Prevenir los contagios y confinar selectivamente a la población de alto riesgo en lugares apropiados y gestionar la pandemia con test y cuarentenas, son medidas que pueden ayudar a combatir la pandemia. Pero solo la inmunización de la población, ya sea natural o mediante vacunas, servirá para que la inmunidad de grupo alcance un nivel suficiente como para acabar con esta pandemia. Y por supuesto, medicamentos eficaces que eviten el curso grave de la enfermedad COVID-19.

De cara a este virus, y los que vendrán, necesitamos un arsenal defensivo y terapéutico frente al mismo. Necesitamos no solo vacunas que nos protejan sino también medicamentos que nos defiendan y nos curen impidiendo el agravamiento de la infección, especialmente a las personas de riesgo. Esto, sin menoscabo de la adopción de medidas nutricionales, físicas y mentales, que fortalezcan nuestras defensas y nos defiendan de los ataques de este y otros virus. En este sentido, complementos minerales y vitamínicos como el zinc, las vitaminas C y D y medicamentos como la cistina, pueden ser determinantes para nuestra protección contra el virus. La prevención siempre es lo más deseable para evitar la enfermedad o combatirla eficazmente.

De lo que no cabe duda es que esta crisis ha propiciado de manera muy significativa el avance de la investigación contra los virus de cualquier naturaleza y, especialmente, contra los coronavirus, de la que se beneficiará también el desarrollo de la inmunoterapia y de la reparación genética.

Este esfuerzo realizado por los centros de investigación supone un avance en el conocimiento de la microbiología, de la medicina molecular, con las posibilidades que nos ofrece la bioinformática, para el desarrollo de la nueva medicina, personalizada y de precisión, basada en el conocimiento de la génesis de las enfermedades y de su tratamiento. Lo que hemos venido a llamar, “La nueva medicina”. Una medicina cuyo patrón principal será la curación al contrario de la antigua medicina de carácter predominantemente paliativo. Una medicina que atiende a la raíz microbiológica de la enfermedad y no solo a sus consecuencias; a lo que la genera y no solo a los órganos que afecta.

Las investigaciones actuales, muchas con avances notables, cubren desde la búsqueda de nuevos antivíricos o la adaptación de los existentes, para combatir la penetración del virus o su multiplicación en la célula humana del SARS-CoV-2, hasta el desarrollo de vacunas protectoras.

Necesitamos no solo vacunas que nos protejan sino también medicamentos que nos defiendan y nos curen impidiendo el agravamiento de la infección

Para lograr estas últimas, las estrategias van desde el empleo de virus inactivado o atenuado, hasta la utilización ácidos nucleicos (RNA o DNA) que propicien la síntesis de proteínas víricas en el organismo y la inducción una respuesta inmunitaria, en este momento ya hay disponibles y aprobadas las vacunas de ARN mensajero de Pfizer y Moderna, de vector vírico la Oxford-AstraZeneca y la Sputnik rusa y la de proteínas S de Novavax, a la que seguirá la de Sanofi-GSK, además de las chinas y otras muchas en fases de ensayos clínicos. Todas con tres tipos de tecnologías: ARN mensajero, Vector vírico con ARN y proteínas S, más alguna en curso con virus inactivado.

Y todo ello, sin olvidar que también se ensayan anticuerpos monoclonales que confieran inmunidad pasiva o terapias celulares para combatir la intensa respuesta inflamatoria que caracteriza al cuadro clínico de la COVID-19 en muchos enfermos, como es el caso del ensayo dirigido por el profesor Damián García Olmo, catedrático de Cirugía, para combatir la respuesta inflamatoria de la COVID-19 con células madre mesenquimales.

El uso de calficediol en pacientes COVID-19, según expuso recientemente el profesor José Manuel Quesada, investigador del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), ha conseguido reducir casi a cero las muertes de los ingresados en las UCI.

También medicamentos como el Aplidin (plitidepsina) de Pharmamar o el medicamento con anticuerpos Bamlanivimab de Lilly y tratamientos con medicamentos existentes que han demostrado una gran eficacia podrán servirnos para hacer frente al agravamiento de la enfermedad y eliminar su mortalidad.

España supera el centenar de investigaciones en marcha, alguna muy efectiva y adelantada como la liderada por Mariano Esteban en el CSIC, en busca de un tratamiento que pueda ser eficaz contra el coronavirus; esta cifra consolida a España como el primer país de Europa y cuarto del mundo en número de investigaciones aprobadas.

Pero no basta con conocer el avance sobre los proyectos de vacunas y su disponibilidad. Sería muy importante que un organismo, público o privado, diera a conocer en tiempo real, las investigaciones en marcha y los resultados obtenidos de todas estas terapias, tanto en las pruebas realizadas en los hospitales como en los ensayos clínicos realizados.

Es increíble el desconocimiento que existe de lo que están haciendo unos sobre lo que hacen otros en España (y no digamos ya en el resto de Europa o del mundo), y es necesario que se dé a conocer con el fin de mejorar sustancialmente el tratamiento de los enfermos y los resultados en salud. Por ello, es necesaria la creación de una Agencia Independiente, como vienen reclamando eminentes investigadores, infectólogos, virólogos y expertos en salud pública y epidemiología, que trabaje para la mejora de la información y la coordinación entre investigadores, instituciones y clínicos del conjunto de España, con información de lo que ocurre en el resto de Europa y del Mundo y en coordinación con las administraciones estatales y autonómicas en estas materias, sin olvidar las de alertas biológicas y seguridad nacional. Esta crisis puede volver a repetirse. Seguro.

 

Ignacio Para Rodríguez-Santana