Asumir la presidencia de ASPE ha sido, ante todo, un ejercicio de responsabilidad en un momento especialmente relevante para el presente y el futuro de la sanidad en España.

Han sido cuatro meses intensos, en los que he tenido la oportunidad de escuchar, compartir y representar a un sector que, más allá de debates interesados, forma parte esencial de la respuesta sanitaria que necesitan los ciudadanos.

En este tiempo he reafirmado una convicción profunda: la sanidad española solo será sostenible si es capaz de integrar todas sus capacidades. Frente a planteamientos que apuestan por modelos cerrados o por limitar la colaboración, es necesario defender con serenidad, pero con firmeza, que la cooperación entre lo público y lo privado no es una opción ideológica, sino una necesidad práctica orientada al paciente.

El contexto actual, marcado por debates como la Ley de Gestión Directa, las propuestas sobre ratios o la reforma del Estatuto Marco, exige madurez, generosidad y visión de futuro.

No podemos permitir que decisiones estructurales se aborden sin contar con quienes forman parte del día a día asistencial. Los profesionales sanitarios —en todos los ámbitos— merecen marcos estables, flexibles y reconocidos, que garanticen no solo la calidad de la atención, sino también su desarrollo profesional y personal.

Durante estos meses, uno de mis principales objetivos ha sido contribuir a proyectar una imagen real del sector sanitario privado: un sector comprometido con la calidad, con la innovación y, sobre todo, con las personas. Porque los pacientes, siempre, tienen que ser y estar en el centro de cualquier decisión.

También hemos puesto el foco en el futuro, acercándonos a los estudiantes y a los nuevos profesionales, porque sin talento no hay sistema que pueda sostenerse.

Cierro esta etapa con la satisfacción y el orgullo del deber cumplido y con la certeza de que ASPE seguirá desempeñando un papel clave como voz de la sanidad privada. Una voz con altura de miras, constructiva, rigurosa y comprometida con el conjunto del sistema sanitario de nuestro país.

Porque, en última instancia, de lo que hablamos (o deberíamos hablar) siempre es de lo mismo: de garantizar la mejor atención posible a los pacientes.