Después de ver Turno de guardia he pensado que sería interesante comentar esta película, sin desvelar sus escenas. Un film que refleja la situación crítica y de sobrecarga que soportan las enfermeras, pero sobre todo es una oportunidad para comprender el valor que aporta la práctica enfermera a los pacientes y al sistema sanitario.
La película está inspirada en el libro autobiográfico de Madeline Calvelage Nuestro trabajo no es el problema: lo son las circunstancias. Ella afirma: “Cuidar puede ser agotador. Puede exigirte todo, llevarte al límite y convertirse en una verdadera carga. Pero cuidar es más que eso: implica conexión, empatía, asumir responsabilidades y superarte. Cuidar puede ser muchas cosas. Puede mostrar su lado bueno, pero también su lado malo”.
La película se desarrolla en un hospital suizo y relata el turno de tarde de Floria, una enfermera comprometida con su trabajo, competente y sistemática que afronta una interminable jornada, en una planta quirúrgica marcada por la falta de personal, la sobrecarga y la demanda constante. Cada minuto, trae consigo una nueva interrupción, una urgencia inesperada o un problema que exige decisiones inmediatas.
El resultado es un relato tenso, cercano y profundamente realista que conecta de forma directa con los espectadores y transmite esa sensación de asfixia permanente que acompaña a Floria casi en tiempo real.
Suiza era un país ideal para trabajar en los años 80. Cuando yo me gradué se decía “vete a trabajar a Suiza, verás qué bien, allí respetan tu criterio, tendrás responsabilidades y aprenderás muchísimo, además podrás hacer carrera clínica y tendrás un muy buen salario…”. Sin embargo, parece que a Suiza también ha llegado la precariedad para las enfermeras, de la que no hemos salido en nuestro país.
Algunos dirán: “Bueno, eso que se ve en esta película no pasa en España, no sucede en nuestro país dado que las enfermeras no trabajan con ese estrés, ni con esa presión, porque hay más gente, celadores, TCAEs…”.
Pues resulta que es así, está lo que se ve hacer y lo que no se ve, esas son las responsabilidades que diariamente asumen las enfermeras por tener a su cargo una media de 15 a 20 pacientes con diferente complejidad, a los que debe proporcionar seguridad, confort, cuidado profesional, observación, gestión de riesgo, aplicación de tratamientos, supervisar su estado de salud y su bienestar, comodidad, debe responder preguntas del paciente y su familia, anticiparse a situaciones críticas, liderar al equipo de cuidados y un largo etcétera.
‘Parece que a Suiza también ha llegado la precariedad para las enfermeras’
Esto sí que sucede en nuestro país.
Una anécdota para ilustrar nuestra realidad; recuerdo que una enfermera joven, en un seminario de gestión afirmó: “Ahora comprendo por qué cuando se marcan servicios mínimos ante una huelga en los hospitales estamos las mismas que todos los días: es porque ya estábamos bajo mínimos”.
Lo cierto es que no hay políticas eficaces para retener a las enfermeras que ya están abandonando el sistema o para crear estructuras que hagan atractiva la profesión y no ven acciones que hagan que valga la pena quedarse porque se las escucha, se toma en valor su criterio y se respeta su aportación.
Una enfermera que quiera desarrollar una especialidad, a diferencia de otros, deberá abandonar su contrato y perder unos 25.000€ en los dos años de residencia. Cuando acabe el EIR, si la contratan como especialista, pasará del nivel 21 de generalista al 22 como especialista, lo que supondrá un aumento de su salario anual de 900€. Es decir, tardará 28 años en recuperar su “inversión”, a veces sin saber para que se metió en esto.
El deterioro de nuestras condiciones laborales pasa seguramente sobre todo porque no se comprende qué es eso “específico” que aportamos las enfermeras, no se cataloga como un servicio imprescindible para los ciudadanos y que no resulta tangible para quien no estuvo cerca de la enfermedad o la muerte.
