La pandemia de COVID-19 ha desafiado repentinamente a muchos sistemas de salud. Para responder a la crisis, estos sistemas han tenido que reorganizarse instantáneamente, con poco tiempo para reflexionar sobre los roles a asignar a sus expertos en seguridad del paciente y mejora de la calidad. En muchos casos, se llamó al personal que tenía experiencia en atención clínica para apoyar las unidades y los cuidados intensivos. A otros se les consideró «no esenciales» y se les envió a realizar teletrabajo desde sus casas, mientras que sus programas se pusieron en modo de hibernación. Esto ha significado que muchos expertos en calidad y seguridad del paciente con habilidades para ofrecer en su campo hayan terminado realizando tareas ajenas a la crisis actual.

Cuando se produce una situación extrema como la vivida con el COVID-19, los profesionales de la salud son los que se encuentran en la “primera línea de trabajo”, atendiendo a los pacientes infectados, pero cuando la situación se convierte en una pandemia mundial, entran a estar en primera línea muchas más personas como pueden ser policías, militares, transportistas…

Creo que el conjunto de habilidades del personal que se dedica a la mejora continua de la calidad y la seguridad del paciente es esencial para la implementación exitosa de los cambios necesarios para lograr los resultados deseados. La comprensión de la teoría de sistemas y la complejidad de los sistemas de salud, los factores humanos y las teorías de confiabilidad y las metodologías de cambio es clave para el éxito de cualquier programa de transformación.

Existen distintas estrategias a través de las cuales se puede contribuir significativamente en la mejora de la calidad y seguridad el paciente durante la pandemia, ayudando significativamente a los pacientes, a todo el personal y a las distintas organizaciones hospitalarias.

Debemos nutrir de información a nuestro sistema sanitario

Al comienzo de una pandemia, se sabe muy poco sobre la enfermedad, su origen, tratamiento, impacto y evolución.

Por ello existen redes internacionales en las que se comparten todos los hallazgos de la enfermedad, así como el desarrollo de distintas guías o listas de verificación de la evaluación de la preparación como las que ofrece la Organización Mundial de la Salud (OMS), esto permite identificar rápidamente opciones de mejora y posibles soluciones.

Con esta información debemos realizar la capacitación de nuestros profesionales, a través de procedimientos, instrucciones o simulaciones en distintos procesos como puede ser “Cómo ponerse y quitarse los medios de protección”.

Con esta información es esencial potenciar el liderazgo, en todos los niveles.

Y en la medida de lo posible crear un grupo de emergencia multidisciplinar en las distintas organizaciones con estos líderes y además incluyendo a los expertos en calidad y seguridad del paciente.

De este modo realizarán un aprendizaje continuo a través de circuitos de retroalimentación, promoviendo la deferencia hacia la experiencia y el liderazgo distribuido.

Crearán canales de comunicación frecuentes y abiertos sobre la situación actual, monitorizando en todo momento la situación de la pandemia y su impacto.

Incluyendo no solo los efectos de la pandemia sobre los pacientes con COVID-19 sino también sobre el efecto en la atención de pacientes con afecciones distintas a la enfermedad pandémica.

  • Este grupo de emergencia creado en la organización debe:
  • Promover la seguridad, el bienestar y la seguridad psicológica del personal
  • Deben tener en cuenta las necesidades de seguridad física y psicológica de su personal, y la necesidad de información. No solo a personal asistencial sino también a personal no clínico.

Se debe establecer un canal, con la confidencialidad adecuada, para que el personal exprese sus miedos y preocupaciones ante la situación que les ha tocado vivir.

Los mandos o líderes de cada unidad deben promover las expresiones frecuentes de gratitud ante el trabajo realizado por su personal. Y además saber identificar, prevenir y mitigar la fatiga, la falta de sueño y el agotamiento.

Creando programas de apoyo, después de errores, eventos adversos y dilemas éticos; con técnicas de manejo y afrontamiento del estrés, apoyo psicológico, etcétera. Y manteniendo una vía de comunicación continua con los miembros del equipo que pudiesen enfermar.

Apoyar el empoderamiento y el compromiso del paciente y su familia

Para buscar soluciones de autogestión y prevención, es necesario trabajar con los pacientes y familiares, de manera continua y transparente.
Esto facilitará la coproducción de soluciones para la prevención, el aislamiento, el tratamiento y recuperación.

Además, debemos de ayudar a identificar, desarrollar y difundir herramientas para la autogestión de pacientes con enfermedades crónicas que por motivos de la pandemia no pueden acudir a las consultas de seguimiento.

En este punto tienen una labor fundamental las asociaciones de pacientes de las distintas enfermedades, que pueden ayudar en entrenar y asesorar al resto de pacientes que están cursando la misma enfermedad.

Además, cuentan con apoyo psicológico para ayudar a sobrellevar las situaciones más delicadas.

Evaluar la equidad en la atención y seguridad del paciente

Por parte de la organización es un principio fundamental que se evalué la equidad en la atención y seguridad el paciente.

Asegurar que la toma de decisiones sea equitativa en términos de clase, estatus económico y género entre otros.

Mejorar la atención clínica

Las organizaciones hospitalarias han tenido o deberían de diseñar nuevos flujos de pacientes.

Salas de acogida y consulta, boxes de urgencia, UCI y quirófanos dedicados exclusivamente a pacientes COVID.

Rediseñar un modelo de atención con un primer filtro administrativo que permita discriminar si el motivo de consulta puede ser resuelto telemáticamente o necesita atención presencial, y si es demorable o no.

La situación actual pone de manifiesto la necesidad de cambio de las dinámicas de asistencia por parte de todos los profesionales y, en este sentido, el considerable peso que la consulta telefónica tiene.

Por ello es necesario la desburocratización de la atención sanitaria en favor de los sistemas telemáticos.

Reducir el daño

Todas estas pinceladas anteriormente mencionadas son para ayudar a reducir el riesgo.

Es necesario que el grupo de emergencia coordine la identificación, el análisis y la gestión del riesgo.

Que se genere una lluvia de ideas colaborativas sobre los riesgos y posibles errores, seguida de posibles soluciones que reduzcan o mitiguen el riesgo.
Tienen que estar en un continuo análisis de vulnerabilidades en servicios existentes o en servicios de nueva creación.

Difundir y capacitar al personal es la clave para minimizar los riesgos asociados a la calidad y seguridad del paciente provocados por la pandemia.
Fortaleciendo, impulsando y ampliando el sistema de aprendizaje. Promoviendo la cultura de seguridad y resiliencia.

Esto contribuye a la resolución de problemas y la generación de soluciones.

Es necesario identificar las necesidades planteadas por la pandemia, con mapas de procesos, diseño y rediseño de cada proceso que interviene en la atención sanitaria.

Y todo esto con el contratiempo de una implementación rápida y veloz.

Conclusión

Los servicios de salud de todo el mundo están inmersos en un proceso masivo y rápido de cambio organizativo, al que los expertos en calidad y seguridad del paciente pueden aportar una considerable experiencia y conocimientos.

Pueden ayudar a evaluar y desarrollar la preparación, recopilar evidencia y experiencia, asesorar y apoyar a los mandos y líderes de cada unidad.

Debemos recordar a todo el mundo que no hay seguridad del paciente si no hay seguridad del personal, por ello es fundamental el proceso de aprendizaje continuo por parte de toda la ciudadanía, sanitarios y no sanitarios.

Todas estas actividades ayudarán a que la calidad y seguridad de los pacientes y personal emerja en medio de la turbulencia.

Rita Rodríguez Fernández