El coste de comunicar mal: el factor de riesgo que no estamos midiendo
Durante años, las organizaciones han entendido la comunicación como un ejercicio fundamentalmente informativo. Se construyen mensajes técnicamente correctos, se diseñan campañas bien estructuradas y se comparten contenidos a través de múltiples canales con la expectativa de que esa información, por sí sola, sea capaz de alinear, movilizar y generar impacto. Sin embargo, esta concepción, aunque extendida, resulta claramente insuficiente cuando se analiza desde una perspectiva de salud organizacional. El error -quizás -de base reside en asumir que las personas responden de forma directa a lo que se comunica, como si la transmisión de información fuera un proceso lineal y neutro. La realidad es muy distinta. Las personas no reaccionan







