A continuación, reproducimos algunos puntos del Estudio Ojo al Dato “Visibilidad de una realidad oculta a través del DATO: mujer, discapacidad y violencia”. Este estudio se enmarcó en el proyecto ‘Mujeres en Modo ON-VG’, que Inserta Empleo, con la cofinanciación del Fondo Social Europeo, y se puso en marcha con el propósito de acompañar y empoderar a las mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género a través de la formación y el empleo.

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Introducción

El presente estudio es fruto de la apuesta de Inserta Empleo, entidad de Fundación ONCE para la formación y el empleo, de visibilizar la realidad, necesidades y características del colectivo de mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género.

El estudio se enmarca en el proyecto ‘Mujeres en Modo ON VG’, (cofinanciado por el Fondo Social Europeo) que Inserta Empleo puso en marcha en 2020 con el propósito de acompañar y empoderar a las mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género a través del empleo y el emprendimiento.

Desde el inicio del servicio, más de 1.600 mujeres han participado en el proyecto.

La amplia y representativa base de datos disponible contribuye a  visibilizar las necesidades y características del colectivo y se constituye como el principal referente sobre violencia de género y discapacidad, dado que no existen hasta el momento estadísticas ni estudios de tal alcance.

Conclusiones

La totalidad de mujeres participantes señalan el proyecto Mujeres en Modo ON VG como el principal recurso que han obtenido en lo que a víctimas de violencia de género respecta. Un proyecto cuyo equipo de profesionales compass se han convertido en su referente, su apoyo y fuerza.

En porcentajes próximos al 76%, las mujeres coinciden en los siguientes aspectos:

Conocen el ciclo de la violencia de género.

Saben identificar señales de violencia de género.

Han salido del ciclo de la violencia.

El maltratador no tiene acceso a ellas por ningún canal.

Se identifican los siguientes aspectos favorables:

El 97,1% no conviven con el maltratador.

El 64,9% no mantienen contacto con el maltratador.

El 69,8% se encuentran fuera de peligro en el momento actual.

El 75% tienen establecidas medidas de protección.

Tipos de violencia más frecuentes:

91,6% psicología emocional.

71,9% psicología del control.

72,1% física.

Relación entre discapacidad y violencia de género:

El 57,6% indica que la discapacidad es previa a la violencia de género sufrida.

El 60% señala que su salud ha empeorado como consecuencia de la violencia.

El 27,6% afirma que su discapacidad es consecuencia de la violencia vivida.

Denuncia:

34,5% no ha denunciado y el 4,3% retiró la denuncia por miedo a represalias o por no ser consciente de ser víctima de violencia de género.

Condiciones de vida:

El 49,8% vive con sus hijos/as y un 18,8% viven solas.

El 88,1% señala tener cubiertas sus necesidades básicas: vivienda, alimentación…

El 57,8% recibe algún tipo de prestación económica.

El 81,9% cuenta con apoyos para dedicarse a la búsqueda de empleo.

La violencia de género tiene mayor presencia en las mujeres con discapacidad. La participación en el proyecto Mujeres en modo ON VG favorece la salida del ciclo de la violencia, así como dar el paso para denunciar.

En más de la mitad de los casos, la discapacidad es previa a la violencia.

El tipo de violencia juega un papel importante para dar credibilidad a la víctima. El hecho de que la violencia psicológica no deje marcas visibles reduce las posibilidades de que la mujer denuncie, dado que considera que no la creerán.

Las mujeres que han participado en el estudio coinciden en señalar a su maltratador como una persona con dos caras, una intachable delante de los demás y otra violenta y agresiva en la intimidad. Igualmente están de acuerdo en la relevancia de adicciones por parte del maltratador.

El entorno social de la víctima no suele ser un apoyo efectivo para el colectivo estudiado.

En primer lugar, la propia víctima es aislada por
el maltratador de su entorno más cercano y en segundo lugar, el entorno no comprende su actitud, dependencia y/o apego emocional con el agresor.

Elevado nivel de insatisfacción con los apoyos prestados desde las instituciones definidos como insuficientes para personas con discapacidad.

Por el contrario, Inserta Empleo es identificada como un espacio de apoyo y comprensión, donde se sienten seguras.

El empleo contribuye a una autovaloración más positiva de ellas mismas. Si bien, consideran que es preciso sensibilizar al tejido empresarial sobre sus circunstancias.

Recomendaciones

El colectivo estudiado es un segmento poblacional invisible. Por ello es preciso trabajar en líneas orientadas a darles voz, a que se conozca su situación y su problemática específica en todos los ámbitos.

Las actuales campañas de sensibilización, resultan útiles, pero deben adaptarse a la idiosincrasia de la discapacidad.

Normalmente, el contacto inicial con la violencia tiene lugar en el hogar de origen, por ello es fundamental una detección precoz de dichas situaciones. Desde los entornos educativos es preciso trabajar en la identificación de posibles entornos de violencia machista.

En el ámbito educativo es necesario informar a las mujeres jóvenes sobre la violencia de género, sus ciclos y sus fases, así como los recursos existentes y los comportamientos asociados al maltratador.

Desde las instituciones resultan apremiantes medidas de accesibilidad universal que ayuden a las mujeres con discapacidad a salir de la situación de violencia. Igualmente, es necesario formar a profesionales expertos en violencia de género y discapacidad e incorporarlos a dichas instituciones.

Respecto al tejido empresarial, también requiere de información específica sobre lo que implica la violencia de género en general y en las mujeres con discapacidad en particular, con el objetivo de adaptar procesos y garantizar un entorno de trabajo sano y seguro.

La disponibilidad y accesibilidad de recursos y tratamientos psicológicos mantenidos en el tiempo y realizando un seguimiento específico con cada mujer son fundamentales, a fin de que se sientan acompañadas y puedan gestionar el trauma. El acceso a los mismos resulta complicado, bien por las limitaciones en el sector público, bien por el coste que suponen en el sector privado. Es por ello que se sugiere la puesta en marcha de recursos terapéuticos, accesibles y asequibles.

Se ha evidenciado el poder terapéutico que se genera en grupos de mujeres víctimas de violencia de género. Un contexto seguro en el que empatizan con mujeres que están sufriendo o han sufrido situaciones similares. A su vez, supone una forma de socializar y establecer nuevas relaciones, dado que el sentimiento de soledad es algo muy presente en el colectivo.

Se identifica una situación de precariedad general que se constituye como un factor de mayor vulnerabilidad, lo que sugiere la necesidad de un mayor volumen y diversidad de recursos y ayudas dirigidas específicamente a este colectivo.

También es necesario trabajar en el marco legal actual, donde las mujeres con discapacidad víctimas de violencia de género no siempre tienen cabida. Es preciso desarrollar una legislación inclusiva, que considere de forma explícita la discapacidad como una variable de interseccionalidad en la violencia de género.

En referencia concreta al proyecto Mujeres en modo ON VG, se propone las siguientes acciones:

Mayor posibilidad de acceso a apoyo psicológico individualizado.

Grupos de apoyo mutuo para poder compartir con otras mujeres en la misma situación.

Mayor sensibilización del tejido empresarial y más puestos de trabajo disponibles, especialmente puestos que permitan conciliar la vida laboral con la crianza de sus hijos.