Desenterrado el “bisturí” de guerra
La antropóloga Margaret Mead, cuando se le preguntó por el primer signo de civilización en la historia humana, no respondió con una herramienta, ni con un arma, ni con un rito funerario. Respondió con un fémur curado. Un hueso fracturado que alguien se tomó el tiempo de inmovilizar, de proteger, de cuidar hasta que sanara. Un acto que implica que alguien se quedó junto a otro para que no muriera. Que alguien antepuso la vida ajena a su propia comodidad. Que alguien, en un gesto que detenía la historia, decidió que la vida del otro valía la pena ser salvada. Ese primer médico sin título, sin hospital y sin








