El sistema de Atención Primaria, tan oportuno cuando se creó, lleva ya años haciendo crisis. Crisis que se ha manifestado con mayor rotundidad durante esta pandemia del coronavirus.

Hace ya 14 años que, bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero, se impulsó su reforma en el llamado Proyecto AP21 del que todo el mundo se hizo eco y hoy está olvidado. Podríamos decir hoy, sin temor a equivocarnos, que los problemas planteados en ese proyecto siguen sin resolverse y la Atención Primaria continúa con los mismos problemas de entonces, si cabe aún, más agravados y con necesidades de solución más urgente.

La Atención Primaria ha sido la “puerta de entrada” al sistema de los pacientes que acuden, ejerciendo las funciones de discriminación de la demanda y filtrando la misma al acceso a la Atención Especializada. Con una actitud reactiva como el conjunto de la atención sanitaria, es decir, reaccionando a las solicitudes de atención, y no proactiva, promoviendo la salud de los ciudadanos y vigilando los riegos y las enfermedades de su población protegida.

La Atención Primaria sigue siendo básicamente primaria, de menor rango, es decir, para resolver problemas menores, con inestabilidad, temporalidad y variabilidad de los médicos y, aunque se habla en todos los sitios de una asistencia integrada entre los niveles asistenciales, esto sigue estando en la práctica lejos de ser una realidad. Y ahora sufriendo de otro problema acuciante: la escasez de médicos y la realidad de esta pandemia provocada por el coronavirus SARS-Cov-2 que colapsa y desajusta el normal funcionamiento de la atención sanitaria.

La Atención Primaria sigue siendo básicamente primaria, de menor rango, es decir, para resolver problemas menores, con inestabilidad, temporalidad y variabilidad de los médicos

Cuando hablamos de que la AP sea el eje del sistema sanitario, parece razonable que la prestación asistencial se organice en función de los procesos de atención sanitaria integral, desde la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, hasta su tratamiento, curación y alivio o mitigación, integrando los recursos de Primaria y Especializada y dotando a la mal llamada Asistencia Primaria de una capacidad resolutiva y de un soporte tecnológico conforme a su nuevo rol de coordinador general de la salud de sus ciudadanos. Es desde la AP desde donde mejor se pueden implementar las políticas de salud pública.

Esta coordinación de salud debe hacerse no solo con los hospitales llamados “de agudos”, sino con todo el resto de dispositivos y servicios, hospitales, emergencias, convalecencia, salud mental, dependencia, etcétera. Creo que deberíamos cambiarle de nombre; debería cambiársele de nombre ya que la palabra “primaria” (como de menor rango) no se correspondería con ese rol.

Es necesario que los médicos de familia y atención comunitaria, pasen a ser los que cuidan de la salud integral de los pacientes a él asignados, realizando una gestión de base poblacional de promoción de la salud y prevención de las enfermedades persiguiendo el diagnóstico precoz (de manera que sus médicos sean los gestores de los riesgos de salud de la población que tengan asignada) así como su participación activa en todos los episodios por los que pasen sus pacientes en cuanto “médico de cabecera”. Teniéndolos en “radar”, como decía Rafael Bengoa cuando nos contaba la experiencia de Kaiser Permanente.

Obviamente, para que todo esto funcione, necesitamos una buena gestión de los centros definiendo los protocolos de actuación y objetivos de salud, mejorando la formación de los profesionales, garantizando la estabilidad en el empleo, proporcionando incentivos según los resultados y salarios dignos y adecuados similares a los de cualquier otro especialista, sin olvidar el necesario reconocimiento social y del resto de los profesionales. Es necesaria una completa transformación.

Recientemente, el presidente de SEMERGEN, José Polo, manifestaba en un acto de la Fundación Bamberg: «Desde hace años la Atención Primaria es la hermana pobre, y cada vez ha habido menos inversión, no solo en recursos humanos y reposición de plantillas, sino también en infraestructuras, en logística, o en intentar homogeneizar y acercar las pruebas diagnósticas. En general en intentar aumentar la capacidad de resolución del médico de familia. Es necesario, primero, que haya dotaciones presupuestarias suficientes en recursos humanos y también materiales, para que el paciente pueda tener acceso a pruebas diagnósticas». En otro momento también manifestó; «la situación de la Atención Primaria en España es preocupante. Está muy saturada y se puede afirmar que las costuras que mantenían este sistema se están abriendo».

No queremos que la Asistencia Primaria sea un barco que se hunde. Todo lo contrario, queremos que cambie de nombre y sea el barco que coordine la flota.

 

Ignacio Para Rodríguez-Santana