Nos llamó por teléfono. No encontraba el cuerpo de su marido. Había fallecido en nuestra UCI dos días antes, y con la pandemia lo habían trasladado al Palacio de Hielo, improvisado mortuorio. Y desde allí, lo sacaron a otra Comunidad Autónoma para la incineración, porque en Madrid no daban abasto a quemar los cuerpos, las víctimas del coronavirus.

¿Cómo puede una persona soportar ese dolor? Esa huella quedará en su alma para siempre.

Este es uno de los 1000 ejemplos surrealistas que hemos vivido los sanitarios en solo 3 meses y que lo están cambiando todo.

Antes de llegar a esta situación, llevábamos 6 años haciendo visible lo invisible, tratando de evolucionar y dando grandes pasos en la transformación del sistema sanitario.

Empezamos con las UCI, donde la tecnología había relegado a un segundo plano a las personas. Buscábamos recuperar la dignidad de los pacientes, las familias y los profesionales.

El SARS-COV-2 ha sido el mayor acelerador de la humanización, y lo ha hecho de la manera más dolorosa: tirando por tierra todo nuestro trabajo de una.

Horarios de visita flexible y participación de las familias: la gestión del miedo hizo que en casi todos los hospitales se prohibieran. Solo algunos resistimos esto como pudimos.

Comunicación: ¿saben lo difícil que es que alguien te identifique con un EPI? ¿O hablar a través de una mascarilla claustrofóbica y vestido de astronauta?

Bienestar del paciente: cómo va a estar alguien bien si está aislado, sin visitas, sin conexión con el exterior, sin poder entretenerse con músicoterapia, conexión wifi o la visita de su mascota.

Prevención del síndrome post UCI: este bicho destroza los cuerpos con estancias prolongadas, delirio que jamás habíamos visto y secuelas físicas, cognitivas, neuropsicológicas y emocionales. El sistema no está preparado para asumir la pandemia emocional que vendrá.

Arquitectura humanizada: tuvimos que construir espacios inverosímiles para atender un incremento del 300% en el número de pacientes. Hicimos milagros, pero desde luego no nos pudimos centrar en la intimidad y el mejor bienestar de las personas.

No imaginan la cantidad de muertes en soledad, lo peor de esta pandemia. Los muertos siguen estando, pero no hubo despedidas. En España necesitamos esos rituales, forman parte de nuestra esencia. Esto nos dejará muy tocados.

Y en cuanto al cuidado del personal sanitario… déjenme que les cuente algo. Nos dejamos la piel y la vida por la sociedad, y en ocasiones no nos hemos sentido cuidados. Nos mandaron a la guerra sin escudos, expuestos y trabajando sin protección. Ya pasamos la cifra de los 50.000 profesionales infectados, un dudoso honor que tiene que hacernos reflexionar.

Un día, extenuado por la carga laboral, el estrés por la falta de camas y la cantidad brutal de pacientes que llegaban, me senté abatido en la salita donde tomamos café mientras las enfermeras cambiaban de turno. Absorto en el ruido de unos y otros cambiando información sobre los pacientes, mientras no podía parar de toser respirando el aire impregnado de carga viral, solo podía repetirme en mi cabeza: no hay solución. Nos han abandonado. Vamos a morir todos.

Al salir de aquella guardia me diagnosticaron como COVID+. Mi familia se alegró, paradójicamente era la única manera de descansar tras un mes infame de auténtica locura. Ellos no sabían lo que hace este bicho a los pulmones. Así que, resignado y atemorizado, me fui a casa a aislarme durante al menos 15 días. Sin ningún contacto físico.

Y tuve mucha fortuna. Sobreviví. No seré un número en la lista de fallecidos o en las millones de secuelas físicas y psicológicas que quedarán en la memoria colectiva. Ya nada volverá a ser como antes.

Pero también quedarán las millones personas y las familias que sí sobrevivieron, como Julio y su familia. Tras 57 días de UCI casi 80 en el Hospital, ayer tomamos juntos una cerveza con Yolanda y cinco hijos en su terraza.

Hoy todo lo que era invisible para la mayoría, de golpe se ha hecho visible para todos. La sociedad está aprendiendo cuán importante es volver a lo humano e invertir recursos en un modelo a largo plazo que debe ser una prioridad absoluta. Porque la salud es de interés general y no atiende a razones políticas.

Ahora que nuestro trabajo fue arrasado por la pandemia, no podemos más que darle las gracias: el coronavirus transformará definitivamente la realidad hacia la dignidad de las personas. Este bicho invisible ha conseguido poner en jaque al sistema de salud español, aparentemente modélico de forma casi instantánea, y enfocarnos hacia la necesidad de poner a las personas en el centro. Humanizar la Sanidad es AHORA O NUNCA.

Volverán los abrazos pendientes, volverán los besos también. Volverá la H que tanto añoramos, y ya nadie podrá mirar a otro lado. Porque nos ha quedado claro que es una cuestión de historias de vida y de historias de muerte.

Gabriel Heras La Calle