El cáncer se produce por un desarrollo anómalo de células que son capaces de reproducirse de manera ilimitada haciéndolo de manera desordenada. No se van reduciendo los telómeros como en las células normales y no se avejentan. Pero el cáncer prospera solamente cuando nuestro sistema inmunitario no es capaz de destruir esas células.

Las características genéticas de cada persona la hacen más o menos propensa a generar un cáncer. Y aspectos fisiológicos provocados por circunstancias ambientales pueden desencadenarlo. Entonces es cuando actúa nuestro sistema inmunológico luchando contra esas células extrañas. Células que a su vez se defienden camuflándose, de manera que no sean interpretadas por el sistema inmunológico como extrañas, como enemigas.

La curación del cáncer se logra en primer lugar cuando la detección es precoz, es decir, mientras las células cancerosas están reunidas en un solo tumor y este es susceptible de una cirugía con resultado de bordes limpios. Si no es así o si se supone riesgo de una dispersión de esas células, es necesario complementar esta cirugía con quimioterapia y otros tratamientos.

El problema surge, pues, cuando se produce la metástasis posteriormente a la cirugía. Normalmente las posibles células que hubieran ido al torrente sanguíneo son destruidas por el sistema inmunitario. Pero a veces esas células quedan durmientes y emboscadas sin metastatizarse, sin anidar y sin ser detectadas por el sistema inmunitario. Por ello resulta muy importante poder detectar células durmientes, antes de que se metastasen, y destruirlas.

El quid de la cuestión es saber por qué se desencadena un cáncer y cómo evitarlo. El problema radica en saber cuándo el sistema inmunitario no es capaz de destruir a las células cancerosas y cómo podemos ayudarle a destruirlas.

En general las vacunas que hemos conocido hasta la fecha son preventivas, ya que tratan de impedir que se presente una infección o que se desarrollen enfermedades como consecuencia de la infección. Además, están dirigidas a combatir agentes patógenos externos, bien sean esto virus, bacterias u otros.

Hay vacunas, como la del Papiloma Humano, que no va dirigida directamente contra el cáncer pero que evita una inflamación de la zona que acaba modificando las células y provocando el cáncer. En general los procesos inflamatorios puedes ser desencadenantes de una alteración celular y el desarrollo de un cáncer.

‘La inmunoterapia consiste en tratamientos que restauran o intensifican la capacidad del sistema inmunitario para combatir el cáncer’

Las vacunas preventivas están basadas en antígenos que llevan las sustancias infecciosas y que son relativamente fáciles de reconocer como foráneas por el sistema inmunitario. En el caso de los virus, estos antígenos son proteínas que ayudan a formar la superficie externa de los virus. Ya que solo se usa una parte de los microbios, las vacunas resultantes no son infecciosas y, por lo tanto, no pueden causar enfermedades.

Las vacunas preventivas del cáncer se dirigen a dianas que causan o contribuyen a que se desarrolle el cáncer. Son semejantes a las vacunas tradicionales, al proteger al cuerpo contra la infección.

La mayoría de las vacunas de prevención, incluso las que se dirigen a virus que causan cáncer (virus de la hepatitis B y virus del papiloma humano), estimulan la producción de anticuerpos que se unen a microbios específicos en el blanco y bloquean su habilidad para causar infecciones.

Se están creando también versiones sintéticas de antígenos en el laboratorio para usarse en vacunas preventivas para cáncer. Para hacer esto, se modifica con frecuencia la estructura química de los antígenos para estimular respuestas inmunitarias que son más fuertes que las causadas por los antígenos originales.

También el sistema inmunitario puede proteger al cuerpo contra peligros que presentan ciertas células dañadas, enfermas o anómalas, incluso células cancerosas.

La inmunoterapia consiste en tratamientos que restauran o intensifican la capacidad del sistema inmunitario para combatir el cáncer. En apenas pocos años, el rápido avance de la disciplina de inmunología del cáncer ha producido varios métodos nuevos para tratar el cáncer que aumentan la potencia de las respuestas inmunitarias contra los tumores. Estas terapias estimulan las actividades de componentes específicos del sistema inmunitario o contrarrestan las señales producidas por las células cancerosas que suprimen las respuestas inmunitarias.

Las vacunas contra el cáncer pertenecen a una clase de sustancias que se conocen como modificadoras de respuesta biológica. Los modificadores de respuesta biológica trabajan al estimular o restaurar la habilidad del sistema inmunitario para combatir infecciones y enfermedades.

Generalmente, estas vacunas se producen a partir de las células tumorales del propio paciente o de sustancias que se extraen de las células del tumor. Están diseñadas con el fin de tratar cánceres ya existentes al reforzar la respuesta inmunitaria natural del cuerpo contra el cáncer. Las vacunas de tratamiento son una forma de inmunoterapia.

Las vacunas de tratamiento de cáncer se crean usando antígenos asociados con cáncer o versiones modificadas de ellos. También se formulan mediante el uso de células cancerosas debilitadas o muertas que llevan antígenos específicos asociados con cáncer o células inmunitarias modificadas para presentar tal antígeno.

Algunas vacunas para el cáncer en su estadio tardío de formulación usan virus, levaduras o bacterias como vehículos (vectores) para depositar un antígeno o más en el cuerpo. Estos mismos vectores son inmunogénicos naturalmente (es decir, pueden estimular una respuesta inmunitaria) pero están modificados para que no puedan causar enfermedades.

Otros tipos de vacunas de tratamiento de cáncer que están siendo formuladas son las hechas con moléculas de ADN o de ARN que contienen instrucciones genéticas para antígenos asociados con cáncer.

Ahora se usan varios antígenos diferentes asociados con cáncer para hacer vacunas experimentales de tratamiento de cáncer. Algunos de estos antígenos se encuentran sobre la mayoría de los tipos de células cancerosas o dentro de ellas. Otros son únicos a tipos específicos de cáncer.

Además, sustancias conocidas como adyuvantes se añaden con frecuencia a las vacunas para reforzar su habilidad de inducir fuertes respuestas inmunitarias contra el cáncer.

Las vacunas terapéuticas serán en el futuro las mejores armas contra las enfermedades infecciosas y relacionadas con el sistema inmunitario.

El uso de las vacunas terapéuticas es uno de los puntales de la Inmunoterapia, junto con moduladores que regulan la respuesta inmunitaria que bloquean la actividad de ciertas proteínas que limitan la potencia de las respuestas inmunitarias, o también la terapia de células inmunitarias o transferencia celular adoptiva.
Todo un reto de futuro que comienza a ser presente…

Ignacio Para Rodríguez-Santana