La sala de quimioterapia
Hay un momento exacto, un instante que no figura en ningún informe oncológico, en el que el mundo deja de ser vasto y ancho para reducirse a la geografía de un tubo de plástico transparente. Te sientas. El sillón es de un vinilo que intenta ser acogedor, pero que conoce de memoria la forma de la resignación. Y entonces empieza. El engranaje. El rito silencioso de la alquimia moderna. Miras la bolsa colgada en el gotero, ese líquido translúcido, a veces rojizo, a veces incoloro, que baja con la lentitud de un reloj de arena que mide algo más denso que el tiempo. Dicen que es medicina. Tú sabes









