priorizado ya por la gravedad y consecuencias de las patologías: ¿pacientes con más tiempo o menos con mayor gravedad, pero no urgente? ¿Y si lo de mayor gravedad aumenta el tiempo medio? La verdad, está lejos de ser decisiones fáciles. Más concretamente:
¿Puede contenerse el tiempo mientras aumenta el volumen?
¿Puede reducirse el volumen sin que el tiempo mejore de forma equivalente?
¿Puede estabilizarse uno mientras el otro refleja desplazamientos relevantes?
Cuando se analizan de manera aislada, estas dinámicas tienden a interpretarse como mejoras o deterioros parciales. Cuando se cruzan, permiten identificar configuraciones más complejas del acceso quirúrgico.
El cuadro de análisis integrado
A partir de esta reflexión hemos construido un cuadro comparativo que relaciona explícitamente la evolución del volumen de pacientes en lista con la del tiempo medio de espera. El fin es, como venimos comentando, integrar ambas dimensiones en un mismo marco interpretativo.
Al hacerlo, se distinguen distintas situaciones, que hemos llevado a cuadrantes:
Escenario negativo: incremento simultáneo de presión estructural y demora individual
Escenarios intermedios:
Contención del tiempo pese al aumento de la carga acumulada.
Contención del volumen pero crecimiento del tiempo medio.
Escenario óptimo: disminución conjunta de pacientes y tiempos.
Este enfoque permite diferenciar entre mejora perceptible para el paciente y reducción efectiva de la presión estructural del sistema. Solo cuando disminuyen de forma coherente el tiempo de espera y el volumen pendiente puede hablarse de una mejora estructural del acceso quirúrgico.
Aplicación al análisis autonómico
La aplicación de este marco al análisis por comunidades autónomas muestra que la evolución del acceso quirúrgico en España no es homogénea ni responde a una tendencia única.
Más que una narrativa simple de mejora o deterioro, lo que se observa son distintos equilibrios entre impacto individual y presión estructural.
En numerosos territorios, el tiempo medio se mantiene estable o mejora ligeramente, lo que indica contención desde la perspectiva del paciente. Sin embargo, esa estabilidad no siempre se acompaña de una reducción equivalente del volumen pendiente, lo que evidencia persistencia de presión acumulada.
El cruce de ambas variables permite identificar posiciones diferenciadas.
Madrid se sitúa en un escenario de tensión contenida. El tiempo medio no experimenta un deterioro relevante, lo que sugiere capacidad operativa para absorber presión. Sin embargo, el volumen de pacientes pendientes no disminuye de forma proporcional. Esto implica que el sistema está gestionando la presión sin eliminarla. Desde el punto de vista estructural, supone un equilibrio exigente: se protege el impacto individual, pero la carga acumulada permanece y requiere un esfuerzo sostenido para evitar su traslado visible al tiempo de espera. La cuestión clave en este escenario no es la estabilidad actual, sino la sostenibilidad futura de ese esfuerzo.
Solo un número reducido de comunidades se ubica en la zona óptima, donde descienden simultáneamente el volumen de pacientes y el tiempo medio de espera. En estos casos puede hablarse de mejora estructural del proceso quirúrgico. No se trata únicamente de contener la presión, sino de reducirla de manera efectiva. Este escenario implica que la capacidad de resolución supera de forma sostenida la demanda acumulada.
Por el contrario, un número relevante de comunidades se sitúa en la zona de deterioro simultáneo, donde aumentan tanto el número de pacientes pendientes como el tiempo medio. Este escenario refleja una desalineación entre entradas y capacidad de resolución. La presión estructural crece y, además, se traduce en un mayor impacto individual sobre el paciente. No se trata solo de acumulación, sino de prolongación visible del acceso.
Entre estos escenarios aparecen configuraciones intermedias que obligan a una lectura prudente. Reducir uno de los indicadores no garantiza mejora si el otro evoluciona en sentido contrario. El análisis aislado puede transmitir sensación de estabilidad o avance; el análisis conjunto revela si esa estabilidad es estructural o meramente transitoria.
Implicaciones para la interpretación y la gobernanza
Evaluar el acceso quirúrgico exclusivamente desde la experiencia individual o únicamente desde la presión estructural conduce a interpretaciones incompletas.
Integrar ambas dimensiones mejora la precisión analítica y facilita decisiones más ajustadas a la realidad operativa del sistema.
Relacionar volumen y tiempo, lejos de añadir complejidad innecesaria; permite comprender simultáneamente el impacto en el paciente y la sostenibilidad estructural de la respuesta asistencial.
Conclusión
El acceso quirúrgico no se interpreta adecuadamente sin combinar la dimensión individual del tiempo de espera con la dimensión estructural de la presión acumulada.
Antonio Burgueño Jerez, Director Enclave Salud y del Proyecto Venturi
antonio.burgueno@enclavesalud.com