Algunos gestores, incluso otros profesionales, simplemente no le dan valor, o no lo quieren ver, sin embargo, es un papel lleno de matices, como se ve en la película, basado en evidencia científica, que está repleto de valores humanos, de la creación de espacios de confianza necesaria para producir la generación de un vínculo protector ante la soledad y el miedo a la enfermedad.
Los matices invisibles pero imprescindibles que aportan las enfermeras tienen que ver con la valoración de las necesidades de cada persona, lo que da el conocimiento personalizado que puede resultar inapreciable a los ojos del positivismo trasnochado, pero es imprescindible para las personas cuando pierden su salud o la de los suyos.
La enfermera le conoce, le entiende, se convierte en su cómplice y busca siempre soluciones diferentes para afrontar el miedo, el temor, las decisiones, la soledad, la desesperanza o el duelo anticipado, tiene una la visión integral de la cotidianidad, de lo que es próximo a la persona, en sus circunstancias de salud concretas.
Esta película describe la esencia, lo específico, de lo que es una enfermera. La mayor parte de los ciudadanos, de los gestores, ven que una enfermera es una persona que toma constantes, que aplica una medicación o hace una venopunción, que hace rondas visitando a cada paciente, pero también detrás está, y en esta película se refleja perfectamente, lo que las personas sienten que necesitan cuando llega, lo que transmite, lo que no se ve, lo que no se puede medir con un cronómetro controlador de tareas, lo que da el saber estar y que tiene que ver con el conocimiento y el establecimiento de la relación terapéutica con los pacientes y sus familias.
Para cuidar es preciso conocer su historia, que tiene que ver con pensar en sus miedos, con dedicarle a cada paciente su tiempo, con la cercanía y la idea de establecer una relación. No es solo ser amable, sino que, para cada paciente, Floria, tiene algo diferente que dar que otros profesionales no pueden aportar, porque se trata de cuidar con mayúsculas, de transmitir presencia cuidadora.
Como dice el crítico de cine, Juan Orellana: “La película, con mucha inteligencia, muestra la profunda vocación de la protagonista que en medio de toda esa estresante circunstancia nunca pierde de vista su humanidad en el trato con los pacientes, en la respuesta diligente a los reclamos que continuamente le sobrevienen y en el ejercicio de una paciencia heroica”.
Y eso nosotras lo llamamos profesionalidad y especificidad de la práctica del cuidado enfermero.
Nuestro país cuenta con enfermeras graduadas, bien formadas en la universidad, dispone de enfermeras especialistas, que deberían de asumir nuevas competencias ante las necesidades reales de los ciudadanos y las de un sistema sanitario que pide a gritos generar un cambio donde las enfermeras son esenciales y pueden aportar su liderazgo.
Los cuidados profesionales que los ciudadanos de hoy y del futuro requieren son cuidados que respondan a la complejidad y que precisan de las competencias y del conocimiento específico enfermero. Por tanto, es algo que no puede ser asumido como algunos plantean ni por un entorno familiar inexistente y no capacitado para responder a esa complejidad, ni por la IA porque esta carece de piel, imprescindible para cuidar.
Al final de Turno de guardia aparecen antes de los créditos, otros datos de importancia sobre el sometimiento a la sobrecarga que tienen las enfermeras en todo el mundo, por esta falta de comprensión y de reconocimiento de su verdadero papel que sufren. Estos datos revelan que más de un tercio de las enfermeras abandonarán la profesión tras apenas cuatro años.
Un espectador al ver los créditos comentó: “No me extraña”.
Bibliografía
- https://www.eldebate.com/cine-tv-series/20260116/turno-guardia-elogio-realista-vocacion-enfermeria_374428.html
- https://x.com/laventana/status/2011492438234312840
Carmen Ferrer Arnedo, Enfermera. Miembro del Grupo 40+Iniciativa y presidenta de la Asociación Madrileña de Administración Sanitaria (AMAS).
crmnferrer@gmail.com





